CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Sondra Radvanovsky impacta en una 'Medea' sin mito griego
Nápoles
Teatro San Carlo
Cherubini: MEDEA
Nueva producción
Sondra Radvanovsky, Francesco Demuro, Désirée Giove, Giorgi Manoshvili, Anita Rachvelishvili, Maria Knihnytska, Anastasiia Sagaidak, Giacomo Marcaldo. Dirección musical: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Mario Martone. 13 de diciembre de 2025.
Parece imposible que Medea de Cherubini, ópera que inaugura la temporada del Teatro San Carlo, sea un estreno en Nápoles. Las razones pueden buscarse en el hecho de que, tras su debut como opéra-comique el 13 de marzo de 1797, cayó en el olvido. Volvió a la escena en Frankfurt en 1855, transformada por Franz Lachner, quien sustituyó los diálogos franceses de François-Benoît Hoffmann poniendo música al texto alemán de nuevos recitativos; llegó por fin a Italia en 1909, al Teatro alla Scala, con libreto italiano de Carlo Zangarini, traducido y adaptado de la versión alemana. Aun así, Medea no alcanzó la fama que tiene hoy hasta que Maria Callas la hiciera propia en Florencia en 1953, con una interpretación inigualable. En Nápoles se ha ofrecido esta versión, históricamente metabolizada; el original en francés es otra cosa y plantea la dificultad —inclusive en tierras francófonas— de los diálogos, con intérpretes que, con suerte, son buenos cantantes y no actores. Hubo un intento reciente en La Scala, con resultado decepcionante.
En el San Carlo se ha estrenado una nueva producción, firmada por el regista napolitano Mario Martone, con escenografía de Carmine Guarino, vestuario de Daniela Ciancio, luces de Pasquale Mari y videoproyecciones de Alessandro Papa. Ni que decir tiene que la mitología griega ni siquiera se asoma. El resultado es una escena que podría situarse en cualquier serie inglesa o indistintamente en Lucia di Lammermoor o The Turn of the Screw. Un montaje de impacto, pero fuera de lugar y de dramaturgia. La dirección obliga a menudo a cantantes y coro a bajar a la platea y Martone, al final, salió a escena para recibir aplausos compartidos con numerosos abucheos.
Triunfo sin fisuras, en cambio, para la parte musical. Buena la orquesta y una garantía, como siempre, la dirección de Riccardo Frizza: buen pulso, sin perder de vista a los cantantes en sus continuos desplazamientos, manteniendo un excelente ritmo in crescendo dramático en esta ópera que abre la puerta al romanticismo. Bien el coro, al que se le exige una componente interpretativa inusual, preparado por Fabrizio Cassi.
Equilibrado el reparto, empezando por las óptimas Doncellas de Glauce, Maria Knihnytska y Anastasiia Sagaidak (parece imposible que no se encuentren italianas para estas dos partes), siguiendo con el episódico Guardia de Giacomo Marcaldo. La Glauce de la soprano Désirée Giove, amén de apianar la coloratura de su aria, cumplió su breve pero determinante rol. Gustó mucho el Creonte del bajo georgiano Giorgi Manoshvili, voz timbrada y buena línea de canto, quien pronto será el príncipe Gremin de Evgeni Onegin en Valencia.
Anita Rachvelishvili interpretó una Neris de gran sugestión, tanto por el precioso color de la voz como por la riqueza de armónicos, cincelando su aria con fagot obbligato. Francesco Demuro, Giasone, pese al timbre ligero en una parte que, en la versión italiana, requiere una voz tendente a lo spinto, compuso un personaje valiente, incisivo en la escansión de la frase, superando el reto de una tesitura muy aguda.
La triunfadora de la velada fue Sondra Radvanovsky con una Medea de rompe y rasga, con dicción más bien yankee, acento verista y abundancia de efectos —risotadas, sollozos, etc.—, pasando olímpicamente de la línea de canto. Por imposición regística, en la que se sumerge con convicción exagerando la nota, se hace la loca, la histérica, endiablada y sensual —llegando a tirarse al suelo, subirse la falda, abrir las piernas ante un excitado Giasone que la manosea— sin preocuparse del valor de las notas, en pos de una fuerza trágica que roza por momentos el límite de lo grotesco. Esta receta, sin embargo, a ella le funciona y el público se rindió a sus pies, que, por cierto, ella lleva desnudos a lo largo de toda la función. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





