Más ‘Trovatore’ en grandes veladas verdianas

Madrid

17 / 07 / 2026 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 4 min

Juan Jesús Rodríguez como Conde di Luna y Saioa Hernández como Leonora © Teatro Real / Javier DEL REAL
Eleonora Buratto como Leonora y Yusif Eyvazov como Manrico © Teatro Real / Javier DEL REAL
Saioa Hernández como Leonora y Celso Albelo como Manrico © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Verdi: IL TROVATORE

Repartos alternativos

Vittorio Grigòlo / Yusif Eyvazov / Celso Albelo, Saioa Hernández / Eleonora Buratto, Juan Jesús Rodríguez / George Petean, Anita Rachvelishvili / Clémentine Margaine, Krzysztof Bączyk / Marko Mimica, Mar Morán / Rocío Faus, Fabián Lara, Moisés Marín, Juan Manuel Muruaga. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Francisco Negrín. 08, 09 y 15 de julio de 2026.

Siempre se ha dicho que montar un Trovador es una empresa casi heroica por la dificultad para encontrar un cuarteto protagonista que esté a la altura. Algo más es lo que ha conseguido el Teatro Real, como es montar un Trovador con hasta cuatro repartos de primera categoría (ver crítica del estreno en este enlace). Tras el estreno a finales de junio y la función del 1 de julio a cargo del español Celso Albelo, el 8 de julio compareció un nuevo Manrico, el italiano Vittorio Grigòlo, quien salió decidido a poner toda la carne en el asador. En alguna ocasión, el color de la voz carece un tanto de homogeneidad, y, sin embargo, es este un inconveniente menor y rectificable, ante un canto muy expresivo que brilló ya desde el lirismo de su romanza. Y luego lo hizo en la tonalidad heroica y desesperada de “Di quella pira”, culminada sin dificultades con una voz expansiva y arrolladora: otro tanto se puede decir de su sobresaliente actuación escénica.

En la función del día 9 encarnó a Manrico Yusif Eyvazov, quien, todavía fuera de escena, llamó la atención por su poderío y su energía. Apareció arrollador y cargado de intensidad, con un canto a plena voz, sumamente arriesgado y de energía contagiosa. Esta disposición no es incompatible con un legato cada día más consistente, y como Eyvazov tiene un timbre muy personal, quebrado y como sin pulir del todo, resulta un Manrico muy masculino y nada contenido en la caracterización escénica:  justo lo que hace falta para hacerle perder la cabeza a la bella Leonora y al público, que acogió con entusiasmo una arrojada “Di quella pira”.   

El Manrico de Celso Albelo, maravilloso belcantista, aportó una voz flexible y un timbre atractivo. En este sentido, abordó la magnífica “Di quella pira”, entre otros momentos, con todo el brío y la garra necesarios, a pleno pulmón y asumiendo todos los riesgos que ello conlleva… Todo después de su preciosa primera intervención fuera de escena y de su romanza. Así es como se enamora a una Leonora tan temperamental y decidida, tan exigente se podría decir, como la de Saioa Hernández. La soprano madrileña demostró que el papel de Leonora le viene como anillo al dedo: en los agudos y en el belcantismo adornado y extático en tantos momentos, empezando por el “Tacea la notte placida”. Y, claro está, en los graves sin problemas, como la gran dramática que es. Posee medios generosos, técnica impecable y sobre todo carácter, muy madrileño se podría decir, plasmado en la plenitud del instrumento. Con ellos consigue un dramatismo consciente, de una seriedad absoluta. Como la voz es tan rica, la sobriedad en la actuación y en la gesticulación intensifica la dimensión trágica.

"Saioa Hernández posee medios muy generosos, técnica impecable y gran carácter, sobre todo carácter, muy madrileño se podría decir, plasmado en la plenitud del instrumento"

Por su parte Eleonora Buratto (que vino a reemplazar a Anna Netrebko) exploró con intensidad el lado más belcantista de Leonora, con un instrumento de una limpieza extraordinaria, argentino y etéreo, de impecable precisión en la coloratura que conviene a la perfección al canto extático de Leonora en varios momentos cruciales: maravilloso de luminosidad y sentimiento el “Sei tu dal ciel disceso, o in ciel son io con te?”. Eso no quiere decir que la Leonora de Buratto no tenga cuerpo o personalidad: la tiene, y de sobras, tanto en lo escénico como en el instrumento, como se demostró con las últimas escenas, en las que se impuso gracias al dramatismo de los contrastes y a lo incisivo de sus dinámicas.

El gran Juan Jesús Rodríguez demostró una vez más por qué es uno de los grandes barítonos verdianos de la actualidad: belleza del instrumento, ductilidad, proyección inapelable, y ese fraseo sin fallos que le permite abordar con toda su intensidad lírica y doliente “Il balen del suo sorriso”, cantado con una expresividad interiorizada y al mismo tiempo expansiva. Eso es justamente lo propio del canto de Verdi, tan difícil, escuchado en toda su pureza gracias a nuestro barítono onubense. Magnifico.

George Petean, por su parte, exhibió una voz poderosa y variada de barítono verdiano; la autoridad del instrumento le permite imponerse, como debe ser, a lo largo de toda la función, pero llegado el momento del canto lírico, con “Il balen…”, faltó un punto más fluido en el legato, lo que rebajó un poco la emoción de una página de tantos quilates emotivos. Y sin embargo, es una opción lógica para el Conde de Luna de Petean, tan vanidoso como enamorado, el más oscuro de esta ópera infernal.

En el papel siempre arriesgado de Azucena, Anita Rachvelishvili mostró por qué está considerada de las dos o tres primeras voces de mezzosoprano de la actualidad. Voz opulenta, muy rica, con graves potentísimos, y capaz de mantener en todo el registro una línea de canto impecable. Pocas veces se ha escuchado una Azucena de tanta autoridad en la zona media y grave, y también tan atormentada, gracias a la sutileza en las variaciones de acentos y color. Precioso, en cuanto al dinamismo interior, el racconto, y alucinatorio de verdad, como debe ser, su impresionante “Stride la vampa”.

Clementine Margaine, por su parte, ofreció una Azucena de gran empaque gracias a un instrumento de gran densidad tímbrica y facilidad para el registro de pecho. Con una técnica muy precisa y un sentido infalible del tempo verdiano, consiguió configurar un personaje grandioso, entre las evocaciones del horror y la llamada a la venganza hasta el remanso lítico del final: será difícil de olvidar una Azucena tan humana, tan próxima, como esta.

Krzysztof Bączyk (08/07) ofreció un excelente Ferrando, modélico en la difícil escena inicial por su solidez vocal y expresiva, mientras que Marko Mimica (09/07) destacó por la autoridad de su timbre, la belleza de su registro grave y una interpretación luminosa y variada. También sobresalieron Mar Morán y Rocío Faus como una elegante y convincente Inés. El Coro Titular del Teatro Real rindió a un nivel extraordinario, la Orquesta Titular volvió a demostrar su excelencia tanto en la potencia sonora como en las sutilezas de la escritura verdiana, y Nicola Luisotti firmó una dirección magistral, combinando la energía, la nobleza y la delicadeza que exige Il trovatore, culminando dos grandes veladas verdianas.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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