Netrebko lleva su 'Aida' al San Carlo junto al Radamès de Kaufmann

Nápoles

09 / 09 / 2026 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

Riccardo Frizza junto a Anna Netrebko (Aida) y Jonas Kaufmann (Radamès) © Teatro di San Carlo / Luciano ROMANO

Teatro San Carlo

Verdi: AIDA

En versión de concierto

Anna Netrebko, Jonas Kaufmann, Luca Salsi, Elizabeth DeShong, Alexander Köpeczi, Andrea Pellegrini, Tianxuefel Sun, Désirée Giove. Dirección: Riccardo Frizza. 6 de septiembre de 2026.

Esta versión en concierto de Aida es digna de ser reseñada ya que contó con unos artistas que demostraron tantas y tan grandes cualidades interpretativas que suplieron con creces la puesta en escena. La Orquesta y el Coro del Teatro de San Carlo, este último bajo la experta dirección de Fabrizio Cassi, merecen una primera mención: ambas formaciones, excelentes, obedecieron a la batuta de Riccardo Frizza, de probada y larga trayectoria, quien, además de mantener bien sujetas las riendas de solistas y ambos conjuntos, imprimió un estilo vigoroso, al límite del exceso sonoro, en las escenas que lo exigen: el primer gran concertato que concluye con «¡Ritorna vincitor!» y luego toda la escena del triunfo. Pero, sobre todo, sostuvo con delicadeza los tiempos y las exigencias dictadas, si no impuestas, por los intérpretes de la pareja protagonista, Aida y Radamès.

Y aquí se llega al meollo del asunto: Anna Netrebko, fascinante en dos espléndidos trajes, recuperó la forma que solo una semana antes, en una función en la Arena de Verona (y reseñada en este enlace), le había costado alcanzar. Es cierto que, al cantar en la boca del escenario de un teatro con una acústica exquisita, no solo se ve favorecida a la hora de desplegar agudos tomados en pianissimo y sostenidos con una emisión ejemplar y una luminosidad que conquista, sino que también consigue controlar el sonido, sin insistir —como ocurre al aire libre— en las notas de pecho, dejándose llevar por un fraseo siempre motivado, acentuando con extrema eficacia y, sin duda, cautivando por completo al público con un carisma y una capacidad de seducción que son sus armas principales. Delirio tras un inolvidable «Cieli azzurri» y luego, en la salida final a escena.

"Anna Netrebko consigue controlar el sonido, sin insistir —como ocurre al aire libre— en las notas de pecho, dejándose llevar por un fraseo siempre motivado"

Jonas Kaufmann no fue menos admirable: ciertamente, quien espere de él el típico tenor espada y con squillo, el que nunca ha tenido, quedará parcialmente decepcionado, no así quienes conocen su peculiar técnica vocal, con agudos cada vez más agresivos, los portamentos al límite del bostezo, fascinantes sonidos etéreos en pianissimo, captados, reforzados y luego atenuados, que parecen, a decir verdad, notas apenas marcadas. Sin embargo, el tenor alemán, gracias a la superior inteligencia interpretativa, a la gran musicalidad y al gusto exquisito a la hora de dar color a las frases y de buscar intenciones amorosas e íntimas, acaba brindando a su canto un significado específico, urgencia dramática y una sensible carga emocional. Esto último resultó evidente en un «Celeste Aida» esculpido con gran nobleza y elegancia y, después, en la escena de la tumba.

El barítono Luca Salsi, con amplia experiencia en Rigoletto, Macbeth y Nabucco, pone en evidencia que el papel le ofrece poco, pero ese poco encontró en el cantante de Parma las intenciones adecuadas, bella proyección y un agudo interpretado con ardiente audacia en la acusación «dei Faraooooni tu sei la schiava!».

Amneris encontró la voz falcon adecuada en la mezzosoprano estadounidense Elizabeth DeShong, la única que se presentó con la partitura en la mano, lo cual penalizó en parte su interpretación, aunque ciertamente no la vocal. Destacó especialmente en la escena del juicio a Radamès, al comienzo del cuarto acto. Aquí se produjo un ligero desequilibrio sonoro, ya que Ramfis, el excelente bajo rumano-húngaro Alexander Köpeczi —actual pareja de Netrebko y también contratado en las funciones de Aida en el Liceu—, personaje que suele estar en bambalinas con el coro, se encontraba aquí en primer plano. Así puso en evidencia su notable voz de bajo, con un hermoso color en el registro medio y grave, y también con facilidad para ascender hacia los agudos.

Muy acertada la interpretación del Rey a cargo de Andrea Pellegrini; excelente el joven tenor chino Tianxuefel Sun, de 26 años, en el papel episódico del Mensajero; un auténtico lujo contar con la magnífica Désirée Giove para el papel de la Sacerdotisa: voz exquisitamente lírica, debidamente hierática y perfectamente emitida. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL

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