CRÍTICAS
NACIONAL
Schubert y el canto de Schuen
Barcelona
Palau de la Música Catalana - Schubertíada
Recital de ANDRÈ SCHUEN
Schwanengesang y otros Lieder de Schubert. Daniel Heide, piano. 9 de mayo de 2025.
El barítono tirolés Andrè Schuen, convertido en uno de los máximos exponentes actuales del repertorio liederístico, volvió al Palau de la Música Catalana para protagonizar una velada de altísimo nivel. Ofreció una interpretación extraordinaria de Schwanengesang (El canto del cisne), el ciclo póstumo que reúne piezas para canto y piano de Franz Schubert que ofreció acompañado por su colaborador habitual, el pianista alemán Daniel Heide. Pese a su corta edad (41 años), no es exagerado afirmar que Schuen es una figura madura e insoslayable del panorama actual del Lied. Si bien su carrera operística es notable –con incursiones importantes en Mozart, Rossini y Strauss–, es en el formato íntimo del recital donde su talento alcanza un grado de autenticidad y refinamiento especialmente admirable.
Como se sabe, a diferencia de ciclos de canciones como Die Schöne Müllerin o el celebre Winterreise, el Schwanengesang, lejos de haber sido concebido por Schubert como una obra unitaria, responde a una recopilación de sus últimos Lieder editados de forma póstuma por Tobias Haslinger. Lo conforman siete canciones sobre poemas de Ludwig Rellstab, seis de Heinrich Heine y una pieza final con texto de Johann Gabriel Seidl, “Die Taubenpost”. Esta aparente incongruencia estructural –tres voces poéticas dispares en un único conjunto– no impide que, en manos de intérpretes sensibles y sabios, como Schuen y Heide, surja una coherencia emocional y narrativa que trasciende las fisuras del origen editorial. Además, el recital estuvo enriquecido aún más por la inclusión de otros cinco Lieder adicionales de Schubert seleccionados con criterio y presentados a la mitad del Schwanengesang, entre la primera y la segunda parte del recital: “Herbst”, “Bei dir allein”, “Der Wanderer an den Mond”, “Wiegenlied” y “Am Fenster”, aparte del mismo “Die Taubenpost”, que Schuen presentó como colofón.
Esta integración de piezas ajenas dio un respiro antes del segundo bloque, mucho más denso y lúgubre, permitiendo a los intérpretes modular la energía narrativa del conjunto, desde la felicidad del amor frugal del principio a la dureza agónica del final, con fragmentos verdaderamente severos como el del famoso «Der Doppelgänger», interpretado por Schuen con una gravedad pasmosa.
La acústica del Palau es inmejorable para este formato y permitió disfrutar de cada una de las sutilezas interpretativas del barítono; sin embargo, la densidad emocional con la que Schuen vive la interpretación, en un auditorio de estas características, con la mayoría del público lejos del cantante, se pierde ligeramente por el camino. La experiencia, seguro, sería todavía más intensa en una sala de pequeñas dimensiones con el intérprete más cerca, como la iglesia de la Schubertíada de Vilabertran (que producía el recital) o la sala modernista del hospital barcelonés de Sant Pau.
Desde el primer Lied de Rellstab, “Liebesbotschaft”, Schuen estableció un contacto inmediato con el texto y la música —los poemas se podían seguir con subtítulos en una pantalla sobre el escenario—, exhibiendo un timbre cálido, dúctil y expresivo, con una musicalidad clara y noble, sin rigideces, capaz de oscilar entre la ternura y la desesperación sin grandes sobresaltos. En los cuatro primeros Lieder, en los cuales aún resuena la esperanza amorosa en paisajes bucólicos, Schuen mostró un fraseo elegante, delineado con un uso ejemplar del legato, y con una atención extrema al subtexto emocional de cada verso.
Si en Rellstab hay deseo y nostalgia, en Heine hay abismo y pérdida. Las canciones sobre sus poemas fueron el punto álgido del recital, empezando con “Der Atlas”, interpretado con una intensidad impresionante. El control del volumen de Schuen, la impecable dicción y el peso emocional de cada palabra, sin caer en la teatralidad, evidenciaron una madurez artística que siguió con “Ihr Bild” y “Am Meer”. Finalmente, tras el citado “Doppelgänger”, el ciclo encontró su epifanía final en “Die Taubenpost”, pieza habitualmente relegada a la categoría de epílogo, pero que aquí fue investida de una ternura luminosa.
Heide, por su parte, ofreció un acompañamiento discreto, sin asumir más protagonismo del que requiere cada pieza, pero siempre presente, respirando con el cantante y reforzando los estados de ánimo de la voz como segundo interlocutor poético de la partitura. * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL
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