Maestri, incombustible decano de un Falstaff referencial

Barcelona

21 / 07 / 2026 - Ferran VILA I RIERA - Tiempo de lectura: 4 min

El reparto alternativo de 'Falstaff' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Ambrogio Maestri (Falstaff) y Roberta Mantegna (Alice Ford) © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Ambrogio Maestri como Falstaff © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Verdi: FALSTAFF

Reparto alternativo

Ambrogio Maestri, Lucas Meachem, Roberta Mantegna, Laura Vila, Marianna Pizzolato, Maria Miró, César Cortés. Dirección musical: Josep Pons. Dirección de escena: Laurent Pelly. 16 de julio de 2026.

Este segundo reparto del Falstaff liceísta (ver crítica del estreno en este enlace) contaba con el valedor indiscutible del papel en lo que va de siglo, el barítono italiano Ambrogio Maestri, quién ha convertido la postrera criatura verdiana en su verdadero capolavoro, con una versión del icónico glotón forjada en mil batallas. Maestri ha vuelto a triunfar del mismo modo que ya deslumbró con el papel hace 16 años en el coliseo barcelonés, esta vez auspiciado por la gracilidad teatral de Laurent Pelly en la escena. Aun sin disponer del mismo instrumento que otrora, marcado en la actualidad por una emisión exhausta en el agudo, el italiano se las compuso para sacar provecho de todos sus recursos estilísticos, al servicio de una línea y de un personaje que va como anillo al dedo a sus capacidades técnicas y a su temperamento, sin duda alguna aquel que mejor encaja con su personalidad artística de todos cuantos escribió Verdi. Su empleo magistral del canto silábico, junto a una prosodia de intachable italianità, sumados a un nervio teatral natural y expansivo (sustentado, a su vez, por una presencia escénica colosal), constituyen los fundamentos de ese Falstaff burlón y genial, entrañablemente humano en su vitalidad existencial.

Del mismo modo que en el primer reparto, el rol de Ford recayó en el norteamericano Lucas Meachem, quién ha asumido de forma sobrevenida la audaz tarea de cantar el papel las ocho funciones en apenas 10 días, solícito y comprometido con la dirección artística de la casa. En primer lugar, hay que reconocer el excepcional rendimiento vocal con que ha resuelto el reto el barítono, dando vida a un Ford imponente por proyección y de fraseo bien cincelado, para lucir tablas de gran solista en el magnífico soliloquio «È sogno? o realtà?», al que seguramente solo se podría reclamar una línea algo más dúctil. Le acompañó como esposa traviesa y filosófica la soprano siciliana Roberta Mantegna, con una Alice Ford sencillamente impecable, de reconocible huella belcantista, arropada por una musicalidad sin fisuras y siempre generosa interpretativa, con la fortuna incluida de contar, además, con un timbre que por color y características encaja a la perfección con la visión del personaje que ofrece Pelly en esta producción.

"Ambrogio Maestri se las compuso para sacar provecho de todos sus recursos estilísticos, al servicio de una línea y de un personaje que va como anillo al dedo a sus capacidades técnicas y a su temperamento"

A su lado, tuvo en la mezzo Laura Vila a su inseparable comadre de Windsor, con una Meg Page cómica y teatral, enteramente cómplice con la producción merced a la solvencia interpretativa acostumbrada. No les fue a la zaga Marianna Pizzolato con la carismática Miss Quickly, el otro papel de la ópera que, junto al protagonista, pide una mayor dosis de instinto bufo e italianidad y que, como Falstaff, tiene que terminar cautivando por su fondo entrañable. Pizzolato cumplió a la perfección con todo ello y si se le pudiera poner un solo reproche a esa maravillosa comadre, este sería el de un registro de pecho algo falto de profundidad para incidir en esos contrastes tímbricos caricaturescos, tan necesarios para dotar el papel de los acentos patéticos adecuados.

Magníficamente escogida y deliciosamente servida estuvo la joven pareja de enamorados, capitaneada por la impecable Nannetta de la catalana Maria Miró, etérea y precisa en las alturas, junto al Fenton de César Cortés, que aprovechó el encanto de un instrumento joven, homogéneo y bien lubricado (provisto con las características inconfundibles de los timbres latinos) para brillar con luz propia en su encantadora arietta «Dal labbro il canto estasiato vola».  * Ferran VILA I RIERA, corresponsal en Barcelon de ÓPERA ACTUAL

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