CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Ruido y furia en el Capitole
Toulouse
Théâtre du Capitole
Bruno Mantovani: VOYAGE D’AUTOMNE
Estreno escénico
Pierre-Yves Pruvot, Stephan Genz, Emiliano Gonzalez Toro, Vincent Le Texier, Yann Beuron, Jean-Christophe Lanièce, William Shelton, Enguerrand De Hys, Gabrielle Philiponet. Orquesta, Coros y Maîtrise de la Opéra national du Capitole. Dirección musical: Pascal Rophé. Dirección de escena: Marie Lambert-Le Bihan. 26 de noviembre 2024.
La Opéra national Capitole de Toulouse presentó la primera producción de Voyage d’automne (Viaje de otoño), ópera de Bruno Mantovani con libreto de Dorian Astor que se escenificaba por vez primera. La obra viene a enriquecer el género acontecimiento político, al lado de óperas como Nixon in China de John Adam, o Benjamin de Michel Tabaschnik sobre el suicidio de Walter Benjamin en PortBou (1940), o también Atkimova del propio Mantovani, sobre la poetisa rusa Ana Atkimova, asediada por el KGB.
Voyage d’automne trata de un viaje a través Alemania con término en la ciudad de Weimar, que el ministro de la propaganda nazi Joseph Goebbels (Wolfgang Göbs en la ópera, interpretado por William Shelton) propuso en 1941 a intelectuales europeos —en la ópera, los nombres de los cinco invitados son auténticos— para tratar de la nueva literatura europea. Francia se hallaba ocupada por Alemania nazi desde el año anterior. La invitación no era por supuesto inocente y los invitados lo sabían perfectamente.
El libreto traza el itinerario seguido en Alemania por tres de los siete invitados franceses. Llegados a Weimar encuentran allá a otros dos escritores galos; de vuelta a Francia, a su paso por Berlín, pueden vislumbrar un tren con destino a los campos de concentración. Todo ello se presenta bajo forma de flashback salido de una conversación habida en París en 1949 entre uno de los participantes a la expedición y el oficial alemán que les había acompañado. La moraleja sugerida por el libreto es clara y contundente: no podían no saber.
Habrá que agradecer a Marie Lambert-Le Bihan el haber evitado la presencia avasallante de un tren en el escenario; en su lugar, pidió a su escenógrafo, Emanuele Sinisi, espacios neutros en los que desarrollar la acción y utilizó el vestuario de Ilaria Ariemme para informar quién era quién. De esta manera pudo ella atender a la parte dramática de cada personaje, que perfiló con ciencia y arte.
Bruno Manrovani ilustró con violencia a unos y otros, buscando sin cesar aquello que pudiera ser malsonante al oído, sones de gran riqueza armónica, sí, pero de carácter ácido y voluntariamente molesto. El compositor finalizó las dudas y las certezas de los intelectuales y del oficial —Heller, interpretado por Stephan Genz— que los acompañaba con la brutalidad del tambor y pidió a la flauta la desagradable sensación de la uña que rasca el tablero. En contraste trató con mayor cuidado armónico las intervenciones del coro (muy bien preparado por Gabriel Bourgoin), por desgracia poco frecuentes, dado que representaron momentos de gran brillantez.
Pascal Rophé dirigió con autoridad la inmensa orquesta de la casa y no escatimó decibelios ni abandonó a su suerte a los cantantes. Sintetizó el foso y el escenario con fluidez no exenta de la brutalidad pedida por la partitura, ya en momentos de transición, como en pasajes supuestamente líricos que traducían pensamientos inconfortables de los curiosos personajes.
A pesar de la ayuda ofrecida por el maestro, los cantantes se las vieron y se las desearon para cumplir y, si bien se podría juzgar su trabajo por la longitud que el libreto acordó a cada uno —el de Pierre-Yves Pruvot (Marcel Jouhandeau) sin duda el más extenso y el de Yann Beuron (Pierre Drieu de la Rochelle) el más comprometido— se pueden dar por excelentes las réplicas de los artistas en el escenario: Emiliano González Toro, fue Ramon Fernandez, Vincent Le Texier (Jacques Chardonne), Jean-Christophe Lanièce (Robert Brasillac) y Enguerrand De Hys en el rol de Hans Baumann. El público aplaudió con justicia las intervenciones de Gabrielle Philiponet —la Songeuse— personaje imaginado por el compositor que impuso momentos de esperada tranquilidad en la vorágine generada por el insólito viaje. Su voz cristalina, fina y recia, aportó sensatez a una partitura destinada a destemplar física y moralmente al espectador más estable. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





