CRÍTICAS
INTERNACIONAL
La 'serenata' pastoril de un genio
Roma
Teatro dell'Opera
Mozart: IL RE PASTORE
Nueva producción
Miriam Albano, Francesca Pia Vitale, Benedetta Torre. Dirección musical: Manilo Benzi. Dirección de escena: Cecilia Lagorio. Teatro Nacional, 14 de mayo de 2025.
Mozart compuso Il re pastore en 1775 —no una ópera en sentido estricto, sino una serenata, más sencilla y breve— cuando tenía apenas 19 años, pero ya era autor de siete óperas y de otros trabajos teatrales. El resultado de la unión de su genio precoz con una experiencia ya amplia y sólida fue una obra que ningún otro compositor de su tiempo habría podido escribir. En ella se perciben también claras anticipaciones de sus futuros grandes logros, aunque naturalmente no puede compararse con Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.
La trama es liviana y el entorno bucólico está lejos de la sensibilidad moderna, pero Mozart logra dar vida a los protagonistas, a quienes infunde sentimientos y afectos delicados pero palpitantes. Esta serenata no exige a los cantantes proezas virtuosísticas, sino cualidades aún más raras y refinadas: estilo, precisión, gusto y sensibilidad. Los protagonistas de esta propuesta fueron prácticamente perfectos. Aminta, el pastorcito que descubre ser un heredero, fue interpretado por Miriam Albano, mezzosoprano y no soprano como originalmente previó el compositor; pero la tesitura de su papel no le supuso dificultad alguna, y su voz, ligeramente más oscura y cálida que la de una soprano, estaba en perfecta sintonía con el carácter reservado e introvertido del personaje. Interpretada por ella, el aria «L’amerò, sarò costante» fue un momento mágico.
Antes de que se levantara el telón, se anunció que Francesca Pia Vitale no se encontraba en buen estado de salud; sin embargo, interpretó a Elisa, la amada de Aminta, con una voz clarísima y perfectamente controlada, con agilidades fáciles y fluidas, y sobre todo con una interpretación de exquisita y refinada sensibilidad. Benedetta Torre es una cantante versátil, que transita de Cimarosa a Verdi, y eso le sirvió para interpretar a un personaje nada sencillo como Tamiri, quien tiene dos arias: una tempestuosa y otra calma y serena.
Con acierto, el Teatro dell’Opera de Roma se trasladó en esta ocasión al más pequeño Teatro Nacional, más adecuado para esta obra. El director Manlio Benzi brindó a esta música —solo en apariencia sencilla— tiempos naturales y equilibrados, cuidó la precisión y la transparencia de la orquesta, y reguló cuidadosamente la relación entre las voces y la orquesta. La puesta en escena de Cecilia Lagorio fue simple, pero viva, evitando ideas modernas y rebuscadas que inevitablemente habrían distorsionado la obra, indisolublemente ligada al gusto y mentalidad del siglo XVIII. Muy convincente la escenografía de Gregorio Zurla, que representaba una encantadora colina cubierta por un césped verde coronada por un gran árbol, elementos que desaparecían cuando Aminta se dirigía al palacio y que reaparecían cuando al final decide regresar a su vida simple, libre y feliz. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL
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