Una ‘Carmen’ por imaginar en Les Arts

Valencia

04 / 10 / 2026 - Jerahy GARCÍA - Tiempo de lectura: 4 min

La producción de 'Carmen' de Ted Huffman © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
Vasilisa Berzhanskaya (Carmen) y Charles Castronovo (Don José) © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
Charles Castronovo (Don José) y Ruth Iniesta (Micaëla) © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Bizet: CARMEN

Inauguración de la temporada

Vasilisa Berzhanskaya, Charles Castronovo, Ruth Iniesta, Davide Luciano, Aitana Sanz, Lora Grigorieva, Manuel Fuentes, Isaac Galán, Cristòfol Romaguera, Matías Sebastián Herrera. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat. Escola Coral Veus Juntes. Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats. Dirección musical: Michele Spotti. Dirección de escena: Ted Huffman. 2 de octubre de 2026.

Los Javis han estrenado La bola negra sobre el manuscrito donde Lorca imaginó a un joven granadino rechazado por el voto de un casino: basta una bola oscura en la urna para condenar un deseo. La Andalucía de Bizet surgió por la vía contraria ―soñada desde París― y su cigarrera no acata urnas ni veredictos, aunque también ella extrae su bola negra cuando el naipe le anuncia la muerte en el tercer acto. Dos Andalucías imaginadas, un mismo precio para el deseo. El de imaginar fue el concepto que dio la clave de la noche con que el Palau de Les Arts inauguró su temporada Los discursos del poder, con una coproducción de la popular y manipulada ópera Carmen junto al Grand Théâtre de Genève. La Orquestra de la Comunitat Valenciana sonó magnífica, con aire fresco, cuerda sobresaliente y un equilibrio bien medido con las voces. Michele Spotti firmó una lectura grácil y juvenil, de menos peso que la tradición, pero clara en la escritura de Bizet: en la riña de las cigarreras o en el quinteto, los motivos pasaron de una voz a otra con trazo nítido.

Ted Huffman desnudó la obra hasta el hueso. Sobre un ring rosa, un bosque de sillas desparejadas ―eco del Café Müller de Pina Bausch― bastó para sugerir fábrica, taberna y sierra; la escenografía de Nadja Sofie Eller y la luz de Urs Schönebaum confiaron el resto a unos narradores que dejaban al público reconstruir lo que la escena callaba. El vestuario de Astrid Klein salta de década en década y aplaza la España de postal hasta la escena final, entre traje de luces y lluvia de confeti. En la sierra, maletas, abrigos y una hoguera convierten a los contrabandistas en desplazados. La música ganó la partida: el oído trabajó allí donde el ojo no halló asidero. La coreografía de Pim Veulings reclamó, en cambio, un protagonismo excesivo; el corro flamenco lució con gracia, pero el trasiego de bailarines sobre las escenas cantadas generó ruido y restó foco. ¿Realismo a la manera que Bizet quiso para la Opéra-Comique o simple estorbo? Con tantos números célebres, el dispositivo no terminó de funcionar.

Los niños de la Escola Coral Veus Juntes y de la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats brillaron en la guardia montante, ojos y bocas abiertos de par en par hacia el podio. El Cor de la Generalitat Valenciana, cumplió con unas voces femeninas firmes y una cuerda masculina correcta, aunque por debajo de otras noches.

"La noche encontró su vuelo en Ruth Iniesta, Micaëla de voz dulce pero con proyección suficiente para emocionar sin alardes"

Vasilisa Berzhanskaya explicó en una entrevista concedida a ÓPERA ACTUAL que concibe la Habanera como una canción de éxito popular, sin anticipar la tragedia (ver entrevista en este enlace). Fiel a la idea, compuso una Carmen comedida, de canto próximo a la prosodia hablada antes que al vuelo lírico, en «L’amour est un oiseau rebelle», en la seguidilla «Près des remparts de Séville» o en «Les tringles des sistres tintaient». Cuestión de gustos; pero el pájaro rebelde no voló demasiado alto, y el impulso que el personaje reclama también quedó a cargo de la imaginación… Su contención escénica chocó con la agitación de los bailarines.

La noche encontró su vuelo en Ruth Iniesta, Micaëla de voz dulce pero con proyección suficiente para emocionar sin alardes en «Parle-moi de ma mère» y «Je dis que rien ne m’épouvante». Charles Castronovo, Don José de presencia firme, ajustó su emisión a cada compañera ―candor con Micaëla, aspereza con Carmen―, un don desde «La fleur que tu m’avais jetée» hasta el cuchillo final. Davide Luciano llenó la escena con su Escamillo: peso y fuerza en «Votre toast, je peux vous le rendre», que la sala aclamó. Sorprendieron Aitana Sanz y Lora Grigorieva, Frasquita y Mercédès de compenetración admirable en el trío de las cartas y en «Nous avons en tête une affaire».

A la salida, una tormenta descargó sobre Valencia, como si el cielo quisiera añadir el arrebato que se echó de menos sobre el ring. Con todo, aunque faltó una vuelta al ruedo y la cigarrera conoció tardes de mejor toreo en otras plazas, esta Carmen no merece bola negra, ni mucho menos: una faena digna, bien servida desde el foso y aplaudida por una sala que salió a la lluvia con la música todavía en los oídos.  * Jerahy GARCÍA, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Valencia

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