Tres propuestas de jóvenes creadores llenaron de arte e ideas sobre la lírica contemporánea el pasado sábado ante un público entregado que visitó tres de los centros culturales más representativos de la ciudad: el CCCB, el Macba y el Liceu. La primera correspondió a El cel no es guardarà el secret, una iniciativa metaoperística sin intérpretes líricos ni músicos en directo. La obra comienza con el público ubicado en la parte trasera de un escenario mientras se escucha una reflexión poética sobre la naturaleza de la belleza terrenal a cargo del escritor y poeta Pol Guasch. Con algunos parecidos al mundo apocalíptico que Wainwright presentó recientemente con su Dream Requiem, el texto asalta el público con reflexiones sobre el fin de las cosas y la belleza, desde un punto de vista melancólico pero inofensivo. La música de Clara Aguilar transitó entre varias dimensiones a lo largo de la experiencia, desde un techno tribal digno de la saga The Matrix, pasando por bandas sonoras más convencionales, un minimalismo pop e incluso el universo del indie pop. El punto más brillante de la propuesta fue el juego de luces propuesto por Silvia Delagneau, que ya hipnotizó con su propuesta para la microópera de Marc Migó The Fox Sisters en el Liceu en 2022 dentro del proyecto Òh!pera. En este caso, un juego de luces expresivo y rico dio vida a la escenografía que, a pesar de estar vacía de intérpretes y de consistir prácticamente solo en plafones de vegetación tropical, llegó a transmitir una gran multitud de emociones, desde la esperanza, al conflicto, a la tranquilidad de la soledad.