CRÍTICAS
NACIONAL
Las hadas cursis, 'ma non troppo', de Henry Purcell
Madrid
Teatro Real
Purcell: THE FAIRY QUEEN
En versión semiescenificada
Vox Luminis. Dirección musical: Lionel Meunier. Dirección de escena: Emilie Lauwers. 15 de noviembre de 2025.
La semiópera The Fairy Queen (La reina de las hadas) es una una zarzuela a la inglesa muy libremente adaptada por el poeta John Dryden a partir del Cuento de una noche de verano de Shakespeare. Obra pensada para entretener y divertir, en su momento, el siglo XVII, subía al escenario con importantes elementos de espectáculo; más de una parte está escrita por Purcell para amenizar la llegada de los espectadores y hacer más entretenido el tiempo que se toman en sentarse. La perspectiva actual es distinta por la carestía de óperas o semi óperas que solo en determinadas circunstancias, o para determinadas obras, permiten montajes auténticos, por así decirlo. Y también, por el prurito de autenticidad y sacralización del arte heredado del idealismo romántico, que lleva a tratar como si fueran creación del mismísimo Espíritu Santo obras como esta, de entretenimiento, que el propio Henry Purcell adaptó con total libertad a lo largo del tiempo.
El resultado concuerda con la versión que se ofreció en el Teatro Real, completa o casi completa (unas tres horas), y con una semiescenificación que consistía en que los cantantes, vestidos de riguroso negro, se muevan y correteen por entre el conjunto orquestal, amenizado todo por unas sombras de árboles, florecillas y animalitos proyectadas en un pequeño telón que ocupaba el centro del escenario. El texto de Dryden, por su parte, fue sustituido por otro, recitado por el actor Simon Robson, que no parecía muy entusiasmado. Aclaraba poco lo que ocurre —o no ocurre— en el escenario, pero en compensación proporcionaba algunas notas de misticismo panteísta, o de paganismo muy light, con sus amagos de ecologismo.
Así las cosas, todo recayó en la interpretación musical. Como es bien sabido, el conjunto belga Vox Luminis está considerado uno de los mejores especialistas de la actualidad en el repertorio antiguo y barroco; sus interpretaciones de Purcell hoy constituyen una referencia, y en el Real se pudo comprobar por qué. Aunque reducido, el grupo orquestal no lo es tanto que no permita la variedad de timbres y de colores que evoca el espectáculo que requiere la obra: valgan como ejemplo las intervenciones de la percusión y la de las trompetas, o los glissandi de los basses de violon en la escena del poeta borracho, cantada con buena intención pero con poca gracia y menos salero aún.
Bajo la dirección de Lionel Meunier, que se encargaba de una de las flautas, Vox Luminis demostró también su excelencia a la hora de evocar atmósferas de ensoñación y ternura pastoril. En su interpretación no forzó nunca la expresión y se situó desde el primer momento en un registro de gran naturalidad, que le permitía sortear casi del todo la inflexión, tan cursi, de la obra. Alcanzó así un discurso fluido, que pasaba de la comedia, como en la escena del diálogo entre Coridon y Mopsa, a la emoción desplegada al final en el famoso “O let me weep” que evoca los lamentos de la desgraciada reina Dido. Excelente, en el mismo registro, el coro, empastado, expresivo, capaz de evocar transparencias de otro mundo pero también con momentos de teatralidad ingenua, como en la escena del eco. Más accidentados e irregulares, en cambio, los solistas vocales del propio conjunto belga, encargados de defender a los diferentes personajes.
Se trató de un excelente concierto, aunque una vez más cabe preguntarse por qué no suben al escenario del Teatro Real obras del barroco español tan dignas y más entretenidas que esta, y los excelentes conjuntos que se esfuerzan por darlas a conocer… (Bien es verdad que la cursilería inglesa siempre ha sido marca de distinción para la burguesía ilustrada de este país). * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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