La Rusia de Asmik Grigorian

Madrid

01 / 10 / 2025 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

La soprano Asmik Grigorian en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Recital de ASMIK GRIGORIAN

Obras de Piotr Ilich Chaikovsky y Serguéi Rajmáninov. Lukas Geniusas, piano. 30 de septiembre de 2025.

Coincidiendo con el Otello verdiano de la que es seguramente la gran triunfadora, la soprano Asmik Grigorian ofreció en el Teatro Real de Madrid un nuevo recital, con una parte importante de las obras editadas en su CD titulado Disonancias y dedicado a Rajmáninov. A diferencia de la última actuación en solitario que ofreció en el mismo escenario, entonces en formato de concierto y acompañada de orquesta, esta vez solo le acompañó el pianista Lukas Geniusas, fiel compañero que tiende a pasar a un segundo plano en las canciones, pero que reveló todo su talento virtuosístico y casi sinfónico en dos de los Preludios de Rajmáninov, y toda su delicadeza en una preciosa Romanza de Chaikovsky. De hecho, este fue el compositor que abrió la primera parte, con otras seis Romanzas llenas de delicadeza expresiva, en las que Grigorian lució un amplísimo espectro de medias voces, pianísimos y sfumati que lograron hacer brillar, sin caer en la cursilería, toda la sentimentalidad a flor de piel tan propia de su autor. Preciosa “Una lágrima tiembla”, con un tema tan característicamente romántico, y muy hermosa “Os bendigo, bosques”, cantada con una voz que de pronto cobraba una amplitud inesperada para expresar con seriedad —algo muy difícil— la identificación con la naturaleza.

"Subidas al agudo aéreas, limpias y sin apoyos, ataques precisos e incisivos, pianísimos ultraterrestres y pasos al fortísimo sin que el instrumento muestre la menor fatiga"

La segunda parte se concentró en Rajmáninov, de cuya obra para voz y piano la soprano lituana y su compatriota hicieron un recorrido muy didáctico, organizado cronológicamente. Aunque arrancó en el mismo universo expresivo que las romanzas de Chaikovsky, aunque ya desde la primera, “En el silencio de la misteriosa noche”, con una larga nota final sostenida, la soprano dio a entender que invitaba al público a otro mundo, en el cual el despliegue de medios iba a pasar a primer plano. Así fue con la gran “Te espero”, una escena operística que no por breve dejó de plantear exigencias propias de la materia teatral, con subidas al agudo aéreas, limpias y sin apoyos externos, ataques precisos e incisivos, pianísimos ultraterrestres y pasos al fortísimo sin que el instrumento mostrara la menor fatiga, siempre terso y limpio.

Si por algo se caracteriza el canto de Asmik Grigorian, es por la extraordinaria facilidad con la que asume los pasajes más arriesgados, sin forzar nunca y con una técnica impecable. A veces le puede faltar emoción, sí, y no porque su arte se limite a un discurso técnico —no lo es nunca— sino por esa frialdad que proyecta de la cantante, un poco ajena a los sentimientos desbordados de las piezas que interpreta. En esto Grigorian, siempre un poco distanciada, es muy de hoy en día. En cualquier caso, el suyo ha sido un recital antológico, que fue justamente acogido con ovaciones por parte de un público que evidentemente la venera, por no decir que la idolatra. Y con razón.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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