CRÍTICAS
INTERNACIONAL
La Accademia de La Scala rescata una joya de Nino Rota
Milán
Teatro alla Scala
Nino Rota: IL CAPPELLO DI PAGLIA DI FIRENZE
Nueva producción de la Accademia della Scala
Huanhong li, William Allione, Paolo Antonio Levi, Haiyang Guo, Tienxufei Sun, Wonjun Jo, Daniel Bossi, Laura Lolita Peresiviana, Pierluigi D’Alaoia. Dirección musical: Donato Renzetti. Dirección de escena: Mario Acampa. 10 de septiembre de 2024.
Il cappello di paglia di Firenze de Nino Rota volvió al Teatro alla Scala después de más de 26 años: demasiados. Incomprensible que una joya de comedia, con una música deliciosa, arrolladora y burbujeante, no forme parte permanente del repertorio estando a la altura de un Don Pasquale o Il barbiere di Siviglia, de los que ha heredado su brío, su ironía y estilo. Pero los prejuicios son duros de roer si se tiene en cuenta que otro título de Rota, Napoli Milionaria, nunca se representó ¡ni siquiera en Nápoles! Sobre este autor pesa la condena de quienes le consideran un compositor comercial y no valoran la fecundidad y la felicidad de su música, que nunca se ha doblegado a las teorías que querrían transformar la composición en una ecuación algebraica. Por no hablar del hecho de que nunca le han perdonado, cierto sector de intelectuales comprometidos, por haber compuesto bandas sonoras para películas de éxito.
Para la mayoría del público se trataba de una novedad, título que llegó en una producción nacida de la Accademia del Teatro alla Scala en la que participan los estudiantes de canto, la orquesta, el coro y casi todos los solistas; el montaje estuvo confiado a una figura emergente en el campo de la dirección, el polifacético cantante, actor y dramaturgo Mario Acampa. El regista realiza un espectáculo sorprendente, dinámico e inventivo, con situaciones estimulantes y siempre respetando la trama, claramente expuesta, destacando los aspectos hilarantes pero con gran sensibilidad para enmarcar los más líricos y de gran poesía musical, cuyo ímpetu y dinamismo exalta la acción. La única concesión que se tomó ha sido que, en lugar del caballo que devora el fatídico sombrero, hay una diabólica aspiradora. La historia, de hecho, resulta ser un sueño de Fadinard, empleado de la Chapellerie de Rota & Fils enamorado de una de las empleadas, Elena. Ayuda la espléndida escenografía diseñada por Riccardo Scaramella, un escenario giratorio en el que se encuentran todos los ambientes indicados, desde el piso de Fadinard a la fábrica de sombreros, los salones de la baronesa de Champigny, la cárcel y la farola donde acaba colgando el perseguido sombrero del título. El vestuario de Chiara Amaltea Ciarelli fue perfecto, la iluminación de Andrea Giretti acertó de pleno y la coreografía de Anna Olkhovaya, en la que también participaron los miembros del coro, estuvo bien integrada.
En el aspecto musical, las cosas no pudieron ir mejor. Confiar la dirección al veterano y experimentadísimo maestro Donato Renzetti, verdadero papá de todos estos jóvenes entusiastas, tanto en la formación verdaderamente notable de la orquesta de la Academia como en el fresco y vivaz coro dirigido con mano segura por Salvo Sgrò, resultó una elección afortunada y ganadora. Mantener un ideal equilibrio entre el escenario y el foso fue resultado no solo de su larga experiencia, sino también de su sensibilidad para buscar los colores, las intenciones y subrayar con ironía las numerosas citas (una habilidad toda rotiana) fácilmente reconocibles; van desde el Otello de Verdi, caricaturizado en la figura del celoso marido Beaupertuis, hasta la opereta Il paese dei campanelli de Lombardo y Ranzato en un coro femenino.
Brillante el reparto, bien conjuntado y teatralmente feliz como podría ser el de un musical moderno, empezando por la relativa sorpresa del bajo coreano Huanhong Li, Nonancourt de irresistible comicidad y vocalmente notable. Muy bueno el enfurecido Emilio, encarnado por William Allione, de notable contribución de un artista ya en carrera y de fuerte personalidad, que provoca risas incontenibles del público. Hay que mencionar al bien caracterizado Tío Vézinet del tenor Paolo Antonio Levi, al criado Felice de Haiyang Guo, al amanerado Vizconde Achille de Rosalba y luego al Guardia resfriado de Tianxuefei Sun, al Cabo de Wonjun Jo y, cómo no, al (¡verdadero!) violinista en el papel del famoso Minardi, aquí combinado como Estatua del Comendador, del muy talentoso Daniel Bossi.
Entre las mujeres destacaron la encantadora sombrerera de la soprano Fan Zhou de voz muy interesante, la muy lograda Baronesa de la mezzosoprano Marcela Rahal y la excelente Anaide, de voz potente, de la soprano Greta Doveri.
Mención especial para la pareja de los dos amantes: Elena, la soprano Laura Lolita Peresivana, con su timbre persuasivo, muy agradable, excelente línea de canto y fácil emisión en pianissimo y fluida en agilidad. Y Fadinard, el verdadero factotum de esta farsa salvaje, el tenor Pierluigi D’Aloia, de voz penetrante, bello color y musicalidad adamantina. Escénicamente estuvo irresistible en su agitación mercurial. Las comparaciones para ambos (pero también con la larga lista de colegas) son con grandes intérpretes del pasado, desde Mariella Devia y Magda Olivero, en lejanas representaciones holandesas, a Ugo Benelli y Daniela Mazzucato, en la película de 1975 con la partitura dirigida por el compositor, hasta las representaciones milanesas de 1998 con Juan Diego Flórez y Elisabeth Norberrg-Schulz. Ambos intérpretes revivieron la memoria de cantantes legendarios sin verse disminuidos por ello, y no hay mejor cumplido. * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL
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