Historia de la Ópera

ÓA 241. Historia de la Ópera XLVII. La lenta renovación de la ópera en Italia (I)

El país donde nació la ópera fue uno de los más reticentes a la evolución del género durante el transcurso del siglo XX

01 / 12 / 2020 - Verónica MAYNÉS* - Tiempo de lectura: 6 min

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'Amahl & the Night Visitors' de Gian Carlo Menotti, en la Calgary Opera (2018) © Calgary Opera / Trudie LEE
'Il Cappello di paglia di Firenze' de Nino Rota en un montaje con dirección de escena de Elena Barbalich estrenado en el Teatro Petruzzelli de Bari y que viajó al San Carlo de Nápoles © Teatro di San Carlo
Estreno en el Teatro Real de Madrid en 2012 de 'Il prigionero' de Dallapicolla en una producción de Lluís Pasqual con escenografía de Paco Azorín © Teatro Real / Javier DEL REAL
The Consul 'The Consul', de Menotti, en la Seattle Opera © Seattle Opera

El país donde nació la ópera fue uno de los más reticentes a la evolución del género durante el transcurso del siglo XX. Poco a poco la situación fue cambiando en la medida en que los compositores italianos se decidieron a transitar por múltiples caminos, desde mantenerse en la tradición a apostar por la innovación, optar por soluciones comerciales o decantarse por la experimentación.

La variedad de estéticas en la Europa del siglo XX creó bandos en el país que vio nacer al melodrama, más reticente al cambio. Casella, Malipiero y Pizzetti pertenecen a la generación italiana de 1880, heredera de la tradición pero también dispuesta a la innovación. Dallapiccola se adscribió a la corriente más experimental, y Menotti y Rota eligieron un camino más comercial. Sus creaciones provocaron cambios sustanciales en la cultura musical italiana y en el gusto del público: Italia comprendió con ellos la riqueza del eclecticismo sonoro.

Alfredo Casella (Turín, 1883-Roma, 1947), excelente pianista y director de orquesta, se inició en la composición de la mano de Fauré, e influenciado por la estética tardorromántica. En 1923 crea la Corporazione delle Nuove Musiche, asociación que difundía la música moderna italiana, a la que pertenecían también Gian Francesco Malipiero y Gabriele d’Annunzio. Casella resucitó la obra de Vivaldi y de los Scarlatti, además de reeditar obras pianísticas de Beethoven y otros autores.

Alfredo Casella

En 1932 estrena su primera ópera, La donna serpente, con libreto de Cesare Vico Lodovici basado en una fábula de Carlo Gozzi. Casella buscaba un teatro distanciado del verismo y de la profundidad y sentimentalidad romántica, más cercano al objetivismo de la corriente modernista. En esta ópera mágica, el hada Miranda desea casarse con el rey Altidor; Demogorgon, rey de las hadas, acepta el matrimonio de su hija a condición de que no revele su identidad durante nueve años y un día, y de que supere duras pruebas, bajo la amenaza de convertirse en una serpiente. Casella –defensor de la corriente neoclásica–, definió la obra como una síntesis estética de lo fantástico, lo cómico y lo heroico, al estilo de las antiguas pasiones dramáticas. La fábula de Gozzi contenía todos los ingredientes buscados por Casella: figuras fantásticas presentadas como marionetas, cambios repentinos de ambientación, situaciones absurdas y personajes tragicómicos sacados de la commedia dell’arte. La ópera revisa el estilo barroco con una sonoridad cercana a la expresión del lamento y del arioso, con la participación del coro en la línea del madrigal. En su búsqueda de un estilo en el que primase la música sobre el texto, Casella compuso La favola di Orfeo, ópera de cámara en un acto, estrenada en 1932. Con la figura mitológica operística por excelencia, Casella defendió la transparencia del discurso musical, y la supremacía de la música sobre la acción, el recitar cantando de las primeras óperas.

"Pizzetti buscó la renovación de la música italiana partiendo de los modelos antiguos"

Como Casella, Ildebrando Pizzetti (Parma, 1880-Roma, 1968) buscó una renovación de la música italiana partiendo de los modelos antiguos. El momento crucial de su trayectoria se produjo en 1905, cuando ganó un concurso para escribir la música de la tragedia La nave, de Gabriele D’Annunzio (Pescara, 1863-Gardone-Riviera, 1938). El contacto entre poeta y músico marcó el camino a seguir, entre otras cosas, por desear ambos la resurrección de la música antigua italiana; Pizzetti, influenciado por D’Annunzio, escribió varias piezas instrumentales y vocales inspiradas en la tradición barroca. Pizzetti deseaba alejarse de la tiranía de Wagner, Debussy o Richard Strauss, y lo hizo con Fedra, primer éxito del binomio Pizzetti-D’Annunzio.

El creador de Assassinio nella cattedrale (Scala, 1958), creó un nuevo lenguaje dramático fusionando música y poesía, respetando el ritmo natural de la lengua italiana, y recuperando los objetivos estéticos de la Camerata Fiorentina: potenciar el sentido de la poesía mediante el recitar cantando, reproducir el texto con una declamación clara y dramática, utilizar líneas melódicas simples, y presentar el coro como elemento colectivo que impulsa la acción. No por casualidad, la masa coral será el auténtico protagonista de su siguiente éxito, Debora e Jaele, estrenada en 1922 con libreto propio, y un buen ejemplo del magisterio de Pizzetti a la hora de escribir las partes corales. En su última ópera, Clitennestra, tragedia musical con libreto suyo inspirado en Esquilo y Sófocles, Pizzetti muestra su excelente dominio de la orquesta para recrear no solo escenas, sino también la evolución psicológica de los personajes. El coro, de bellísimas resonancias arcaicas, es otro de los logros de la obra.

Legado histórico y familiar

Gian Francesco Malipiero (Venecia, 1882-Treviso, 1973), nieto del compositor operístico Francesco Malipiero (Rovigo, 1824-Venecia, 1887), se interesó también por el género lírico. Como miembro de la Corporazione delle Nuove Musiche defendió el legado histórico musical italiano y reeditó las obras completas de Montever­di, además de revisar la obra instrumental de Vivaldi. Malipiero fue un autor versátil que defendió la libertad estructural creativa y escribió numerosas sinfonías, conciertos, música de cámara y óperas. Su lenguaje, inspirado en la tradición y abierto a la renovación, se compone de ideas musicales caleidoscópicas, que se enlazan entre sí mediante un ritmo libre. Su primera ópera fue L’Orfeide, en tres partes, La morte delle maschere, Sette canzoni y Orfeo, estrenada en 1925. La primera de ellas, en la que unas máscaras son encerradas en un armario, es una crítica a la artificiosidad del pasado en beneficio de un naturalismo contemporáneo. Malipiero resalta el sentido de las palabras con una música basada en su acentuación natural: el conjunto es un manifiesto para que el teatro abandone todo academicismo y se base en la realidad.

Gian Francesco Malipiero

En 1934 presenta La favola del figlio cambiato, en tres actos y cinco cuadros y con texto del dramaturgo Luigi Pirandello, caso excepcional por la reticencia del músico a aceptar libretos ajenos. En la fábula, un bello príncipe es arrebatado a su madre sustituyéndolo por un ser deforme. Pirandello exponía la dialéctica entre realidad y ficción, contraste que Malipiero aprovechó para presentar la relación entre palabra y música con un uso extensivo del recitativo y una vocalidad cercana al verismo. La obra fue censurada por Mussolini por las connotaciones políticas metafóricas de la historia y por ser «alienante» y atonal. Pirandello envió una carta al dictador pidiendo explicaciones y recibió un «porque así me lo ha parecido». Para evitar futuras prohibiciones, Malipiero eligió libretos clásicos, como Giulio Cesare (1936) –que dedicó de forma oportunista a Mussolini– o Antonio e Cleopatra (1938).

Luigi Dallapiccola (Pisino, 1904-Florencia, 1975) fue uno de los primeros operistas italianos que apostó por el dodecafonismo, pese a la desaprobación del sector reaccionario. Su inicio operístico fue Volo di notte, escenificada en 1940 con libreto propio inspirado en un texto de Saint-Exupéry. En 1950 estrena Il prigioniero, ópera que reafirma su estilo en la que reivindica la libertad del individuo y de la creación artística. En 1939 Dallapiccola leyó La torture par l’esperance, de los Nouveaux contes cruels de Villiers de l’Isle-­Adam, quedando impresionado por su crudeza. En la historia, ambientada en España en el siglo XVI, un prisionero es condenado a muerte por la Inquisición. Tras sufrir torturas, la última de ellas se presentará como la más cruel: el carcelero le promete facilitarle la fuga y, tras liberarlo, lo lleva a la hoguera. La ópera sorprende por su simetría, tanto en el sentido arquitectónico como en el estilístico: las intervenciones solistas y corales, los fragmentos líricos y dramáticos o la participación instrumental y vocal se corresponden simétricamente y de forma concéntrica. Las palabras clave del texto –esperanza, hermano, plegaria o libertad–, utilizan series dodecafónicas emparentadas entre sí.

Dallapiccola ejercía una crítica a la tiranía y defendía la lucha contra los absolutismos; la composición de Il prigioniero se inició en 1944, año de la liberación de Florencia, ciudad en la que vivía. Los círculos católicos no vieron con buenos ojos la asociación de la Iglesia con la Inquisición y la clase dirigente advirtió la peligrosidad de interpretar el libreto en términos políticos.

Nino Rota

Además de destacar por sus conocidas bandas sonoras cinematográficas, Giovanni Rota Rinaldi (Milán, 1911 – Roma, 1979), más conocido como Nino Rota, escribió también óperas, entre las que sobresale la deliciosa ll cappello di paglia di Firenze, estrenada en 1955. La obra, una farsa musical en seis cuadros con libreto de Rota y su madre Ernesta –basado en la comedia Un chapeau de paille d’Italie de Eugène Labiche y Marc Michel–, es un vaudeville que describe irónicamente la vida burguesa, y que Rota transformó en divertida comedia. El compositor conocía la versión cinematográfica de René Clair de 1928 (Un chapeau de paille d’Italie), y la de Maurice Cammage, protagonizada en 1941 por Fernandel. ll cappello di paglia di Firenze es una ópera chispeante, de ritmo vertiginoso, con golpes de escena sorprendentes, equívocos típicos de la commedia dell’arte y numerosos guiños estilísticos a Mozart, Offenbach, Verdi, Puccini, Donizetti o Rossini. La obertura incluye algunos de los temas más importantes de la ópera, con citas a Il barbiere di Siviglia; la presencia de Rossini es constante, en los efectos teatrales, en situaciones escénicas típicas y en la evolución del discurso musical. Ciertos elementos recurrentes en las películas de Fellini –como las combinaciones instrumentales de clarinetes y fagots en el registro grave y efectos de carácter grotesco– aparecen también en ll cappello di paglia di Firenze, una ópera a la altura de las obras consagradas del repertorio buffo.

También Gian Carlo Menotti (Cadegliano Viconago, 1911-Montecarlo, 2007), italiano de nacimiento y estadounidense de adopción, fue pionero en escribir óperas, obras escénicas para radio y televisión y también para Broadway. La más celebrada es Amahl and the Night Visitors, la primera compuesta expresamente para la televisión, encargada por la NBC, y estrenada en la Nochebuena de 1951. La inspiración le llegó durante una visita al Metropolitan Museum de Nueva York frente al cuadro La Adoración de los Magos, de El Bosco. Para el papel principal, Menotti eligió a Chet Allen, un niño cantante con grandes dotes teatrales. El éxito fue clamoroso: más de cinco millones de personas vieron la emisión, propiciando la grabación en disco para su comercialización un mes después. Amahl… se convirtió en un clásico navideño, y fue repuesta cada 24 de diciembre durante años. En la obra, Amahl, un pastorcillo que camina con una muleta y que vive con su madre, recibe la visita de los Reyes Magos. La madre, desesperada por la pobreza, intenta robar el oro que custodian para el Niño Jesús, pero Melchor, al comprender la razón del hurto, le regala el oro alegando que Dios no lo necesitará. La mujer renuncia al obsequio y prefiere llevar un presente al Niño; al no tener nada que ofrecer, Amahl propone que se lleven su muleta. Al momento, su pierna se cura milagrosamente. La versión original, especialmente maravillosa por la interpretación de Chet Allen, sigue siendo hoy un clásico referencial. Desgraciadamente, el joven intérprete cambió la voz y en 1953 fue sustituido por otro cantante, finalizando su carrera cinematográfica poco después. Los episodios depresivos sufridos en la edad adulta le llevaron al suicidio por sobredosis de antidepresivos a los 45 años.- ÓA

* Verónica MAYNÉS es musicóloga, pianista, profesora y crítica musical