Estreno de 'Marina', el temprano impulso 'verista' de Giordano

Milán

16 / 02 / 2026 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

Eleonora Buratto y Freddie de Tommaso en el estreno de 'Marina' de Giordano © Teatro Dal Verme / Lorenza DAVERIO

Teatro Dal Verme

Giordano: MARINA

Estreno absoluto. En versión de concierto

Freddie De Tommaso, Eleonora Buratto, Mihai Damian, Nicholas Mogg. Orquesta I Pomeriggi Musicali, Coro del Teatro Petruzzelli de Bari. Dirección: Vincenzo Milletarì. 12 de febrero de 2026.

Corría el año 1888, convocado el Segundo Concurso Sonzogno para Jóvenes Compositores, cuando se presentaron nada menos que 73 participantes. El ganador fue Pietro Mascagni con Cavalleria rusticana. Desconocida para la mayoría, en cambio, fue la participación de un apenas veinteañero Umberto Giordano, natural de Foggia, con Marina, acto único sobre libreto del también napolitano Enrico Golisciani, que se clasificó en la 5.ª posición. Nada mal, sobre todo porque Amilcare Galli, director de la editorial Sonzogno, percibió en aquella prueba «fuerte, marcada, original, la afirmación de un ingenio brillantísimo», que le valió al joven compositor un contrato para su primera ópera llevada finalmente a escena, Mala vita, un dramón verista que en su momento obtuvo un discreto éxito, obnubilado luego por el triunfo del siguiente, y definitivo, Andrea Chénier.

De Marina, dada por perdida, fue descubierta casualmente su partitura autógrafa (adquirida en una subasta en 1896 por la Universidad de Yale) por Andreas Gies, autor de la edición crítica ahora finalmente interpretada en forma de concierto en el ámbito de la 81ª temporada de I Pomeriggi Musicali de Milán en el Teatro Dal Verme, ya reconvertido en auditorio tras haber sido escenario incluso de estrenos absolutos, como Pagliacci de Leoncavallo en 1892, bajo la dirección de Toscanini.

Marina revela en un acto único de poco menos de una hora un talento precoz, generoso en melodías de fácil recepción, buen armonizador y orquestador —preciosas las intervenciones de los instrumentos obligados—, inspirado y preparadísimo, ciertamente deudor del mundo musical que le rodeaba y precedía: desde Ponchielli, de quien se respira a menudo un aura giocondesca, hasta Verdi, casi citado textualmente en el coro inicial, similar a la página de la tempestad de Otello, del año anterior.

La distribución de los números —aria de entrada para la soprano, breve dúo con el tenor, canción folclórica para el barítono y amplio concertante en la primera parte; breve intermezzo, inspiradísima aria para el tenor, grandioso dúo entre soprano y tenor —que anticipa por vigor el final de Chénier— y la precipitada y trágica muerte de los dos infelices amantes— demuestra musicalmente una orientación segura y precisa. Menos afortunado es el libreto, ya desde la débil y previsible trama que, sin embargo, para la época resultó de actualidad: la guerra entre Serbia y Montenegro y el amor imposible entre la bella montenegrina —pretendida, obviamente, por un cruel barítono— y el herido héroe serbio, naturalmente tenor.

"Freddie De Tommaso muestra un timbre varonil y un fraseo ardiente en una tesitura siempre comprometida y que, no obstante, también requiere dulzura y recogimiento"

La propuesta milanesa permite encuadrar la figura de un compositor que nunca ha gozado de las simpatías de la intelligentsia musical. ¿Obra maestra? Puede que no, pero esta es una música valiosa óptimamente ejecutada, con vistas a una próxima edición discográfica para el sello Decca, que posee la exclusiva del tenor italo-británico Freddie De Tommaso, uno de los  más valiosos entre los surgidos recientemente, particularmente versado en este tipo de vocalidad que exige un timbre varonil y un fraseo ardiente en una tesitura siempre comprometida y que, no obstante, también requiere dulzura y recogimiento: sentimientos expresados a la perfección en el aria que abre el segundo acto, «Chissà se un dì di me si sovverrà?», concluida con un magnífico si bemol en pianísimo.

Sonya Yoncheva canceló el compromiso, quizá tras haber echado un vistazo a la partitura, teniendo en cuenta la tesitura impuesta a la soprano. Eleonora Buratto, voz de notable opulencia, amplia y segura en el agudo, compacta y sólida en la zona central y grave, dio vida, como mejor no se podía, a un personaje que pasa de los tonos guerreros de una Abigaille en Nabucco, gritando «¡Exterminio! ¡Exterminio! ¡Exterminio!», a la dulzura de una Amelia que confiesa su amor por Riccardo en el gran dúo de Un ballo in maschera. Simplemente ideal para una parte breve, pero intensa.

Bien el barítono rumano en rápido ascenso Mihai Damian, en la parte del cruel y vengativo Lambro, a quien corresponde un brindis montenegrino que remite al Escamillo de Carmen. No más que correcto el barítono británico Nicholas Mogg, Davide, hermano de Marina.

En gran forma la orquesta de I Pomeriggi Musicali, dirigida con pasión y celo por el excelente maestro Vincenzo Milletarì. Preciosa la aportación del Coro del Teatro Petruzzelli de Bari, instruido por Marco Medved, en sus breves y decisivas intervenciones. Teatro abarrotado; éxito calurosísimo, con puntas de entusiasmo para De Tommaso y Buratto.  * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL

.wt-cli-cookie-bar-container { display: none !important; } #etiquetas_noticias_relacionadas, #pf-src-icon, #cabecera_noticia { display: none !important; } #pf-content #pf-header-img { max-height: 100px !important; margin-bottom: 40px !important; } #pf-content img { width: 100% !important; height: auto !important; } #printfriendly img { width: 100% !important; height: auto !important; }