Bros celebra su carrera con zarzuela romántica y belcantista

Madrid

06 / 02 / 2025 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

zarzuela madrid El tenor José Bros y el pianista Marco Evangelisti © Festival Perelada

Teatro de La Zarzuela

Recital de JOSÉ BROS

Obras de Reveriano Soutullo y Juan Vert, Federico Moreno Torroba, Isaac Albéniz, José Serrano, Rafael Martínez Valls, Jacinto Guerrero, Pablo Sorozábal, Jesús Guridi, Manuel de Falla, Franz Schubert y Gustav Mahler. Marco Evangelisti, piano. 4 de febrero de 2025.

Para celebrar su larga y muy fructífera carrera, el tenor barcelonés José Bros, Premio ÓPERA ACTUAL 2012, ha escogido el Teatro de La Zarzuela y ofreció en su escenario, junto con su fiel compañero Marco Evangelisti al piano, una selección de romanzas del repertorio lírico español. Era un gesto arriesgado, porque buena parte de estas piezas plantean importantes exigencias canoras. Y lo era más aún cuando el acompañamiento de piano, aunque sea tan excelente como lo fue el de Evangelisti, deja al cantante prácticamente solo ante el peligro: hay que reconocerle a Bros, por tanto y en primer lugar, la valentía que muestra su apego hacia esta música que tan bien conoce. Y sigue cantando tan bien, porque el centro sigue siendo tan hermoso y tan dulce como siempre, el fraseo igual de elegante y la expresividad tan rica y matizada como lo fue desde el principio, aunque en ocasiones los agudos salgan un poco más forzados y el timbre adquiera algún matiz metálico.

Evidentemente, a la hora de plantear una celebración como esta, no es casual el título escogido: Romántico de zarzuela puede parecer algo tópico, pero no lo es si se piensa, justamente, en la trayectoria de Bros, quien ha compaginado la zarzuela con la ópera belcantista romántica. Como los grandes cantantes avezados a la primera, ha sabido infundir en el repertorio operístico toda la intención, la sutileza y la variedad expresiva propia del género lírico español. Y a la inversa, Bros también ha sabido cantarlo cumpliendo todas las expectativas canoras y estéticas que le son propias. Por eso este recital en el Teatro de La Zarzuela prometía ser una fiesta de bel canto español, o de romanticismo zarzuelístico, si se prefiere.

"Bros ha sabido infundir en el repertorio operístico toda la intención, la sutileza y la variedad expresiva propia del género lírico español"

Y así fue. Josep Bros arrancó con una “Bella enamorada”, de El último romántico, llena de sutileza expresiva, siguió con esa muy particular expresión de nostalgia —entre la querencia al escenario de la juventud y la llamada de la aventura— que condensa tan sabiamente “De este apacible rincón de Madrid”, de Luisa Fernanda, hasta alcanzar una de las cumbres expresivas de la velada con la emocionante “La roca fría del Calvario”, cantada con un fraseo intencionado y un legato fabuloso, tanto que en algún momento la romanza de La Dolores parecía una saeta cantada en una procesión: pocas veces se escucha la técnica belcantista puesta de este modo al servicio de una expresión estética tan intrínsecamente española. Los músicos y los responsables de la programación musical deberían tener más en cuenta esas convergencias, por así llamarlas, tan esclarecedoras. Otro tanto ocurrió con la famosísima “¡Yo no sé qué veo en Ana Mari!”, de El caserío, cantada a media voz y con un control de fiato impresionante, al borde del suspiro y como deteniendo el tiempo.

Preciosos, por su parte, los adornos, muy humorísticos y muy virtuosísticos, en la canción guajira “Al mismito rey moro” de La alegría del batallón. La evocación de “Pirineu, tes blanques comes”, de Cançó d’amor y de guerra, de Rafael Martínez Valls, dio el toque intimista que se prolongó en las propinas con el “Maig” de Toldrà.

Marco Evangelisti, además de acompañar con suntuosidad y eficacia al tenor, obsequió al público con un espléndido pequeño recital: la malagueña “Rumores de la Caleta” de Albéniz, y la “Danza del molinero” de Falla. José Bros le dedicó un hermoso y más que merecido homenaje, con el aplauso de un público que conoce y aprecia a Evangelisti.

Entre las propinas ambos intérpretes interpretaron una preciosa romanza, apenas conocida, “Como heridas palomas van por el cielo”, de La tirolesa (1927), de Adela Amaya.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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