CRÍTICAS
NACIONAL
Interpretación de lujo del Händel más sublime
Madrid
Teatro Real
Händel: JEPHTHA
En versión de concierto
Michael Spyres, Joyce DiDonato, Melissa Petit, Cody Quattlebaum , Jasmin White, Anna Piroli. Il Pomo d’Oro. Dirección: Francesco Corti. 1 de mayo de 2025.
El oratorio Jephtha es el último que escribió Händel, ya al borde de la ceguera. Eso le ha otorgado siempre un significado y una trascendencia especiales, y algún crítico ha comparado el coro final con las últimas palabras de adaptación de aceptación que escribió Beethoven en comentario a su último cuarteto. Nunca se sabrá si a Händel, consciente de su genio, como no podía ser menos, pero menos pretencioso que Beethoven, le gustaría la comparación. En cualquier caso, Jephtha es una obra extraordinaria. Contiene alguno de los coros más expresivos y dramáticos —o teatrales— de su autor, un quinteto famoso. También algunas páginas de menor fuste, como la primera intervención del protagonista, que no levanta vuelo, sobre palabras tan voluntariosas y triviales como “Virtue my soul shall still embrace”, y las iniciales de su hija, Iphis, de un almibaramiento difícil de digerir, hasta que alcanza la redención —también musical— al aceptar la triste suerte a la que le ha condenado el temerario juramento de Jephtha, Jefté en español. En realidad, Händel se las arregla para satisfacer a su muy autosatisfecho público londinense y rebaja con una inconsistente intriga amorosa el brutal episodio de las Escrituras. También consigue rescatar algo de la grandeza inhumana de este —que acaba mal, obvio es decirlo— con una seriedad cada vez mayor en la escritura coral y en la intensidad dramática, hasta alcanzar una evocación impresionante de la trascendencia en el coro final de Israelitas (“Ye house of Gilead, with one voice”).
Para lograr todo su efecto, Jephtha requiere voces, sin problemas en los virtuosismos canoros, pero también grandes, dramáticas, capaces de dotar al discurso musical de su intensidad dramática. En esta velada, este requisito se cumplió de sobra. En el papel protagonista de esta versión de concierto en el Teatro Real, Michael Spyres hizo gala de lo que ya se ha convertido en marca de la casa: la seguridad que le otorga la amplitud de registro, su perfecto centro, la limpieza del ataque y la consistencia y la nobleza del sonido, capaz de expresar todas las emociones sin caer nunca en la exageración. Joyce DiDonato, en el papel de su amada y atormentada esposa, convirtió su actuación en una gran lección de canto, por la variedad de registros, la belleza del instrumento, la facilidad con la que alcanza las zonas bajas, y por la expresividad con que supo reflejar el personaje más complejo de la obra, aunque inventado. Iphis, la hija destinada al sacrificio le cayó en suerte a la soprano Melissa Petit, que con un timbre cristalino y perfecto para el papel, sacó adelante con toda la intensidad posible sus arias iniciales para luego ir alcanzando cotas de una humanidad cada vez mayor. Fabulosa Jasmin White, en el papel travestido de Hamor, con su bien conocida facilidad para la coloratura, que gracias a una técnica infalible y a una línea de canto elegantísima, consigue dotar de la humanidad más atractiva, lejos del despliegue gratuito de adornos. Muy bien el Zebul del aquí más bajo que barítono Cody Quattlebaum, de voz tan imponente y grandiosa, casi temible, como su espléndida cabellera. Y estupenda y conmovedora la intervención final de Anna Piroli, que siempre sabe encontrar la expresión conmovedora, en su breve pero fundamental aparición de Ángel redentor.
El coro, por su parte, comenta la acción, a la manera de la tragedia antigua, pero también participa en ella, como un personaje más, el más importante, seguramente. Admirable la actuación del Pomo d’Oro, con una sutileza y una variedad al parecer infinitos, con cometidos nada fáciles, que combinan cromatismos llamativos, contrastes dinámicos y complicaciones contrapuntísticas. Y gran interpretación la de la Orquesta, precisa, matizada, llena de colores, bajo la dirección nunca exagerada ni forzada del gran Francesco Corti, maestro en el arte de conseguir que el repertorio barroco aparezca colmado de matices y de afectos imprevisibles, muy lejos de la rutina como de la militancia. Una interpretación de lujo que fue premiada con grandes aplausos. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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