'Il nome della rosa', una 'grand-opéra' para el siglo XXI

Milán

15 / 05 / 2025 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

damiano michieletto El estreno absoluto de 'Il nome della rosa' de Francesco Filidei © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
damiano michieletto Kate Lindsey como Adso en el estreno absoluto de 'Il nome della rosa' de Francesco Filidei © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
damiano michieletto El estreno absoluto de 'Il nome della rosa' de Francesco Filidei © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Francesco Filidei: IL NOME DELLA ROSA

Estreno absoluto

Kate Lindsey, Lucas Meachem, Gianluca Buratto, Fabrizio Beggi, Roberto Frontali, Giorgio Berrugi, Daniela Barcellona, Leonardo Cortellazzi. Dirección musical: Ingo Metzmacher. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 10 de mayo de 2025.

Este ha sido un gran proyecto del Teatro alla Scala de Milán:  Il nome della rosa, estreno absoluto de una grand-opéra del tercer milenio encargada junto con la Opéra National de Paris y en coproducción con el Teatro Carlo Felice de Génova al compositor Francesco Filidei, a quien ÓPERA ACTUAL entrevistaba en su número de abril-mayo (ver entrevista en este enlace). Recibida con un halagador éxito de público —al menos por parte de quienes no abandonaron la sala tras la primera parte de hora y media de duración— y también de crítica, se asimiló como si se tratase de una ópera de repertorio. En esta, la última función, aparecieron en escena antes de que bajara el telón el compositor y también el director de escena, Damiano Michieletto.

Sobra decir que el argumento es sobradamente conocido, ya sea por la novela publicada en 1980 —debut de Umberto Eco en el ámbito de la narrativa histórica— o, sobre todo, por la película de 1986 y la miniserie de televisión de 2019. El libreto, escrito a cuatro manos por el propio compositor y Stefano Busellato, con la colaboración de Hannah Dübgen y Carlo Pernigotti, aun simplificando la trama y reduciendo el número de personajes, se mantiene fiel a la idea original.

Damiano Michieletto, con el respaldo del dramaturgo Mattia Palma —figura que hoy parece indispensable en todo montaje lírico— y gracias a un equipo formidable compuesto por Paolo Fantin (escenografía), Carla Teti (vestuario), Fabio Barettin (iluminación) y Erika Rombaldoni (coreografía), construyó un espectáculo monumental. Toda la acción se desarrollaba en un único y enorme espacio, literalmente enclaustrado, con el coro —voz de la memoria de Adso ya anciano— ubicado casi siempre en lo alto, como si estuviera en el coro de un convento. Se planteó una dirección escénica sin sobresaltos, lineal, con muchas analogías con el filme, incluso en la caracterización de los personajes; entre las pocas ideas originales, destacó un enorme bajorrelieve gótico del que emergen figuras masculinas como gusanos, inspirando a Adso, joven aprendiz de monje, los primeros picores de la libido. El personaje de la única mujer —una campesina acusada de brujería y condenada por la Inquisición— se desdobla entre una soprano, que también da voz a la Virgen María, y una figurante completamente desnuda. Hay que reconocer, sin embargo, la narración fluida y una distribución impecable de la imponente masa humana que a menudo poblaba el escenario.

"Adso fue interpretado por la mezzosoprano Kate Lindsey, absolutamente perfecta tanto por color vocal como por interpretación, incluso en las frases habladas"

Otro asunto es la música de Filidei, que no hace suyo el lema pucciniano «la brevità, gran pregio», ya que la primera parte se hace realmente larga: ofrece el típico declamado sobre un pentagrama en el cual la atonalidad se fusiona con los ruidos, siguiendo un esquema casi matemático, con simetrías difícilmente identificables o relevantes. En la segunda parte —de 70 minutos— la acción y la música ganan dinamismo, llegando incluso a citar Falstaff («tutto nel mondo è burla!») y momentos claramente inspirados en Turandot. Sin embargo, la música pensada para una ópera, si desea volver a ser popular, debería explorar otros caminos.

Eso no quita mérito a la interpretación de la Orquesta de La Scala, dirigida por Ingo Metzmacher, que brilló, aunque bien podrían haber desafinado o entrado a destiempo sin que el público lo notara. Magistral el trabajo del coro, auténtico protagonista, junto al de las voces blancas de La Scala, dirigidas respectivamente por Alberto Malazzi y Bruno Casoni. Impecable la figuración, que sin duda contribuyó al éxito de la velada, y excelente el reparto, formado íntegramente por primeras figuras: Adso fue interpretado por la mezzosoprano Kate Lindsey, absolutamente perfecta tanto por color vocal como por interpretación, incluso en las frases habladas; magnífico también el barítono Lucas Meachem como Guillermo de Baskerville, el personaje que interpretó el mítico Sean Connery en el cine.

Destacaron igualmente Gianluca Buratto como el pérfido Jorge de Burgos; Fabrizio Beggi como el Abad; Roberto Frontali, en el papel grotesco de Salvatore; y Giorgio Berrugi como Remigio da Varagine, ambos condenados a la hoguera. Estupenda y perfectamente caracterizada, Daniela Barcellona en el papel del inquisidor Bernardo Gui y muy aplaudido también Leonardo Cortellazzi, tanto como Venancio —el primer asesinado por envenenamiento— como en su papel posterior de Alborea, uno de los legados pontificios.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL

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