Iain Bell y Lydia Steier revelan la cara oculta del monstruo

Bruselas

19 / 05 / 2026 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

El estreno absoluto de 'Medusa' de Iain Bell © La Monnaie / Simon Van ROMPAY
El estreno absoluto de 'Medusa' de Iain Bell © La Monnaie / Simon Van ROMPAY
El estreno absoluto de 'Medusa' de Iain Bell © La Monnaie / Simon Van ROMPAY

La Monnaie / De Munt

Iain Bell: MEDUSA

Estreno absoluto

Claudia Boyle, Paula Murrihy, Angela Denoke, Josh Lovell, Konstantin Gorny, Anu Komsi, Mary Elizabeth Williams. Dirección musical: Michiel Delanghe. Dirección de escena: Lydia Steier. 17 de mayo de 2026.

El momento más acongojante de la representación de Medusa en La Monnaie no tenía música, solo un silencio terrible roto por los gemidos de la protagonista tras ser violada por Poseidón. Era una escena dura (el propio teatro había advertido a los espectadores), pero para nada gratuita y sí dramáticamente coherente con el objetivo propuesto por los creadores de la ópera estrenada por el teatro bruselense, el compositor británico Iain Bell y la libretista y directora de escena estadounidense Lydia Steier.

Dar voz a las mujeres, permitir que ofrezcan con libertad su punto de vista, en especial ante hechos tan traumáticos, es un imperativo de nuestro tiempo, por desgracia aún demasiado empapado de machismo y violencia. Un imperativo que también se puede aplicar a la relectura de historias y mitos creados siglos atrás, como el de la gorgona Medusa, de cabellera hecha de serpientes y mirada que petrifica a quien se cruce ante sus ojos. Un monstruo, en definitiva, que tiene su origen, ya en algunas fuentes antiguas, en una tremenda injusticia. Sí, Poseidón la viola, pero en un proceso aún demasiado reconocible de revictimización, la diosa Atenea castiga a la joven por permitir que se apague el fuego sagrado y manchar de sangre su templo.

Esta es la historia que narran Bell y Steier, la de una joven virgen agredida por un poderoso que no quiere oír su rechazo al acto sexual y castigada por una poderosa a quien no le interesan los hechos. Pero la trama da una vuelta de tuerca con la muerte de la protagonista a manos de Perseo. Antes de la agresión de Poseidón, Medusa había quedado obsesionada por la nana que Dánae, la madre del héroe (fruto de la violación por otro dios) cantaba a su hijo, mientras erraban por el mar. Una nana que la gorgona recuerda y que le permite establecer una conexión casi maternal con Perseo, obligado a cortarle la cabeza para salvar a Dánae. La muerte de Medusa no es, pues, el triunfo de un héroe todopoderoso (y masculino) sobre un monstruo femenino, sino un acto de compasión, de liberación. ¿De redención, incluso?

La nana, con su tono dulce y acariciador, constituye uno de los polos de la partitura de Bell. El otro es el ominoso, amenazador coro masculino en off que entona el nombre de Medusa y que se propaga como una ola sonora. Compositor bregado en el género, para su sexta ópera, como las anteriores, sobre un libreto en inglés, Bell construye de forma formidable el primer acto, combinando los despliegues casi belcantistas de la protagonista con las admoniciones de sus hermanas, dentro de un desarrollo donde los ecos de Britten o Tippett no están muy lejanos. La entrada en el templo de Atenea tiene una música más hierática, ceremonial, rota por la implacable percusión que acompaña a la violación. Para la maldición final de Atenea, Bell crea un clima paroxístico, con las voces de tres sopranos (Medusa, la diosa y la Gran Sacerdotisa) escalando las alturas mientras la orquesta está en plena ebullición. El segundo acto no siempre consigue mantener el mismo nivel de inspiración, ya sea en el aria con contrastadas secciones con la que Medusa explica su nueva realidad o en el extenso dúo con Perseo en el que, salvando todas las distancias, se puede detectar parecida intermitencia en la tensión que en la escena entre los straussianos Ariadne y Bacchus. En todo caso, Medusa es una ópera remarcable que afronta de cara y con sensibilidad un tema nada cómodo.

"Protagonista absoluta, Claudia Boyle cargó sobre sus espaldas con el peso de la obra, y la llevó a buen puerto gracias a una voz dúctil, cómoda en los efluvios melismáticos"

Protagonista absoluta, Claudia Boyle cargó sobre sus espaldas con el peso de la obra, y la llevó a buen puerto gracias a una voz dúctil, cómoda en los efluvios melismáticos gracias a un timbre luminoso y con suficientes reservas para los pasajes más tensos. La soprano irlandesa hizo dolorosamente palpable el paso de la inocencia a la tragedia de Medusa, con una entrega escénica total que incluyó los movimientos sinuosos una vez transformada en monstruo. Las hermanas protectoras Euryale y Stheno fueron encarnadas con acierto por Paula Murrihy y Angela Denoke, más cálida la primera, más opaca la segunda. La buscada contención con la que Bell escribe el papel de Poseidón fue bien entendida por Konstantin Gorny (de hecho, casi tan terrible es lo que dice como lo que hace), mientras que Josh Lovell fue un Perseo de agudo brillante. La Gran Sacerdotisa de Anu Komsi desplegó todo un arsenal de efectos vocales tras perder la capacidad de hablar por la maldición de Atenea, una Mary Elizabeth Williams lacerante en sus furiosas invectivas, mientras que, fuera de escena, Marie-Juliette Ghazarian aportó una luz bienvenida a la nana de Dánae. Michiel Delanghe dirigió con mano segura las excelentes fuerzas estables de La Monnaie (aunque no siempre visible, el coro tiene un papel relevante), manteniendo el pulso de la representación.

Como directora de escena, Lydia Steier rehuyó el estilo recargado de producciones anteriores, para buscar una estética más depurada y atemporal, imponiendo un ambiente tenebroso. La escenografía de Flurin Borg Madsen se basaba en diferentes plataformas movidas por una cohorte de criaturas inquietantes, rodeadas, en el segundo acto, por los cuerpos petrificados por Medusa, mientras que en el vestuario de Katharina Schlipf contrastaba la aparatosidad de las sacerdotisas y sus máscaras con la caracterización monstruosa de Medusa. En una dirección de actores bien atinada no era casualidad que el violador apareciera con un impoluto traje blanco contemporáneo. Con Medusa, Christina Scheppelmann continúa con éxito la buena senda en favor de la nueva creación operística emprendida por sus antecesores en La Monnaie. La première de la ópera se retransmitió gratuitamente por OperaVision.  * Xavier CESTER, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL

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