CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Calixto Bieito, en los traumas de Idomeneo en su debut en La Monnaie
Bruselas
La Monnaie-De Munt
Mozart: IDOMENEO
Nueva producción
Joshua Stewart, Gaëlle Arquez, Shira Patchornik, Kathryn Lewek. Dirección musical: Enrico Onofri. Dirección de escena: Calixto Bieito. 20 de marzo de 2026.
La primera obra maestra del canon operístico de Mozart, Idomeneo, re di Creta, ha sido el título con el cual Calixto Bieito ha añadido La Monnaie-De Munt a la ya larga lista de teatros de prestigio en los que ha dirigido, en un montaje coproducido con el Teatro Nacional de Praga donde se estrenó el pasado mes de septiembre. Lejos de cualquier tentación de recrear la antigüedad mitológica (aunque aparece una estatua de Neptuno), Bieito centra su mirada en la zozobra interna de los protagonistas, cuatro personajes desquiciados por motivos diversos: Idomeneo, traumatizado por su experiencia en la guerra que le impide conectar con su hijo; Idamante, desconcertado por el rechazo paterno y atraído por la hija del rey enemigo; Ilia, desesperada por la contradicción de llorar por la pérdida de patria y familia y amar al hijo de uno de sus verdugos; Elettra (que ya venía desequilibrada de casa), rabiosa ante el temor de perder la última oportunidad de estabilidad en su vida.
El conocido estilo directo con destellos de violencia del regista, Premio ÓPERA ACTUAL 2019, se contrapone con un marco aséptico, unos paneles móviles translúcidos, obra de la escenógrafa Anna-Sofia Kirsch, con los cuales una serie de personajes vestidos por Paula Klein con largas batas blancas, como personal de un psiquiátrico, intentan contener la ebullición anímica de los protagonistas. Sin éxito, por descontado, aunque al final la pareja joven parece capacitada para escapar de la rueda infernal en la que habitan, mientras que Idomeno y Elettra quedan reducidos a una pulsión suicida. Pese a algunos detalles curiosos (la fijación fetichista de Elettra por los zapatos de su amado, la lluvia de bidones de plástico, referencia a la contaminación de un mar poco presente), la sensación general es de una fórmula aplicada con oficio.
El impacto mitigado del montaje no fue compensado por la dirección musical de Enrico Onofri. Su experiencia en la interpretación con criterios históricos quedó patente con la sonoridad que buscó en la orquesta, con metales y percusión explosivos, y una cuerda más anémica que seca. Una madera envolvente fue la excepción a una prestación de la Orquesta de La Monnaie por debajo de su nivel habitual, y tampoco el coro tuvo su mejor día: los tiempos fluctuantes de Onofri jugaron en contra de la continuidad dramática de un discurso que solo en contadas ocasiones levantó el vuelo. A nivel textual, junto a la previsible supresión del ballet, hubo diversos cortes, incluido el personaje de Arbace, algunas frases del cual fueron adjudicadas al Gran Sacerdote de Neptuno, otra figura albina que intentaba controlar infructuosamente las reacciones de Idomeneo.
El cuarteto protagonista fue la principal fuente de satisfacción de la velada. Figura imponente y voz recia, aunque algo leñosa, Joshua Stewart encarnó su primer Idomeneo con una cabal comprensión del tormento interior del rey de Creta, sorteando con solvencia las agilidades de “Fuor del mar”. Gaëlle Arquez fue un Idamante de instrumento carnoso y emotividad a flor de piel, bien complementado por la Ilia de voz dulce (también liviana) y fraseo tierno de Shira Patchornik. Una de las Reinas de la Noche de referencia de nuestro tiempo, Kathryn Lewek, triunfó con merecimiento en su debut como Elettra, alternando la tersura de “Idol mio” con los acentos vitriólicos de una virago furibunda: “D’Oreste, d’Aiace”, coronado por un espectacular do agudo, fue uno de los momentos álgidos de la representación. Si Frederic Jost cumplió como La Voz, el Gran Sacerdote de Michael J. Scott estuvo lastrado por un timbre poco agraciado y una dicción imposible. * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL
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