El maduro 'Parsifal' de Heras-Casado, mejor en analógico

Bayreuth

01 / 08 / 2025 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 4 min

Parsifal Bayreuth La producción de 'Parsifal' de Jay Scheib, con dirección musical de Pablo Heras-Casado © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH
Parsifal Bayreuth La producción de 'Parsifal' de Jay Scheib, con dirección musical de Pablo Heras-Casado © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH
Parsifal Bayreuth La producción de 'Parsifal' de Jay Scheib, con dirección musical de Pablo Heras-Casado © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH

Festival de Bayreuth

Wagner: PARSIFAL

Georg Zeppenfeld, Michael Volle, Andreas Schager, Ekaterina Gubanova, Jordan Shanahan. Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth. Dirección musical: Pablo Heras-Casado. Dirección de escena: Jay Scheib. 30 de julio de 2025.

Por tercer año consecutivo se ha podido ver en el Festival de Bayreuth el Parsifal de Jay Scheib y Pablo Heras-Casado, que en el momento de su estreno causó furor por la implementación de la tecnología de la realidad virtual y aumentada. El director español, al mando de la excelente orquesta del festival, mantiene a flote la producción, que empieza a decir sus últimas palabras. Las famosas gafas ya no sorprenden a nadie, y hasta parecen generar desinterés entre el público: en la première de esta tercera edición se veían vacíos muchos asientos preparados para el artilugio digital, mientras que el resto de localidades estaban agotadas.

"Por encima de todos resonó el timbre noble y exacto de Georg Zeppenfeld, que superó con creces la prueba hercúlea de encarnar a Hans Sachs y a Gurnemanz en una misma edición del Festival"

Quizás la versión analógica de este Parsifal ofrece ya suficientes estímulos, con sus filmaciones en directo y su sobresaturación cromática. La realidad aumentada por los efectos digitales a la que se tiene acceso gracias a las gafas, sin embargo, añade una capa de significado a la distopia ecológica que propone Jay Scheib, cuya pátina de película de ciencia ficción barata casa medianamente bien con la nebulosa profundidad del último opus wagneriano. Sin hacer referencia a un único universo simbólico –el de la francmasonería, sin duda presente, dialoga con muchos otros–, el bombardeo constante con formas e imágenes sirve de comentario de la trama y ofrece puntos de anclaje al espectador. La aparición de una grande serpiente que se muerde la cola sobre el desgarrador “Wehvolles Erbe” de Amfortas en el primer acto es un buen ejemplo de ello. Lástima que Scheib y los suyos hayan trabajado tan poco en perfeccionar esta herramienta, que sigue siendo la misma después de tres años, perdiendo así una buena oportunidad de poner en práctica el famoso concepto del Werkstatt Bayreuth.

En la noche del miércoles, el reparto volvió a acaparar toda la atención, por lo bueno y por lo malo. Uno de los mejores fue el barítono Jordan Shanahan como Klingsor, cuya voz redonda y desenvoltura sobre el escenario –en la versión de Jay Scheib el antagonista de la ópera es un descarado héroe queer, casi una drag queen– ya convencieron la edición pasada. En presencia escénica, Shanahan solo se vio superado por el aclamado Michael Volle en el papel de Amfortas, por lo demás muy estándar a nivel vocal y un poco reticente a ceñirse a los tempos de la orquesta, especialmente en el “Ein wenig Rast” del primer acto. Tampoco Ekaterina Gubanova cantó al cien por cien, aunque bordó el delicado “Ich sah das Kind an seiner Mutter Brust” del segundo acto, y Andreas Schager volvió a ofrecer un Parsifal demasiado histriónico y con problemas de afinación en algunos pasajes expuestos.

Georg Zeppenfeld como Gurnemanz

Por encima de todos ellos resonó el timbre noble y exacto de Georg Zeppenfeld, que superó con creces la prueba hercúlea de encarnar a Hans Sachs y a Gurnemanz en la misma edición del Festival: el bajo sajón sabe llevar ambos papeles a un insólito casi-parlato, expresivo y siempre respetuoso con la línea melódica, sin por ello faltar a los momentos más expansivos de la partitura: la guinda del pastel la puso su interpretación del mi agudo sobre la palabra «Haupt», al inicio del culminante «Karfreitagszauber».

Otro de los puntos fuertes de Zeppenfeld fue su excelente compenetración con el foso cubierto, capitaneado por un ya establecido Pablo Heras-Casado; algo así como una evolución natural de la dirección del granadino hacia el mainstream de la interpretación wagneriana puede observarse mediante la comparación de sus tres temporadas en Bayreuth. Si en el año del estreno su batuta convencía por sacar a la orquesta del plano acompañante y convertirla en una voz más en diálogo con las otras, su Parsifal maduro del tercer año se muestra, en general, menos incandescente, y espera a los fragmentos sinfónicos –como el preludio del primer acto, o el pasaje del tercero antes del descubrimiento de Parsifal por Gurnemanz y Kundry– para brillar con luz propia. Tanto el conjunto instrumental como el coro, que en la velada del miércoles ofrecieron su mejor versión, parecieron amoldarse bien a esta nueva faceta del maestro español. * Lluc SOLÉS, corresponsal en Bayreuth de ÓPERA ACTUAL

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