El exhuberante debut de Malin Byström en la Schubertíada

Vilabertran

29 / 08 / 2024 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 3 min

vilabertran La soprano Malin Byström en la Schubertíada © Schubertíada / Sílvia PUJALTE
vilabertran Malin Byström y el pianista Magnus Svensson © Schubertíada / Sílvia PUJALTE

Schubertíada

Recital de MALIN BYSTRÖM

Debut en el festival

Obras de Fauré, Duparc, Viardot, Chaminade, Weill, Rangström y Berg. Magnus Svensson, piano. Canónica de Santa María de Vilabertran, 28 de agosto de 2024.

La soprano sueca Malin Byström, con una solidísima carrera operística en los mejores teatros del mundo, no suele prodigarse demasiado en recitales en solitario. Sin embargo, entre su ocupada agenda de compromisos de ópera, este verano, la cantante ha encontrado la ocasión para visitar por primera vez la Schubertíada de Vilabertran. Acompañada del pianista escandinavo Magnus Svensson, Byström debutó este miércoles en el festival de Lied ampurdanés, ofreciendo un excelente recial de canciones de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

El programa de la velada, centrado en piezas de compositores poco prodigados más allá del canon de Schubert y Schumann, fue tan original y singular como interesante. El repertorio transitó desde la claridad de la mélodie francesa de compositores como Gabriel Fauré y Henri Duparc, hasta las disonancias de los compositores vanguardistas del siglo XX, como Alban Berg o Kurt Weill, pasando por el espíritu tardo-romántico del músico sueco Ture Rangström, prácticamente desconocido en España. Las dos canciones suaves y delicadas de Fauré, Claire de lune –inspirada en el mismo poema de Verlaine que Debussy inmortalizaría en su melodía para piano– y Notre amour, abrieron el recital, impregnando la atmósfera de la Canónica de un ambiente onírico y tenue. Continuaron seis canciones de Duparc, con frases largas, acompañamientos arpegiados y danzantes de piano, armonías densas y tintes oscuros, que Byström ejecutó con una calidad exquisita, pero quizá un tanto monótona. Siguió una pieza para piano de Pauline Viardot que rebajó la exaltación, para cerrar la primera parte con la amena canción Les chemins de l’amour de Poulenc, con resonancias de cabaret, y el derroche final de L’été, de Cécile Chaminade.

"Byström lució una voz extremadamente potente, robusta, vigorosa, un tanto gutural, con un vibrato expresivo, un timbre sellado, colmado de harmónicos, y un color envolvente"

En todas sus intervenciones, Byström lució una voz extremadamente potente, robusta, vigorosa, un tanto gutural, con un vibrato expresivo, un timbre sellado, colmado de harmónicos, y un color envolvente, capaz de emocionar tanto por su fragor como por su fraseo apasionado. Sin embargo, acostumbrada a afrontar grandes roles verdianos, Puccini e incluso Wagner y Strauss, quizá, para afrontar estas mélodie francesas, que no son excesivamente patéticas, le sobró un punto de intensidad y dramatismo, y se echó en falta un ápice de ligereza, frescura y levedad. Y es que la soprano basó claramente su interpretación en el torrente impresionante de la voz, el impacto en los agudos y la densidad de su expresión, elementos probablemente más apropiados para un programa de arias de ópera que para el ambiente de recogimiento íntimo de un Liberabend. En todo caso, más allá de esta disonancia en la pureza del estilo liederístico, la propuesta de Byström y Svensson funcionó y conmovió al público sin discusión alguna.

Especialmente en la segunda parte, cuando las melodías francesas dieron paso al repertorio germánico del cambio de siglo. Aquí, las melodías de Alban Berg, de quien Byström cantará pronto Wozzeck en Estocolmo, sonaron imponentes, abruptas y a la vez líricas, transmitiendo en todo momento esta lucha irremediable por romper con la tonalidad, todavía contenida en estas siete canciones. Las dos canciones de Kurt Weill —Je ne t’aime pas y Yokali— fueron otros de los momentos más celebrados de la velada, con la soprano moviéndose con pasmosa facilidad entre el lirismo y el canto declamado, jugando con las influencias de la música popular. Y, entre Berg y Weill, Byström descubrió al público de la Schubertíada cuatro canciones del compositor sueco Rangström, inéditas en Vilabertran hasta la fecha, modernas y a la vez sencillas, que hicieron de bisagra entre ambos polos del programa.  * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL

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