Jaho, Byström y De Palma, histéricas en el congelador

Madrid

18 / 03 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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schoenberg poulenc Malin Byström (Eine Frau), en 'Erwartung' © Teatro Real / Javier DEL REAL
schoenberg poulenc Rossy de Palma (La mujer), en 'Silencio' © Teatro Real / Javier DEL REAL
schoenberg poulenc Ermonela Jaho, protagonista de 'La voix humaine' © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Poulenc: LA VOIX HUMAINE / Schoenberg: ERWARTUNG

Nueva producción

Ermonela Jaho, Malin Byström, Rossy de Palma. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical: Jérémie Rorher. Dirección de escena: Christof Loy. 17 de marzo de 2024.

Hubo un tiempo, en el lejano siglo XX, en el que se contraponían La voix humaine de Jean Cocteau y Francis Poulenc, a Erwartung (Espera) de Marie Pappenheim y Arnold Schoenberg. La segunda venía a significar la libertad absoluta del artista revolucionario, mientras que La voix humaine era un complaciente melodrama, reliquia decadente del tonalismo tardo-burgués. El clásico díptico llegó ahora al Teatro Real en una nueva coproducción propia (ver previa en este enlace), junto con la Ópera Nacional Polaca.

Del historial del director de escena Christof Loy se podía esperar una investigación inquietante sobre este asunto, o sobre cómo las dos obras abordan, en sendas escenas clásicas de locura, la irrupción brutal del subconsciente en el arte, y la vida, desde 1900. No fue así. Loy optó por traerse los dos monólogos –monodrama, en el caso de Schoenberg— a su terreno, que es el de los escenarios blancos y, cómo no, vacíos. En este caso, un mismo, gigantesco y desangelado loft, con algún mueble de Ikea, algo más poblado con la ayuda de plantas artificiales, en el caso de Erwartung. Así, el opulento piso parisino y su no menos opulenta propietaria —posible trasunto de un personaje masculino— quedan convertidos en protagonistas de un suceso trivial, y la histeria de la protagonista, que tiene una última conversación por teléfono con un amante que la ha dejado para casarse con otra, en una larga escena buena para ser publicada en alguna red social.

"Con su voz cristalina y etérea, la soprano Ermonela Jaho optó por un canto extremadamente matizado en las dinámicas, sosteniendo de una manera extraordinaria la media voz"

A la distancia impuesta por la dirección venía a añadirse la interpretación de la gran Ermonela Jaho, muy querida en Madrid; con su voz cristalina y etérea, la soprano optó por un canto extremadamente matizado en las dinámicas, sosteniendo de una manera extraordinaria la media voz —rozando a veces lo inaudible— y pegándose a la orquesta casi como un instrumento más, hasta que, en el tramo final, sacó a relucir su bien conocido talento dramático, también en lo vocal. En Erwartung, el alucinado monólogo de la protagonista, que se imagina a sí misma perdida en un bosque, queda reducido a la pesadilla de un ama de casa, pesadilla producida, con toda probabilidad, por haber visto demasiados capítulos de una serie televisiva —el inconsciente de hoy en día— con algún toque gore. No logró rescatarla de la trivialidad la fabulosa interpretación vocal de Malin Byström, otro animal escénico, como Jaho, y también como ella, un poco desperdiciado en esta velada. En este caso, la que es una de las grandes Salome de la actualidad, con un evidente background mozartiano, impuso desde el primer segundo su amplísimo registro, su autoridad, la belleza de sus graves y su fabulosa facilidad para lidiar con una partitura endiablada, con constantes cambios rítmicos, melódicos y armónicos.

La dirección de orquesta, a cargo del maestro francés Jérémie Rorher, que debutaba en el Real, resultó un ejercicio de gran clase: con todas las sutilezas, los matices y a veces la ironía requeridos en la obra de Poulenc y con toda la imprevisible intensidad, de una apabullante riqueza sonora, en la de Schoenberg. Y en los dos casos, como es imprescindible, sin perder la transparencia de una materia musical muchas veces camerística —más incluso, a pesar de lo paradójico que pueda resultar—, en Erwartung. Fabulosa la Orquesta Titular del Teatro Real. Quizás para compensar la frialdad imperante en la velada, la performer Rossy de Palma presentó, a modo de entremés, un monólogo de cosecha propia, de inmisericorde chabacanería.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL