CRÍTICAS
INTERNACIONAL
El aclamado regreso de 'Lucrezia Borgia'
Roma
Teatro dell'Opera
Donizetti: LUCREZIA BORGIA
Nueva producción
Lidia Fridman, Daniela Mack, Enea Scala, Alex Esposito. Dirección musical: Roberto Abbado. Dirección de escena: Valentina Carrasco. 16 de febrero de 2025.
Lucrezia Borgia es una de las cinco o seis óperas de Donizetti que siempre han permanecido en el repertorio, incluso antes del Donizetti renaissance de mediados del siglo pasado; sin embargo, en el Teatro dell’Opera de Roma no se representaba desde hacía 45 años, cuando la protagonista fue Joan Sutherland, quien ya estaba en la última década de su carrera, pero seguía siendo La Stupenda (su actuación se puede escuchar en YouTube). El cálido éxito de esta nueva producción demuestra que esta ópera aún puede ejercer un gran e inmediato impacto en el público. La trama proviene de un drama de Victor Hugo y presenta una serie de situaciones inusuales e improbables, que el libreto y la música trasladan a las atmósferas típicas del melodrama romántico. En todo caso, algo del drama original permanece y produce una fuerza dramática inusual; Lucrezia es un personaje con pocos paralelos en el melodrama italiano del siglo XIX, una mujer de dos caras, cruel y sedienta de poder, pero también una madre amorosa. Esta dualidad en su comportamiento la llevará a provocar involuntariamente la muerte de su hijo, quien es envenenado, sin desmentir así la siniestra fama (justa o no desde el punto de vista histórico) de su madre.
Roberto Abbado eligió tiempos ágiles y brindó una trayectoria unificada y una tensión teatral constante a esta serie de escenas aparentemente inconexas; su propuesta rechaza la rutina y la imprecisión, prestando atención a cada detalle, de modo que la orquesta se convierte en un elemento esencial del drama.
El otro pilar de la ópera son, por supuesto, las voces. La rusa naturalizada italiana Lidia Fridman, de 29 años, se ha consolidado en los principales teatros internacionales con un repertorio muy amplio que va desde Alcina de Händel hasta Elektra de Strauss, aunque está especialmente dotada para los roles de soprano dramática de agilidad típicos de Donizetti, Bellini y Verdi. Al principio, se percibió cierta desigualdad entre los distintos registros y un leve vibrato, pero estos desaparecieron y su voz respondió sin esfuerzo a las exigentes dificultades del papel protagonista. Con sensibilidad, temperamento e inteligencia, Fridman logró dar vida a este personaje complejo y contradictorio, destacando tanto en los momentos más intensamente dramáticos como en los más elegíacos y dolientes, como el conmovedor lamento por su hijo muerto que cierra la ópera.
Su hijo Gennaro es un personaje muy exigente tanto por dificultad como por extensión, más aún porque en esta ocasión se le han añadido dos arias más compuestas por Donizetti para las representaciones de Londres en 1838 y París en 1840. Enea Scala lo cantó con seguridad y un estilo impecable, aunque con poca emoción. En cambio Alex Esposito interpretó a Alfonso d’Este, esposo de Lucrezia y aún más cruel que ella, con un ímpetu y una maldad muy efectivas y dramáticas, aunque llegó a dejarse llevar hasta salirse del estilo. Daniela Mack encarnó con solidez vocal y escénica a Maffio Orsini.
El grupo de cortesanos también es un coprotagonista de la ópera y de entre ellos destacó Gubetta, el pérfido cómplice de los crímenes de Alfonso y Lucrezia, interpretado con una mezcla de contención, sutileza y contundencia por Roberto Accurso.
Las máscaras blancas que llevan los personajes secundarios y el coro son una de las ideas con las que Valentina Carrasco intenta modernizar una dirección escénica que, sin embargo, se mantiene dentro de la más tradicional y plana normalidad. Sus pocas ideas novedosas y personales no resultaron del todo convincentes: por ejemplo, al inicio del segundo acto, Lucrezia graba con un cuchillo el nombre Borgia en la espalda de algunos prisioneros encadenados, tal vez con la intención de devolverle cierta dosis de crueldad a un personaje que Donizetti presenta casi de manera positiva.
El espectáculo cobra vida principalmente gracias a la escenografía de Carles Berga, realzada por la iluminación de Marco Filibeck: es esencial y abstracta, pero con la inclusión de algunas imágenes realistas como el salón recargado de dorados en la fiesta del segundo acto, y con otras oníricas, como la aparición de un gran esqueleto detrás de un velo en la escena final que hace visible la sombra de la muerte cerniéndose sobre toda la ópera. * Mauro MARIANI, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Roma





