Una ‘Corte’ actualizada conquista el Campoamor

Oviedo

19 / 05 / 2025 - Antonio HEDRERA - Tiempo de lectura: 3 min

lleó oviedo La producción de Emilio Sagi de 'La corte del Faraón' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
lleó oviedo La producción de Emilio Sagi de 'La corte del Faraón' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
lleó oviedo La producción de Emilio Sagi de 'La corte del Faraón' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ

XXXII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo

Lleó: LA CORTE DE FARAÓN

María Rey-Joly, Jorge Rodríguez-Norton, Enric Martínez-Castignani, Milagros Martín, Enrique Viana, Annya Pinto, Serena Pérez, María Heres, Ana Nebot, Ramiro Maturana, Abraham García, Carlos Mesa, Óscar Fresneda. Orquesta Oviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dirección musical: Néstor Bayona. Dirección de escena: Emilio Sagi. Teatro Campoamor, 15 de mayo de 2025.

El Teatro Campoamor se llenó para acoger La corte de Faraón en la propuesta escénica de Emilio Sagi, vista ya en Oviedo en 2013 y posteriormente en Madrid y Bilbao (ver previa en este enlace). Una corte actualizada que plantea una relectura de la opereta bíblica de Vicente Lleó: el erotismo femenino del original se transforma aquí en una estética abiertamente homoerótica, con un faraón rodeado de esclavos de torsos desnudos. Este giro conceptual impregna toda la puesta en escena sin renunciar al argumento ni a su esencia sicalíptica, dando como resultado una función vistosa y salpicada de momentos cómicos brillantes.

Se suma a ello una reescritura parcial del libreto, con la sustitución de fragmentos originales de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios por textos actuales que, sin perder el tono cómico, modifican el sentido original. El caso más representativo es el vals de las viudas —interpretado con gran simpatía por Serena Pérez (Ra), María Heres (Sel) y Ana Nebot (Ta)—, que pasa de recomendar la sumisión conyugal al empoderamiento femenino.

Daniel Bianco firma una escenografía dorada y efectista, rica en iconografía egipcia: sarcófagos, cabezas de faraón, lluvia de papelinas doradas y hasta una barca solar para la entrada de Lota. La iluminación de Eduardo Bravo y el vestuario de Gabriela Salaverri completan la ambientación, mientras que la coreografía de Nuria Castejón aporta vitalidad a un cuerpo de baile masculino enérgico, especialmente destacado en el número del garrotín flamenco.

"Enrique Viana despliega un divertidísimo monólogo convirtiéndose en el foco absoluto de atención, interactuando con el maestro y el público"

Uno de los ejes de esta producción es, sin duda, Sul, encarnada por Enrique Viana como drag queen. Tras emerger de un sarcófago, interpreta los célebres cuplés babilónicos, ahora ampliados con estrofas nuevas dedicadas a sus “primas segundas” y “amigas vigoréxicas”, subidas de tono (una cuarta), con coloraturas en falsete y calderones incluidos. A continuación, Viana despliega un divertidísimo monólogo momento en el cual, si bien interrumpe el ritmo de la trama durante quince minutos, se convierte en el foco absoluto de atención, interactuando con el maestro y el público, a quienes hace cantar varias veces el pegadizo «Ay ba, ay ba».

En lo musical, la partitura —episódica y reiterativa— deja escaso margen para el lucimiento vocal. Aun así, los cantantes ofrecieron una sólida ejecución, destacando la pícara Lota de María Rey-Joly, de gran presencia escénica, bien secundada por la Raquel de Annya Pinto, particularmente lírica en “La luz de la luna”. Jorge Rodríguez-Norton fue un José simpático y muy expuesto —literalmente en paños menores toda la función—, mientras que Milagros Martín demostraba nuevamente su gran oficio como una excelente Reina. Enric Martínez-Castignani dio vida con soltura al faraón Amenofisteph XXIII, decidido a renovar la corte. Ramiro Maturana fue un Putifar de bello fraseo en “Salve, Lota”, y Abraham García, un correcto Gran Sacerdote. Carlos Mesa (Selhá) y Óscar Fresneda (Seti) dinamizaron la acción con sus intervenciones cómicas.

Néstor Bayona dirigió con gesto amplio a Oviedo Filarmonía, ofreciendo una lectura potente, con especial brillo en la introducción, la marcha triunfal, el vals-intermedio y el garrotín, aunque no exenta de desajustes con el escenario, especialmente con el Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, solvente y muy presente, por otra parte, a lo largo de toda la obra.

El bis final de los cuplés babilónicos, “actualizados” como toda la corte, llenó de color el Campoamor con la escenografía y el vestuario y contó con la participación del público; ya en su tono original, remató una función alegre, provocadora y eficazmente dirigida al entretenimiento. Una desternillante corte, de poca ropa y mucha comedia, modernizada y muy aplaudida.  * Antonio HEDRERA, colaborador de ÓPERA ACTUAL

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