CRÍTICAS
NACIONAL
Belleza y dignidad, el arte de Andrè Schuen y Daniel Heide
Madrid
Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Reictal de ANDRÈ SCHUEN
XXXI Ciclo de 'Lied'
Obras de Franz Schubert y Gustav Mahler. Daniel Heide, piano.Teatro de La Zarzuela, 3 de febrero de 2025.
En su nueva aparición en el XXXI Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela, Andrè Schuen y Daniel Heide presentaron un programa simétrico, al menos en apariencia. Gustav Mahler y Franz Schubert en la primera parte; Schubert y Mahler en la segunda. En realidad, hay una progresión entre los dos Mahler, la que va de las juveniles Canciones de un compañero de viaje (1884-1885) a las más complicadas Canciones sobre poemas de Rückert, de entre 1901 y1902. Entre medias, una selección de Lieder de Schubert, de entre los más conocidos de su autor, en un arco que iba desde el contemplativo An den Mond (A la luna) hasta la muy juvenil y alegre, casi desenfadada, Der Musensohn (El hijo de las musas), también sobre texto de Goethe.
Sin perder nunca la capacidad de individualizar cada canción y expresar las emociones que a cada una le son propias, lo que sigue maravillando del dúo Schuen-Heide es esa voluntaria, y nada forzada, contención, que ha pasado a ser marca de la casa, junto a la belleza del timbre y la facilidad con la que alcanza registros tenoriles sin perder la densidad propia del instrumento. Otros tres Lieder schubertianos abrieron la segunda parte, esta vez sobre textos de Friedrich Rückert, como los de Mahler que cerraron el recital. Andrè Schuen y Heide recrearon maravillosamente el tono extático del weberiano, y por momentos wagneriano, “Sie mir gegrust” (“Yo te saludo”) para terminar con ese modelo de austeridad que es “Das sie hier gewesen” (“Has estado allí”) evitando radicalmente la tentación de compensar la contención con expresividades canoras intempestivas.
Así es como se regresó a Mahler, del que en la primera parte se escucharon sus Canciones de un compañero de viaje. A Schuen le vino siempre muy bien este ciclo para sacar a relucir su vena juvenil: el periplo sentimental de un poeta enamorado que intenta aclarar sus sentimientos y sus emociones contrastándolos con las visiones que le suministran el paisaje y su propia imaginación. Hay aquí un juego, muy mahleriano y muy adolescente, entre lo que se expresa y lo que se quiere expresar.
Schuen y Heide lo han ido reflejando cada vez con mayor lucidez, sin perder por ello frescura y cierta ingenuidad. Se requiere, claro está, una perfecta articulación, un fraseo sin fallos, además de claridad en la dicción y belleza del timbre. Más enrevesado es el ciclo de Canciones sobre poemas de Rückert, que Schuen y Heide suelen organizar concentrando los Lieder de tema amoroso al principio, para terminar con esos dos himnos —o casi— que son “Um mitternacht” (“A medianoche”) y “Liebst du um Schönhet” (“Si amas la belleza”). El primero, a la inmortalidad de un universo del que el poeta es parte, aunque sea mínima, y el segundo al amor. Con el tiempo, este último Lied parece haberse convertido en una declaración de principios por parte del cantante y del pianista acerca de la expresión y el arte musical: belleza del sonido y expresividad, pero sobre todo claridad, retención y, por qué no decirlo, pudor y dignidad.
La velada fue tanto más meritoria cuanto que el barítono sufría algún achaque en la voz, que humanizó más aún la música. No hace falta insistir en el arte de Daniel Heide, preciso y evocador, completamente identificado con una forma admirable de hacer música. Grandes aplausos de un público emocionado. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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