CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Emoción profunda y sincera en la Salle Favart parisina
París
Opéra-Comique
Krása: BRUNDIBÁR
Nueva producción
Elias Passard, Sarah Bourezg, Léo Bianconi-Simon, Giacomo Rattenni, Raphaël Provost, Désiré Lubek, Mila Massarotti, Rébecca Mace Buchman, Sarah Vinum-Baudrand, Cloé Mauviel, Camille Flament. Orchestre Frivolités Parisiennes. Coro Maîtrise Populaire de l’Opéra-Comique. Dirección musical: Louis Langrée. Dirección de escena: Muriel Mayette-Holtz y Jean-Claude Berutti. 6 de junio de 2026.
Con libreto de Adolf Hoffmeister, Brundibár, esta ópera para niños en dos actos, fue estrenada clandestinamente en una versión muy modesta en un orfelinato judío en Praga en 1942. Fue reescrita después por el propio compositor para trece instrumentistas el año siguiente en Therensienstadt, no lejos de Praga, donde habían sido deportados los niños y el personal del orfelinato. La obra se representó allí más de cuarenta veces con la venia de los carceleros que podían así mostrar -a la Cruz Roja en particular- lo bien tratados que estaban los habitantes del lugar. Todos los ocupantes, incluyendo el propio Hans Krása, fueron luego transportados a Auschwitz donde solo algunos, y entre ellos los creadores de los personajes de Aninka y el Gato, sobrevivieron.
Dos historias se entrecruzan en la obra. Por una parte aparece una serie de Papàs-Noël de circunstancia con mensajes diversos, disparatados, de paz y felicidad. En paralelo, los niños se confrontan con un tal Brundibár, un cantante callejero con gran éxito (la referencia política era evidente en aquel momento, en aquel lugar) y acaban, todos unidos por vencerlo. Todo ello en unos veinte minutos. La profunda emoción creada por la obra viene del momento histórico de su creación por supuesto, pero deriva también de su contenido musical y de la cándida petulancia de los niños en el escenario. La secuencia final con saliendo todos de dos en dos, por una puerta estrecha al fondo del escenario, sin texto y sin música fue sobrecogedora.
Felicítense a Muriel Mayette-Holtz y Jean-Claude Berutti por haber dado a los improvisados actores directivas claras y eficaces que ellos pusieron en práctica con esmero y ganas de hacer bien las cosas en esta nueva producción de la Opéra-Comique. Fue un encanto presenciar la espontaneidad y el dominio con el que los jóvenes interpretaron sus papeles, sin dudas ni por supuesto errores visibles o gestos forzados (que tanto se dan en actores profesionales). De entre los solistas sobresalieron por sus aportes dramáticos y vocales: Elias Passard (Papíćek), Sarah Bourezg (Aninka) y Léo Bianconi-Simon (Brundibár).
Fue sobre todo, Louis Langrée quien, al frente de la formación orquestal Les Frivolités Parisiennes no dejó nada al azar. El director no tuvo en ningún momento en cuenta la edad o la falta de profesionalismo de sus cantantes. Mantuvo siempre las exigencias de la partitura que no fueron pocas. El foso aportó pues la seriedad, la exigencia musical requerida, a tal punto que hizo del desconocido Hans Krása una nueva referencia en el mundo de la lírica.
En preludio de la obra de Hans Krása y Adolf Hoffmeister, y en idéntico contexto ambiental se interpretaron obras de diversos autores de la época como Leoš Janáček, Francis, Poulenc, Henri Martinet (autor de la famosa canción “Petit papa Noël” popularizada por Tino Rossi). Concluyó la noche la emotiva canción de Ilse Weber “Ich wandre durch Theresienstadt” escrita y cantada en el propio gueto en aquel entonces, interpretada aquí con un filo di voce que dio escalofríos por Camille Flament. En pantalla aparecieron algunas fotos testigos de la modesta representación de la ópera dada en el gueto con los rostros de los niños actores en Theresienstadt. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





