CRÍTICAS
INTERNACIONAL
'Onegin' muy romántico y algo 'verista' en el Garnier
París
Opéra national de Paris
Chaikovsky: EVGENI ONEGIN
Nueva producción
Susan Grahan, Ruzan Mantashyan, Marvic Monreal, Elena Zaremba, Boris Pinkhasovich, Bogdan Volkov, Alexander Tsymbalyuk, Peter Bronder, Amin Ahangaran Mikkhail Silantev. Orquesta y Coro Opéra national de Paris. Dirección musical: Semyon Bychkov. Dirección de escena: Ralph Fiennes. Palais Garnier, 6 de febrero 2026.
Desde las primeras notas de la obertura de este Evgeni Onegin en el Palais Garnier se deslizaron los violines con la ligereza del patinador sobre hielo y la autoridad mental de un trapecista. Semyon Bychkov −futuro director musical de la ONP− mandó fuerza y sensibilidad y obtuvo de los músicos claridad en las melodías y apoyos discretos pero bien ajustados en los momentos de tensión dramática o de simple efecto musical requerido por el compositor. Creó esplendor durante el finale que se inicia con la intervención de Lenski (“Bajo su techo…”) y consiguió que brillaran la mazurca y sobre todo la polonesa, coreografiada de forma muy original por Sophie Laplane. Acompañó con delicadeza no exenta de brío las arias de Tatiana y de Lensky, y dramatizó la soberbia escena resolutiva entre los dos protagonistas. Añádase que, si bien mantuvo la magnífica masa coral de la casa −Ching-Lien Wu− a raya aunque sin ostentación, no respetó siempre a los solistas (un punto que habrá que vigilar en el futuro), en particular a los femeninos: Larina y Filipievna.
El famoso actor de Hollywood Ralph Fiennes dispuso la acción en una escenografía evolutiva −Michael Levine− muy interesante, un ambiente realista rural al inicio, un lugar en trampantojo falsamente lujoso en el tercer acto, y cuatro paredes con ventanas, puertas y cortinas pintadas en la terrible escena final. En este contexto, el vestuario sobrio de Annemarie Woods −totalmente negro en el brillante inicio del tercer acto−, tanto o más que la escenografía, dio fe de los lugares donde transcurría la acción y de los estados anímicos de los protagonistas.
Ruzan Mantashyan −Tatiana− mostró con fortuna su infantil introspección en el hogar provinciano: manifestó timidez y recato frente al desconocido petimetre y convenció en la escena de la carta, obviamente muy preparada. Dio muestra fehaciente de ser esposa de un príncipe y vestida como en el primer acto (para mejor dar a entender su estado anímico), mantuvo frente a Onegin una actitud firme sin ser altiva. De su manera de expresarse se dedujo que la artista comprendía lo que su personaje iba diciendo. Obediente a las indicaciones del director de escena, su dicción fue clara, de timbre que algo oscureció en el tercer acto; sus agudos fueron firmes y afirmó bien su ambigua sentencia al final de la noche. Boris Pinkhasovich −Onegin− y Bogdan Volkov –Lensky− faltos de todo carisma personal, muy limitados en el ejercicio dramático, cantaron sin contribuir lo más mínimo a hacer creíbles los dichos y hechos de la truculenta historia.
Alexander Tsymbalyuk fue un Gremin convincente, de voz rotunda, bien anclada en su tesitura grave, relatando su encuentro con Tatiana y su afecto hacia ella con convicción. Marvic Monreal fue una Olga simpática sin más, Susan Graham una Larina justamente preocupada por el futuro de sus hijas casaderas y Elena Zaremba −Filipievna− mantuvo con gran acierto vocal y dramático el antes y el después de la escena de la carta. Peter Bronder interpretó a Monsieur Triquet con la parsimonia adecuada, resaltando exageradamente la pronunciación francesa de las estrofas dedicadas a Tatiana. Completaron el reparto a buen nivel Amin Ahangaran como Zaretski y Mikkhail Silantev como Lugarteniente. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL
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