Sueño y delirio händeliano en el Teatro Real

Madrid

04 / 06 / 2026 - Rocío GARCIALONSO - Tiempo de lectura: 3 min

'Ariodante' en versión de concierto en Madrid © Teatro Real / Javier DEL REAL
Magdalena Kožená como Ariodante © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Händel: ARIODANTE

En versión de concierto

Magdalena Kožená, Erika Baikoff, Christophe Dumaux, Shira Patchornik, Emiliano González Toro, José Antonio López. La Cetra Barockorchester Basel. Dirección: Andrea Marcon. 2 de junio de 2026.

 

Tras su paso por el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo (ver este enlace), la gira europea de este Ariodante hizo parada en el Teatro Real con esta única audición en forma de concierto antes de continuar hacia París y Halle, ciudad natal de Händel y sede de su célebre festival. El lleno del teatro madrileño, incluso tras la pausa y pese a la extensa duración de la obra, confirmó la fidelidad en el ámbito del Barroco del público madrileño. Bajo la dirección de Andrea Marcon, La Cetra Barockorchester Basel volvió a demostrar por qué es una de las agrupaciones de referencia en este repertorio: el sonido fue preciso, refinado y plenamente comprometido con el lenguaje, con especial cuidado en el color instrumental y el balance entre orquesta y voces. Marcon mantuvo la tensión dramática hasta el final.

Como era de esperarse, la estrella de la noche fue Magdalena Kožená; con un discreto guiño escocés en el vestuario y una partitura curtida por los años, la mezzosoprano checa construyó un Ariodante de gran delicadeza y humanidad. En “Scherza infida”, el lamento de un alma apenada, Kožená firmó algunos de los pasajes más emotivos de la velada, envolviendo la sala en una atmósfera de profunda melancolía.

"Con un discreto guiño escocés en el vestuario y una partitura curtida por los años, la mezzosoprano checa construyó un Ariodante de gran delicadeza y humanidad"

Frente a esta introspección, Christophe Dumaux encarnó al perverso Polinesso; el contratenor francés, que había interpretado el mismo rol en 2017, dominó la escena con tal naturalidad que, por momentos, hacía olvidar que se trataba de una versión de concierto: apenas dependiente de la partitura, a diferencia de buena parte del reparto, Dumaux construyó un villano magnético, sostenido por una voz ágil, firme y de amplio registro. Su “Dover, giustizia, amor” fue uno de los mejores momentos de la noche.

El español José Antonio López aportó solidez y presencia al Rey de Escocia, mientras que la Ginevra de Erika Baikoff destacó por la nitidez de la emisión y un timbre luminoso. Shira Patchornik ofreció una Dalinda vivaz y espontánea, resuelta con gran naturalidad escénica y frescura expresiva. Por su parte, el multifacético tenor Emiliano González Toro asumió los papeles de Lurcanio y Odoardo con absoluta solvencia musical.

Como suele pasar con los grandes intérpretes, en este espectáculo todo pareció fluir con absoluta naturalidad, justo ahí donde en realidad hay años de experiencia y trabajo. Más que una exhibición de virtuosismo, en esta función se transmitió la sensación de estar frente a unos cantantes y músicos reunidos simplemente para disfrutar de Händel y sumergir al público en ese universo de sueño y delirio que atraviesa toda esta obra. Los aplausos finales confirmaron el éxito de una velada en la cual la música terminó imponiéndose a cualquier limitación escénica. Después de una noche así, solo queda preguntarse cuándo podrá verse Ariodante escenificada en el Teatro Real.  * Rocío GARCIALONSO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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