‘Verbena’ con toda la esencia del Apolo

Oviedo

18 / 05 / 2026 - Antonio HEDRERA - Tiempo de lectura: 3 min

La producción de Nuria Castejón de 'La verbena de la Paloma' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
La producción de Nuria Castejón de 'La verbena de la Paloma' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
La producción de Nuria Castejón de 'La verbena de la Paloma' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ

XXXIII Festival de Teatro Lírico Español

Bretón: LA VERBENA DE LA PALOMA

César San Martín, Carmen Romeu, Amparo Navarro, María Zapata, Antoni Comas, Gurutze Beitia, Gerardo López, Sara Salado, Rafa Castejón. Oviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dirección musical: Víctor Pablo Pérez. Dirección de escena: Nuria Castejón. Teatro Campoamor, 16 de mayo de 2026.

 

La producción de La verbena de la Paloma firmada por Nuria Castejón demostró en Oviedo que la fidelidad a una obra no está reñida con la inteligencia teatral ni con la imaginación escénica. Sin alterar el libreto ni superponerle lecturas innecesarias, la propuesta —procedente del Teatro de La Zarzuela, donde se estrenó en 2024— confía en la fuerza del sainete de Tomás Bretón y Ricardo de la Vega, al tiempo que lo enmarca con un prólogo de notable eficacia dramática.

Ese prólogo, Adiós, Apolo, ideado por Álvaro Tato, constituye un homenaje al Teatro Apolo, templo del género chico, y sitúa la acción antes de su cierre definitivo, el 30 de junio de 1929. La compañía ensaya allí la última Verbena, en un juego de teatro dentro del teatro evocando algunos números representativos del repertorio allí estrenado: el chotis de la garsón de El sobre verde, el vals de Neptuno —de El año pasado por agua— y el del Caballero de Gracia —de La Gran Vía—, el tango del cinematógrafo de La gente seria, la polca japonesa de El pobre Valbuena o la polca del fotógrafo de El bateo. Todo ello culmina en un emotivo soneto dirigido al coliseo antes de abrir paso a la última Verbena del Apolo.

Desde el hermoso preludio quedaron claras las virtudes de la producción: la escenografía realista y detallada de Nicolás Boni, con sus edificios de balcones y portales; la iluminación cálida y eficaz de Albert Faura; el vistoso vestuario de Gabriela Salaverri; y una coreografía muy presente, siempre integrada en la acción. Especialmente plástico resultó el cuadro del Café de Melilla, con la excelente intervención de la cantaora Sara Salado en la soleá “En Chiclana me crié”, acompañada por la bailaora Cristina Arias y el cuerpo de baile, y con María Cueva al piano en escena. El último cambio de escena, con el organillo, el concurso de chotis y los farolillos coronando el espacio, remató esa evocación castiza y llena de movimiento.

"César San Martín encarnó un Julián atormentado, de emisión franca y presencia rotunda, muy destacado en sus intervenciones. A su lado, Carmen Romeu compuso una Susana sólida"

Otro de los motivos del éxito fue contar en el podio con el maestro Víctor Pablo Pérez, buen conocedor del género, al frente de una Oviedo Filarmonía en estado de gracia: estos buenos mimbres arroparon a un extenso reparto de cantantes y actores. César San Martín encarnó un Julián atormentado, de emisión franca y presencia rotunda, muy destacado en sus intervenciones. A su lado, Carmen Romeu compuso una Susana sólida, bien acompañada por la Casta de María Zapata y por la Tía Antonia de Gurutze Beitia, de certera vis cómica. Antoni Comas fue un Don Hilarión eficaz y desenvuelto, desde su dúo inicial con el Don Sebastián de Gerardo López hasta sus célebres coplas “Una morena y una rubia”. Amparo Navarro aportó oficio como señá Rita, mientras Rafa Castejón sostuvo con autoridad teatral su doble presencia como director de escena del prólogo y tabernero. Entre los papeles de carácter destacaron también Mitxel Santamarina, Adrián Quiñones y Carlos Mesa. También respondió con solvencia el Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, particularmente en las célebres seguidillas “¡Por ser la Virgen de la Paloma!”.

En suma, una Verbena fiel al libreto y a la partitura, con una escena que respeta su esencia, y que llenó hasta la bandera las dos funciones del Campoamor. El éxito volvió a poner de manifiesto la necesidad de programar más funciones en un Festival de Teatro Lírico Español que, en su XXXIII edición, se encuentra plenamente consolidado como la programación estable más relevante y longeva dedicada a la zarzuela y al repertorio lírico español tras el Teatro de La Zarzuela de Madrid.  * Antonio HEDRERA, crítico de ÓPERA ACTUAL

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