ENTREVISTAS

Marta Pazos: “'Le nozze di Figaro' es un parque de atracciones para la dirección de escena”

01 / 05 / 2026 - Lourdes MORGADES - Tiempo de lectura: 4 min

Directora de escena Marta Pazos © Vanessa RABADE

Tras tres estrenos operísticos absolutos, la directora de escena Marta Pazos dirige a principios de junio en el Gran Teatre del Liceu su primera ópera de repertorio, Le nozze di Figaro, y a finales del mismo mes inaugura el 50º Festival Grec de Barcelona dirigiendo una coproducción con el Teatre Lliure de La ópera de tres centavos de Kurt Weill. Ambas obras las ha trabajado de manera simultánea y en las que ha acabado encontrando paralelismos.

Con más de 25 años de trayectoria  como directora de escena, Marta Pazos aborda por primera vez una ópera de repertorio, Le nozze di Figaro, tras su experiencia operística con tres estrenos absolutos: Je suis narcissiste (2019) de Raquel García-Tomás, La amnesia de Clio (2019) de Fernando Buide y Alexina B (2023) de García-Tomás. Le apetecía mucho llevar su larga experiencia dirigiendo teatro de repertorio a la lírica y cuando tras el estreno de Alexina B en el Gran Teatre del Liceu su director artístico le ofreció dirigir la ópera de Mozart pensó que el coliseo lírico barcelonés había acertado pensando en ella, porque,  asegura, es una obra que le va muy bien a su estilo, en la cual el color es el protagonista. “Le nozze di Figaro es un parque de atracciones para la dirección de escena”, afirma Marta Pazos a ÓPERA ACTUAL. “Me deja mucho espacio para volar. Eso pasa con las obras clásicas que son obras maestras. Te puedes relacionar con ellas con absoluta libertad y eso ha sido profundamente inspirador”.

Afronta su debut operístico en el repertorio por la puerta grande, con Mozart.

Me gustan los retos y este me llega en un buen momento de mi carrera. Tenía ganas de hacer repertorio, me apetecía mucho, porque es una forma diferente de dirigir ópera. Cuando haces ópera contemporánea la estrenas tú. El proyecto está más abierto, la música y el libreto se van construyendo. He tenido el privilegio en las óperas contemporáneas que he dirigido de estar en el inicio de su gestación y ser parte activa de toda la dramaturgia. Pero, como pasa con los grandes clásicos de la literatura dramática, con las óperas de repertorio te relacionas de otra manera, porque la obra está cerrada. El estudio es más exhaustivo. Te relacionas con el legado, con la época. Todo esto me enriquece a la hora de tomar las decisiones y de ir colocando los materiales. Es un proceso largo.

Cuando el Liceu le propuso dirigir Le nozze di Figaro, ¿aceptó inmediatamente?

Sí, porque además había tenido entre manos un proyecto internacional para dirigir Così fan tutte que no pudo hacerse a causa de la pandemia. Ya estaba en el universo de Mozart. Y cuando surgió esta segunda oportunidad, dije que sí inmediatamente. Llevo tres años trabajando en el proyecto, desde que se estrenó Alexina B. He podido cocerlo a fuego lento, saborearlo, y hacerlo como a mí me gusta, de lo general a lo particular, y relacionándome de una manera libre con la obra. Aterrizar la plástica teatral y todas las ideas de la puesta en escena con tiempo. Conocía las partes más populares de la ópera, pero cuando me puse a estudiarla en profundidad empezaron a fluir las imágenes e ideas desde el inicio. La propuesta de la puesta en escena apareció de inmediato. Y esto es un signo claro de que todo va a ir muy bien.

 ¿Qué le atrae de la obra?

Lo trepidante que es, el divertimento, porque es una ópera muy divertida. Y lo inesperado. Eso conecta mucho con mi propia narrativa; la narrativa de lo inesperado, de lo que te provoca el entusiasmo. Y la partitura me seduce. Cuando tienes algo tan bueno entre manos, va solo. Mientras preparo una puesta en escena pinto. Mi trabajo es muy sinestésico. Voy pintando a medida que escucho la ópera. Y es en ese estudio donde van manando las imágenes. A veces es un proceso lento, pero en el caso de Le nozze di Figaro aparecieron como un torrente unas imágenes divertidas, como la propia música. A eso hay que añadir el ensayo Notas del camp de Susan Sontag, que empapa la puesta en escena. La idea de la cultura camp como la exuberancia, lo inesperado, lo popular. Y a partir de estas ideas llamé al equipo de creativos que he considerado que se ajustan al proyecto, una propuesta inesperada, irreverente y muy libre.

¿Ambienta la ópera en la época de su creación, el siglo XVIII?

Pues sí, pero es un siglo XVIII imaginado que tiene que ver con la química del amor. Esto ha sido lo que ha vertebrado toda la plástica escénica hacia un universo versallesco de fantasía, un mundo onírico, muy pictórico. Un universo no realista. Es como un libro pop-up que se abre o un huevo con sorpresa dentro.

Estrena Le nozze el 5 de junio en el Liceu y el 29 del mismo mes inaugura el 50º Festival Grec de Barcelona con La ópera de tres centavos de Kurt Weill y Bertolt Brecht. ¿No es demasiado para un solo mes?

Ya he hecho seis semanas de ensayos en la producción que inaugura el Festival Grec, un proyecto que me ofrecieron cuando ya tenía comprometida Le nozze di Figaro. Después del estreno del Mozart en el Liceu ensayaremos de nuevo. Luego, en septiembre, el montaje del Weill pasa al Teatre Lliure y haremos unas previas de interior –en el Grec es al aire libre– porque hay algunas modificaciones, sobre todo en el trabajo de tramoya.

¿Y cómo pasa de una comedia con final feliz a una comedia negra?

Ha sido precioso trabajar las dos óperas simultáneamente. Hay algo que las conecta, el espíritu irreverente de ambas; este primer trabajo de Weill y Brecht tiene ecos de Mozart y el espíritu de querer romper lo establecido en el momento de su creación. Hay paralelismos que he encontrado haciendo una y otra obra: en ambas hay bodas, frenesí y se habla de la tensión entre clases sociales. El reto es que sean muy diferentes, ya que estrenan en el mismo mes y en la misma ciudad.

¿El casting para La ópera de tres centavos ha sido con actores que cantan o con cantantes que actúan?

Ha sido una decisión consensuada con Dani Espasa, el director musical de la producción, que conoce bien la obra y que ya trabajó en la versión de Calixto Bieito estrenada en el Festival Grec de 2002. Hemos sido fieles con el reparto original para una ópera escrita para actores que canten. Era importante mantener intacta la voluntad de Weill y Brecht de conectar el cabaret, el vodevil, lo más lumpen con lo más elevado de la lírica. Un espíritu irreverente, pero diferente del de Le nozze di Figaro, más canalla.– ÓA

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