Crebassa en el ciclo de 'Lied': Francia, España y un toque teutónico

Madrid

08 / 04 / 2026 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

Marianne Crebassa en el Ciclo de 'Lied' © CNDM / Elvira MEGÍAS

Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

Recital de MARIANNE CREBASSA

XXXII Ciclo de 'Lied'

Obras de Claude Debussy, Gabriel Fauré, Gustav Mahler, Isaac Albéniz y Manuel de Falla. Alphonse Cemin, piano. Teatro de La Zarzuela, 6 de abril de 2026.

Volvió la mezzo francesa Marianne Crebassa al Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela con un programa muy propio, de mélodies francesas y canciones españolas, incluyendo un intermedio dedicado a Mahler. Arrancó con Debussy y sus Tres melodías sobre poemas de Verlaine, un cancionero que anuncia ya el inminente Pélleas et Melisande en el que Crebassa supo expresar toda la concentración, desde la fluidez evocadora del mar de la primera canción hasta el casi parlando de la tercera, que le dio la ocasión de quedarse justo en el umbral de lo operístico, a lo Debussy, claro está: media voz, contención, pero también expresividad y autoridad, como lo demostró solo con el primer verso de “La mer est plus belle que les cathédrales”, atacada a plena voz, sin dudas ni apoyos tentativos. Desde el primer momento se reconoció el precioso instrumento, tan denso y tan opulento, de la cantante.

Vino luego una selección de canciones de Fauré, muy variadas y que fueron como un recorrido por su obra melódica, por así decirlo. Esa variedad permitió a Crebassa variar el registro, desde la aparente sencillez de “Lydia” hasta las infinitas sutilezas de “Clair de lune”, también sobre un poema de Verlaine, y sobre todo “Reflets dans l’eau” de Mirages, sacando a relucir un registro de pecho admirable de color y consistencia, agudos relucientes y medias voces de muy finos matices. Por mucho que prevalezca, no solo hay melancolía en estas canciones. También hay sensualidad, como en “Lydia”, y amor cumplido, como en “Sous le ruines d’une abbaye”: Fauré no se limita a un registro, y Crebassa, gran cantante de ópera, lo sabe traducir muy bien.

Las siete canciones populares de Falla permiten aún más variedad de emociones, y más directas, aunque no sean menos sofisticadas que las francesas. Precioso “El paño moruno”, tomado completamente en serio y a lo trágico, lo que le viene bien a la voz grande y oscura de Crebassa. Muy fina la sexta canción y estupenda, de jubilación desafiante y sugestiva, la “Jota”. Quizás un poco acelerados la “Seguidilla manchega” y el “Polo”, a los que conviene algo más de reposo y holgura en el fraseo. En cualquier caso, apoteósico el “¡Ay!” final, a plena voz y de alto riesgo, del “Polo”.

"Desde el primer momento se reconoció el precioso instrumento, tan denso y tan opulento, de la mezzo francesa"

Entre tantas páginas hermosas, venían encajados los Kindertotenlieder de Mahler, compositor de quien la cantante se ha hecho gran adalid. Los interpretó con variedad de registros expresivos, con tendencia a la extroversión, aunque sin descuidar las exigencias puramente líricas y de intimidad. Aun así, ni algunos filados preciosos, ni las medias voces, ni las subidas al agudo, ni la variedad en las dinámicas, ni el gustoso vibrato consiguen rescatar estas páginas de esa trivialidad exhibicionista que ha hecho de Mahler un músico tan próximo a la sensibilidad de hoy en día. En el fondo, tiene gracia comprobar cómo, a pesar de tan gran intérprete, una canción como “In diesem Wetter, in diesem Braus” (“Con este tiempo, con este chaparrón”) no alcanza nunca a convertirse en algo más que un pálido reflejo de aquellas primeras y felices consultas de Freud, de cuando los neuróticos y las histéricas desarrollaban delirios interesantes.

Acompañó con inspiración y profesionalidad el pianista Alphonse Cermin, que entonó una preciosa Puerta del vino, de Debussy, y se atrevió con el sublime pero intratable “Lavapiés” de la Iberia de Albéniz, del que salió indemne, gracias a una técnica solvente. De propina, llegó la Seguidilla de Carmen, marca de la casa y, como no podía ser menos, ovacionada por el público.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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