ENTREVISTAS
Calixto Bieito, director de escena: “Del mundo digital a una saga familiar 'high-tech'”
París
Opéra National de Paris – Opéra Bastille
DAS RHEINGOLD
ENE / 29; FEB / 02, 05, 08, 11, 14, 19
Wotan: Iain Paterson. Loge: Simon O’Neill. Fasolt: Kwangchul Youn. Fafner: Mika Kares. Alberich: Brian Mulligan. Fricka: Eve-Maud Hubeaux. Mime: Gerhard Siegel. Freia: Eliza Boom. Erda: Marie-Nicole Lemieux. Woglinde: Margarita Polonskaya. Wellgunde: Isabel Signoret. Flosshilde: Katharina Magiera. Donner: Florent Mbia. Froh: Matthew Cairns. Orchestre de l’Opéra national de Paris. Dirección musical: Pablo Heras-Casado. Dirección de escena: Calixto Bieito.
Casi una década después de recibir el encargo, el regista español estrena finalmente el prólogo de las tres jornadas de la nueva producción de El anillo del nibelungo de la Opéra de París, después de cancelarse en 2020 a causa de la pandemia. Una nueva producción que unirá de nuevo a Bieito con el director de orquesta Pablo Heras-Casado (ver entrevista en este enlace), tras su encuentro en el Teatro Real de Madrid con Die Soldaten.
Cancelado apenas dos semanas antes de su estreno a causa de la pandemia, El oro del Rin, el prólogo de las tres jornadas de la nueva producción de El anillo del nibelungo de la Opéra National de Paris (ONP), por fin se estrenará el 29 de enero, casi cinco años después de su cancelación y cerca de una década desde que Stéphane Lissner le encargara a Calixto Bieito dirigir una nueva producción de la Tetralogía en el que iba a ser el último año del gestor francés al frente del coliseo lírico parisino. Lissner solo pudo programar a finales 2020 un ciclo completo del Anillo en versión de concierto. Ese mismo año, Alexander Neff, sucesor de Lissner al frente de la ONP, mantuvo una entrevista online con Bieito –Premio ÓPERA ACTUAL 2019– para decirle que asumía en su futura programación esta nueva producción wagneriana que Neff ha programado para que se complete en 2026, coincidiendo con el 150º aniversario del estreno en Bayreuth de la Tetralogía al completo en agosto de 1876.
Los casi diez años transcurridos desde que el director español recibiera el encargo, a lo que se suma la pandemia, han hecho que el concepto dramatúrgico inicialmente concebido por Calixto Bieito –quien sitúa la acción en la actualidad, en un mundo dominado por la tecnología, la ciencia y la virtualidad digital, cuestionando su impacto en el ser humano– haya evolucionado hasta el punto de rehacer parte de la escenografía. “La base es la misma, pero hay muchas más cosas”, explica Bieito a ÓPERA ACTUAL. “En 2020 era todavía un poco extraño, pero actualmente ha habido una gran aceleración en el campo de la tecnología. Lo que inicialmente era un viaje a ese mundo digital ahora se convierte en un punto de partida y, sobre todo, en la historia con mucha acción de una gran saga familiar high-tech”.
¿Tanto han cambiado las cosas para que haya tenido que cambiar el concepto dramatúrgico de la producción prevista para 2020? El encargo se remonta a mayo de 2016, cuando Stéphane Lissner vio uno de los ensayos de la producción de Lear de Aribert Reimann que estrené en París ese mismo año. Me ofreció hacer la Tetralogía. Inicialmente, la Ópera de Oslo me había encargado dirigir El anillo del nibelungo, pero su director, Per Boye Hansen, dejó el teatro en 2017 y no pudo hacerse. Hubiera sido bonito montarla en Escandinavia, pero me gusta hacerlo en la Ópera de París. Me he sentido muy bien allí haciendo Lear, Simon Boccanegra, Carmen y El ángel exterminador. Pero después de preparar el Anillo en 2018 y empezarlo a ensayar en 2020, tras la cancelación por la pandemia y visto desde la perspectiva actual, he tenido que cambiarlo todo.
¿Cómo pasa de una familia mitológica a una familia tecnológica?
La pandemia ha cambiado mucho la tecnología, se ha acelerado todo y esto transforma completamente la aproximación que se puede hacer. El Anillo es una obra sobre una saga familiar, sobre la codicia, la guerra, la traición, el desprecio. Dios no existe. Dios es el oro. La civilización se ha transformado y el objetivo es ganar dinero. Los hombres han destruido finalmente la fantasía de Dios y se han transformado en sus propios dioses, ya no hace falta recurrir a la mitología. Ahora sabemos que hay personas, de carne y huesos, que se creen Dios, que pueden hacer lo que quieran. Esto ya es un inicio. Cuando dirigí Parsifal en 2010 ya cuestionaba la existencia del Dios como lo conocemos.
¿Y ese poder de creerse Dios lo brinda la tecnología?
Cada vez que hacemos una consulta en Google estamos creando un dios entre todos. Esto ya lo hizo Stanley Kubrick en su película 2001: una odisea en el espacio. Entre todos estamos creando a un Hal 9000. Y todo eso tiene algo de muy primitivo a la vez, porque esta ha sido desde siempre la ambición del hombre, reunir todo el saber y todo el pensamiento humano en una enorme biblioteca, le podemos llamar biblioteca de Alejandría o Google. Este es un viaje de aventuras entre la codicia, la tecnología, la guerra más primitiva, la destrucción de la naturaleza, la rebelión de naturaleza y un viaje al recuerdo, que intentaré hacer en esta producción del Anillo.
Cuando estaba previsto estrenar la producción en 2020 se programó el ciclo completo que podía verse en una semana. Ahora se han programado el prólogo y las tres jornadas por separado. ¿Eso le supone algún inconveniente?
Stéphane Lissner lo quería hacer todo seguido y a mí me pareció mejor en ese momento. Por una parte, es duro porque son cuatro óperas seguidas, pero conceptualmente es mucho mejor. Pero ahora que se hace por separado es un viaje con más niveles.
¿Para que cada ópera tenga un principio y final?
No, porque todo el ciclo completo se va a presentar en un periodo de tiempo mucho más extenso y yo voy a ir cambiando. Evidentemente, tengo un arco narrativo y sé adonde voy y puedo describirlo muy bien, incluso estéticamente, pero en total serán ocho meses de ensayos, contados también los previstos para hacer los dos ciclos completos al final, y pueden pasar muchas cosas. Básicamente, El anillo del nibelungo es una saga fantástica llena de imaginación, acción, de combinación de elementos.
Quiero humanizar, no trivializar
Parece que se toma la Tetralogía como una aventura, de una manera menos sacralizada que como parece que la abordan otros colegas suyos.
No. Creo que es una saga fantástica que está muy bien para actuar, para cantar, para tener imaginación, pero si me pregunta si es mi obra preferida, le diría que no. Me gusta si consigo hacer una cosa que tenga acción, que sea entretenida y que no solo sea una exhibición musical, que es maravillosa, pero que no pase nada. Quiero humanizarla, no trivializarla. De hecho, toda la Tetralogía está imbuida de las revoluciones del siglo XIX, de la anarquía, de la confusión de las ideas de Mijaíl Bakunin, de la revolución industrial británica, del antisemitismo de Wagner. La historia hay que verla en el contexto, porque en el momento del estreno ser antisemita era una tendencia.
¿Y dónde sitúa el Anillo entre otras dos de las grandes óperas de Wagner que también ha dirigido, Parsifal y Tristan und Isolde?
El anillo del nibelungo es una cosa y Parsifal y Tristan und Isolde, otra. El libreto de la Tetralogía me parece fundamental y está en equilibrio con la música, que ayuda a su proyección a la vez que ilumina a los personajes, sentimientos y estados psicológicos. Wagner ya era un compositor muy experimentado que sabe muy bien como reflejar esos diferentes niveles cuando el texto tiene que sonar muy claro, sin impedimentos musicales, y otros en los que la música ilustra el estado psicológico del personaje. El texto describe los estados emocionales de los personajes y la música el pensamiento, la premonición y el recuerdo. El recuerdo y la pérdida son una parte importante en esta producción. Premonición de lo que vendrá. Recuerdo son todos los Leitmotiv, algunos de los cuales se repiten hasta cien veces.
Con la Tetralogía habrá dirigido todas las óperas canónicas de Wagner, excepto Los maestros cantores de Núremberg.
No me gusta nada Los maestros cantores. Me han ofrecido dirigirla, pero he dicho que no.
¿Por qué no le gusta? Sí dirigió, en cambio, Falstaff de Verdi, que es también una comedia, un género que ha abordado en muy pocas ocasiones.
No es porque sea una comedia. Los maestros cantores es muy larga y no me gusta, no sabría como hacerla. Tengo colegas que han dicho que no la dirigirían nunca y la han acabado dirigiendo. En cualquier caso, Falstaff me gusta más que Maestros cantores. Aunque el problema de Verdi es que se equivocó de Falstaff. El libreto de Boito es bueno, pero cogió el personaje de Falstaff de la obra equivocada. Hay dos Falstaff, el de Enrique IV, que es el Falstaff bueno, un personaje deleznable, un traidor que roba incluso el dinero de los muertos, una mala persona. La reina Isabel I se enamoró del personaje y le pidió a Shakespeare que escribiera una nueva obra en la que apareciera y escribió Las alegres comadres de Windsor, en la que para ser condescendiente hace que las mujeres se rían de él. Verdi eligió el Falstaff políticamente más correcto, dejando de lado el más gamberro, que es el mejor, pero la segunda parte de la ópera de Verdi está muy bien y tiene un final precioso.
¿Está usted está enganchado a Wagner?
No. Estaba enganchado cuando era joven, durante la adolescencia. Cuando era un niño a mi padre le encantaba la obertura de Maestros cantores y la ponía muchas veces y el personaje de Wagner me resultaba energizante. Me duró bastante. Luego llegó Mahler… Pero he de confesar que me lo he pasado muy bien dirigiendo las óperas de Wagner, especialmente El holandés errante, cuando tuve esa visión de todos los hombres de negocio en crisis viajando en patera, y también con Parsifal haciendo que Gurnemanz se inventara un nuevo Jesús, y también con Tristan explicando el pasado de una pareja que vienen del agua, como los peces, y que viven en dos casas pero no se pueden ver y al final ella renuncia a los hijos. Esto es realmente romántico.– ÓA
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