ENTREVISTAS
Lucía Iglesias debuta en ABAO con 'Werther': "Sophie aporta luz a un universo marcado por el desgarro"
La soprano gallega Lucía Iglesias debuta en ABAO Bilbao Opera como Sophie en Werther de Jules Massenet, un papel especialmente significativo en su trayectoria, ya que esta ópera marcó el despertar de su vocación cuando era niña. En esta entrevista con ÓPERA ACTUAL, la soprano reflexiona sobre la dimensión dramatúrgica y vocal de un personaje, analiza la escritura musical de Massenet, la propuesta escénica de Rosetta Cucchi y repasa los hitos de su formación y carrera, desde Mozart y el bel canto romántico hasta sus próximos retos artísticos y sueños de futuro.
Con apenas unos años de carrera profesional, Lucía Iglesias (A Coruña, 2000) se ha consolidado ya como una de las sopranos con mayor proyección de la nueva cantera española gracias a una voz consolidada y a un gran instinto teatral. Desde su debut profesional en 2019 como Clorinda en La Cenerentola de Rossini dentro del circuito de Òpera a Catalunya, ha ido sumando algunos de los roles más significativos del repertorio lírico —Adina (L’elisir d’amore), Susanna (Le nozze di Figaro), Nannetta (Falstaff) o Musetta (La Bohème)—, en escenarios como el Teatro Real, el Teatro Mancinelli de Orvieto, el Auditorio de Galicia o el Palacio de la Ópera coruñés.
Premiada en certámenes de prestigio internacional como el Veronica Dunne International Singing Competition o el Concorso Spazio Musica, en enero de 2026 dará un nuevo paso decisivo en su trayectoria con su debut en ABAO Bilbao Opera: interpretará, junto a Celso Albelo y Annalisa Stroppa, a Sophie en Werther de Jules Massenet, un rol cargado de lirismo y frescura que dialoga de forma especialmente significativa con sus propios inicios artísticos y confirma su afinidad natural con el repertorio romántico.
Debutas en ABAO con Sophie. Desde el punto de vista dramatúrgico, ¿cómo ves este personaje, que funciona como contrapunto a la personalidad de su hermana Charlotte? Creo que Sophie es un personaje muy necesario en la ópera. En contraste con el drama y la oscuridad de Charlotte, Sophie aporta luz. A pesar de haber perdido a su madre, siempre afronta las situaciones con positividad desde un punto de vista infantil e ingenuo; es lógico, porque en la novela de Goethe Sophie tiene solo 11 años. No es hasta el tercer acto cuando se aprecia su evolución y empieza a expresarse de una manera más profunda con su hermana. El entendimiento entre ambas se refuerza, y creo que el público lo percibirá, porque siento ese vínculo con Annalisa Stroppa desde el primer día de ensayos.
A pesar de este debut, Werther ya estaba en tu ADN artístico, ya que habías participado en esta obra siendo niña. ¿Qué recuerdos tienes de esa “primera vez”? Fue un antes y un después en mi vida. En esa producción yo tenía 9 años y me enamoré de la ópera, especialmente del proceso creativo: ¡adoro ensayar! Una empieza imaginándose la escenografía y poco a poco todo va tomando forma, y eso cambia cómo te mueves y cómo actúas; es una auténtica metamorfosis.
¿Qué significó para ti participar entonces en esa ópera? Antes de aquel Werther del Festival Mozart de A Coruña me atraían todas las profesiones que se desarrollaban sobre el escenario: cantante, actriz, bailarina, presentadora… Pero en la ópera descubrí mi verdadera pasión.
La tesitura de Sophie es muy aguda y, por color y luminosidad, parece encajar con la personalidad del papel. ¿Estás de acuerdo? Realmente Sophie no posee una tesitura tan aguda; de hecho, rara vez sale del pentagrama y su nota más alta es un La, que para una soprano no es un extremo, ni mucho menos. Se mueve en una tesitura similar a la de Charlotte, pero es la forma magistral en la que Massenet escribe sus melodías lo que crea un contraste tan marcado con el resto de personajes principales. Su música es siempre más ligera, luminosa e infantil, al igual que su texto, mucho menos poético que el de Albert, Charlotte y, por supuesto, que el de Werther. Massenet, además de ser uno de mis compositores favoritos, es un gran maestro de la ópera y plasma perfectamente la personalidad de cada personaje en la música.
© Fundación Amigos del Teatro Real Lucía Iglesias fue miembro del proyecto 'Crescendo' del Teatro Real
¿Crees que de alguna manera Sophie siente algo por Werther? ¿Se llega a enamorar de él? Sí, diría que a Sophie le gusta Werther, aunque enamorada es una palabra demasiado fuerte para una niña de 11 años. No podemos comparar su amor ingenuo con el de Charlotte, que es más pasional, carnal y maduro. Charlotte sí está enamorada de Werther. Tiene mucho sentido que Sophie quiera a Werther porque, durante su estancia en Wetzlar, él se convierte en parte de la familia, y para Sophie la familia y el sentimiento de unidad son fundamentales. Además, su hermana se casa con Albert y ella también desea casarse algún día. De hecho, el único momento de toda la ópera en el que Sophie está triste es cuando Werther se marcha sin dar explicaciones.
¿Cómo trata el personaje la puesta en escena de Rosetta Cucchi? Me parece una propuesta tremendamente interesante. Todos los actos son recuerdos del propio Werther antes de suicidarse, algo que tiene sentido porque, siempre que él canta, el tiempo parece detenerse. En esta lectura, Sophie es un personaje rebelde, desordenado, incluso un poco masculino que, sin embargo, experimenta una evolución importante: en el tercer acto se vuelve más mujer y más madura. Hay que pensar que entre el primer acto y el tercero transcurren seis meses muy importantes para Sophie, ya que pasa de ser una niña a asumir el rol de madre de familia. Me he entendido perfectamente con Rosetta y en varias ocasiones ha dicho: “Lucía no hace de Sophie, Lucía es Sophie”. Es un placer comprobar que el trabajo da sus frutos.
De los personajes que ya tienes en repertorio, ¿cuáles te resultan más interesantes y atractivos, y por qué? Por ahora mi voz se mueve con libertad en el bel canto, especialmente en los personajes más brillantes. Donizetti es otro de mis compositores favoritos y he disfrutado muchísimo interpretando Adina de L’elisir d’amore este verano en Italia. Me ha ayudado a encontrar un canto más mórbido y entiendo perfectamente al personaje porque he sido Adina muchas veces en mi vida… A menudo se la considera frívola, y no lo es; aunque es inmadura, es fiel a sus sentimientos.
© Gemma ESCRIBANO La soprano Lucía Iglesias
¿Qué lugar ocupa Sophie dentro de ese recorrido vocal y estilístico? Sophie era uno de los roles que tenía muchas ganas de debutar. Es mi primer papel francés y adoro cantar en esta lengua, seguramente porque mi padre creció en Ginebra y he estado siempre familiarizada con su fonética. Mentiría si dijera que hay un rol que me gusta más que otro: cada uno aporta cosas diferentes. Disfruto estudiando, ensayando y cantando; me gustan los retos, crecer como artista y profundizar en los personajes. Estoy deseando debutar en el Maestranza como Pamina y en junio interpretaré por primera vez un título barroco en Lima.
Soñando un poco, ¿qué personajes te gustaría debutar a corto y a largo plazo? Me encantaría debutar Norina de Don Pasquale y hacer más Rossini, un compositor muy importante en mi formación. El repertorio francés y Mozart también me atraen mucho; Ilia de Idomeneo, por ejemplo, me parece un personaje fascinante. Creo que sería un buen momento para Olympia de Les contes d’Hoffmann, Oscar de Un ballo in maschera y todos aquellos roles que requieran una voz fresca y flexible, además de un físico joven. Si hablamos de sueños a largo plazo, me encantaría interpretar Manon de Massenet. Tengo muy en cuenta la opinión de mis maestros, Daniel Muñoz y Manuel Burgueras, a la hora de elegir un rol, aunque estoy abierta a todas las propuestas siempre que mi voz pueda asumirlas y tenga el bagaje vital necesario para entender al personaje. Cerrarse a un estilo o repertorio con 25 años es contraproducente.
En perspectiva, y como profesional del canto lírico, ¿qué significó para ti formar parte de un coro de niños? Es una experiencia muy completa para cualquier joven, incluso aunque no se dedique a la música. El coro me aportó tablas, disciplina, trabajo en equipo y un gran conocimiento del repertorio y del estilo. Empecé en el Coro de la Orquesta Sinfónica de Galicia en 2009 y estuve 10 años con ellos. Allí tuve la oportunidad de trabajar con algunos de los directores y solistas más importantes de nuestro tiempo, y también hice mis primeros solos. Si hoy he podido afrontar recitales, conciertos y una decena de roles a mi edad, es en gran parte gracias a todas esas tablas que fui construyendo con ellos.
A lo largo de tu trayectoria has trabajado ya con directores de escena y musicales de gran prestigio. ¿De quiénes sientes que has aprendido más? El primer director de escena con el que trabajé fue Graham Vick, y me dio una base enorme: para él, si no era perfecto, no valía. Otra gran profesional es la soprano Gabriella Ravazzi, que como directora de escena comparte una ética de trabajo muy similar, en parte por su estrecha relación con Strehler, conocido por su exigencia extrema con los cantantes. También recibí clases de técnica actoral con Jorge Torres, que me dieron muchas herramientas para abordar un personaje, y aprendí muchísimo en la Escola d’Òpera de Sabadell y en el programa Crescendo del Teatro Real, experiencias que recomiendo a todos los jóvenes cantantes.
¿Y en el ámbito musical? De los directores musicales, Giuseppe Finzi me ha enseñado mucho sobre el bel canto romántico; Carlo Rizzi me ayudó a preparar la Nannetta del Falstaff de Verdi y he tenido una experiencia estupenda trabajando con José Miguel Pérez-Sierra: ¡me encantaría hacer un Rossini con él! En realidad aprendo de todos los profesionales con los que trabajo y me encanta estar en constante mejora y evolución. Además, preparar Sophie estas últimas semanas con Carlo Montanaro ha sido una auténtica revelación. ¡Qué grandísimo maestro! Es un verdadero placer trabajar con profesionales de tan alto nivel.– ÓA
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