En Portada
ÓA 271 (II): 'Antony and Cleopatra', las claves de una ópera de hoy
El estreno de la última ópera de John Adams fue un encargo por el centenario de la Ópera de San Francisco
Desde su debut en el ámbito de la ópera, en 1987 con Nixon in China, John Adams ha ido construyendo una carrera en la cual el repertorio dramático ha sido fundamental para su consagración internacional. El estreno europeo de su última ópera, del 28 de octubre al 8 de noviembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, vuelve a poner al compositor en primera línea informativa tras sus recientes éxitos en París y Madrid con dos producciones distintas de su primera composición operística.
El compositor estadounidense John Adams irrumpió desde San Francisco en el mundo de la música a principios de 1980; lo hacía como un autor de obras minimalistas, pero gradualmente fue escapando de dicha calificación y se convirtió en un creador que incorporaba todo tipo de influencias a un lenguaje musical mucho más complejo. No dejó de ser un innovador en el pasado —y ello a pesar de las controversias que toda innovación comporta—, especialmente en el terreno de la ópera. Adams se ha situado en el límite una y otra vez, empezando con la peculiar idea de componer una ópera sobre la visita del presidente Richard Nixon a China en 1972 (Nixon in China, 1987). Con todo, su ópera más reciente, Antony and Cleopatra (2022) puede considerarse la mayor de todas las sorpresas. Encargada por la Ópera de San Francisco para inaugurar la temporada de su centenario, el 10 de septiembre de 2022, es la más convencional de sus obras escénicas, como un esbozo del propósito de volver a conectar con el curso de la larga historia del género….
En esta obra, Adams —autor también del libreto— por vez primera en su trayectoria recurre a un texto ya existente, en este caso la obra teatral del mismo nombre de William Shakespeare, con algunas adiciones de textos de Virgilio, Plutarco y otras obras del bardo inglés. Existe aquí una línea narrativa a la que aferrarse mientras los personajes alternan sus diálogos y existe también un desarrollo coherente de los personajes; puede percibirse la forma en que la música sirve al drama, como en cualquier ópera convencional. De modo parecido, la partitura de Antony and Cleopatra tiende a mirar hacia el pasado en la obra del propio John Adams. Un oyente atento podrá ciertamente reconocer el sello del compositor en detalles como las agitaciones repetitivas, la presencia de ese címbalo que da a la orquesta un tono particular, ese regusto especial de su última época y que de alguna manera evoca el efecto preminimalista del preludio del Oro del Rin wagneriano en uno de los interludios orquestales… Nada aquí, pues, de tierra nueva a roturar. Como Samuel Barber en su obra del mismo título, Adams encuentra su máxima inspiración en la escena del parlamento de Cleopatra antes de quitarse la vida, un monólogo construido con una expresión emocionalmente conmovedora en el que la reina reclama su atuendo con las mismas palabras de Shakespeare, con esas notas apresuradas que subrayan el canto en una gloriosa epifanía ideada por el compositor.
Debut como libretista
Otra particularidad que se observa en Antony and Cleopatra en relación con la obra anterior de John Adams, es la de haber prescindido de la colaboración habitual del dramaturgo y director de escena Peter Sellars, aunque la tendencia de este a ligar la acción de las óperas que monta a momentos históricos del presente puede, de cualquier modo, detectarse en la labor de Elkhanah Pulitzer en la dirección de escena propuesta en la producción que se verá en Barcelona al evocar el glamour que el Hollywood de la década de 1930 impuso a los personajes del general romano y la reina egipcia. No hay, en efecto, diferencia alguna entre los paparazzi de aquellos tiempos y los que ahora fotografían a la pareja protagonista de cualquier
historia del papel cuché.
Actualizando a Shakespeare
En esta nueva ópera tampoco se rehúyen aspectos relacionados con la política contemporánea. En una escena que no figura en la obra literaria de Shakespeare, el César (Octavio Augusto) pronuncia un largo discurso proclamando la victoria de la raza romana sobre el mundo antiguo con aires de futuro dictador a lo Benito Mussolini, pero que igualmente podría tomar como referencia la de diversos dirigentes políticos de estas primeras décadas del siglo XXI de Rusia, Hungría, Turquía o Brasil, sin excluir a Estados Unidos. No puede sorprender que el público asistente al estreno de la obra en la Ópera de San Francisco premiara esta escena con un aplauso espontáneo, algo poco frecuente en las óperas contemporáneas.
La recepción de la obra por parte de la prensa del estreno no fue unánime, aunque tampoco puede hablarse de sorpresa ante las controversias provocadas por anteriores obras escénicas de Adams. Según el New York Times, y en comparación con otras obras anteriores del autor, Antony & Cleopatra constituyó “una decepción”. En el extremo opuesto, sin embargo, el San Francisco Chronicle señaló que “la forma en que se trataban el amor y la política resultaba rica y evocadora, amén de pródiga en detalles”. La ovación del público al término de la función del estreno fue moderadamente entusiasta, lo que de alguna manera se sitúa entre ambos extremos.
Se trataba, obviamente, de una reacción que podría calificarse de provisional, pues John Adams se caracteriza por revisar su producción dramática tras las primeras representaciones [tal y como explica el compositor en la entrevista], tomando nota en esto del propio Verdi, que solía atender a la reacción de su público para revisar sus obras ya estrenadas ante futuras reposiciones. La ópera-oratorio The Gospel According to the other Mary (2013), por ejemplo, sufrió cambios después de estrenarse, y lo hizo para mejorar, y la ópera Girls of the Golden West (2017) fue representada recientemente en Ámsterdam y Los Ángeles con importantes modificaciones, incluyendo una escena final distinta y nueva música para el primer acto. Y aunque no haya habido noticias de cambio alguno en el caso de Antony & Cleopatra antes de su estreno europeo [Adams dice que lo tendrá claro cuando prepare su obra en Barcelona], es poco probable que no los haya en el futuro (Crítica del estreno en Barcelona).





