Zeppenfeld y Spyres al rescate de unos 'Meistersinger' vacíos

Bayreuth

26 / 07 / 2025 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

bayreuth wagner La nueva producción de 'Los maestros cantores' de Matthias Davids © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH
bayreuth wagner Georg Zeppenfeld como Hans Sachs © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH
bayreuth wagner La nueva producción de 'Los maestros cantores' de Matthias Davids © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH

Festival de Bayreuth

Wagner: DIE MEISTERSINGER VON NÜRNBERG

Inauguración. Nueva producción

Georg Zeppenfeld, Michael Spyres, Matthias Stier, Christina Nilsson, Christa Mayer, Jongmin Park, Michael Nagy. Dirección de escena: Matthias Davids. Dirección musical: Daniele Gatti. Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth. 25 de julio de 2025.

El Festival de Bayreuth inauguró anoche su 149ª edición con una nueva producción de Die Meistersinger von Nürnberg, la así llamada «comedia» de Richard Wagner, que volvió a la Verde Colina bajo la batuta de Daniele Gatti. Todo un reto para el equipo del regista Matthias Davids, encargado de revisitar los cantores justo después de que lo hiciera Barrie Kosky con su acaparador hit de 2017, solo comparable al Tannhäuser de Tobias Kratzer en éxito y popularidad. Proveniente del género del musical, Davids había prometido una lectura ligera de la obra, centrada en recalcar sus ademanes cómicos y su potencial para hacer reír al público. Ardua tarea.

Risas hubo pocas, en la velada del viernes, muchas menos que con Barrie Kosky. Es de rigor preguntarse por qué, teniendo en cuenta que la concentración en la comicidad de la ópera era el eje principal de la producción de Matthias Davids. Una primera explicación podría darse aludiendo al hecho de que los cantantes de ópera no son actores de musical, y que, por lo tanto, por muy geniales que sean las ideas del regista –el famoso Polterabend al final del segundo acto, por ejemplo, le sale redondo–, su realización escénica llega hasta donde puede el limitado acento farandulero de los intérpretes.

Otra razón podría ser el desplazamiento de la comicidad de la dirección escénica, por momentos sorprendentemente austera, al plano estético. Este gesto tiende a dar malos resultados, especialmente si, como en este caso, lo que rige la producción a nivel estético es una deliberada falta de referencialidad. Hasta la escena de la Festwiese en el tercer acto, la dirección de Davids es simplemente conservadora (si en la partitura se habla de una iglesia, en el escenario hay una iglesia, si se habla del taller de un zapatero, hay el taller de un zapatero). En la última escena, sin embargo, su visión se desvela como lo que es, es decir, una auténtica capitulación de la dirección de escena ante la problemática que presenta el texto original. Una enorme vaca hinchable multicolor llena el escenario, y tanto el atrezzo como la indumentaria del coro y los solistas, que van disfrazados en el peor sentido de la palabra, se mueven en una inconsistencia estética que huele, si es que huele a algo, a crítica superficial de lo rural y provincial-institucional. ¿Cómo incitar la risa, evitando toda referencia diáfana a cualquier tipo de realidad, renunciando así por completo a una herramienta tan fundamental como la ironía? No es suficiente, para hacer reír, con sacar a pasear sobre el escenario supuestos «dobles» de personalidades políticas, como Angela Merkel. Queda la duda de si el equipo de Davids es consciente de haber citado, con la aparición final de Eva como exuberante trofeo floral, una de las películas de terror más siniestras de los últimos años, Midsommar (2019). Si fuese deliberado, este único momento metatextual sería cómico de una forma diametralmente opuesta – y mucho más interesante – a la indolencia culpable del resto de la producción.

"Las líneas claras, las dinámicas controladas y el equilibrio de ensueño entre timbres tuvieron un especial correlato en las voces, especialmente en el Hans Sachs de Georg Zeppenfeld y en el Walther von Stolzing de Michael Spyres"

La velada la salvaron, o más bien la llenaron por completo, los músicos. Daniele Gatti y la Orquesta del Festival sirvieron unos Meistersinger transparentes, amables y expertos, convirtiendo una de sus obligaciones más complejas, la coordinación con los cantantes –especialmente intricada en este teatro y en esta ópera en concreto– en un juego de niños. Los preludios del primer y tercer actos fueron auténticas proezas instrumentales, dos delicados homenajes al genio sinfónico de Richard Wagner. Las líneas claras, las dinámicas controladas y el equilibrio de ensueño entre timbres tuvieron un especial correlato en las voces, especialmente en el Hans Sachs de Georg Zeppenfeld y en el Walther von Stolzing de Michael Spyres. La experimentada destreza del primero, el más grande especialista en el dialecto wagneriano del momento, entroncó con la extraordinaria ligereza aterciopelada del segundo, sin miedo alguno a los pasajes más expuestos de su papel. Su interpretación del quinteto del tercer acto, clímax expresivo de la ópera, junto a Christina Nilsson como Eva, Christa Mayer como Magdalena y Matthias Stier como David –todos ellos fabulosos en la totalidad de sus papeles, quizás con la excepción de Stier, un poco nervioso en su debut en Bayreuth–, será difícil de olvidar.  * Lluc SOLÉS, corresponsal en Bayreuth de ÓPERA ACTUAL

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