CRÍTICAS
NACIONAL
Zarzuela con sabor latinoamericano para inaugurar 2026
Madrid
Teatro de La Zarzuela
Concierto de Año Nuevo
Nancy Fabiola Herrera, Zayra Ruiz, Darío Solari, Andrés Presno. Obras de Federico Moreno-Torroba, José Serrano, Manuel Fernández Caballero, Zenón Rolón, Manuel Penella, Francisco Payá, Ernesto Lecuona, Reveriano Soutullo y Juan Vert, Arturo Márquez, Gonzalo Roig y Eliseo Grenet. Orquesta de la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro de la Zarzuela. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. 3 de enero de 2026.
Para su Concierto de Año Nuevo, el Teatro de La Zarzuela de Madrid escogió un programa novedoso y original que presentaba páginas muy populares del repertorio lírico junto a otras menos cursadas o directamente desconocidas, como son las pertenecientes a El orgullo de Jalisco, de Moreno Torroba, zarzuela estrenada en la capital mexicana en 1947 y recuperada hace muy pocos meses, en Guadalajara, México. Es una excelente iniciativa, y es de esperar que empiece a situar en su lugar la dimensión hispanoamericana del género, tan olvidado, salvo honrosas y escasas excepciones.
La iniciativa debía contar, obligadamente, con Nancy Fabiola Herrera. La mezzo canaria, Premio ÓPERA ACTUAL 2018, siempre se ha movido con soltura en ambos lados del Atlántico, conoce bien el repertorio hispanoamericano y, justamente, ha sido la protagonista en México de la recuperación de la citada obra de Moreno-Torroba. Es bien conocida la preciosa voz de Herrera: rica y consistente en el centro, con facilidad en la zona aguda, técnica sobresaliente e intensa expresividad, siempre elegante. Preciosa su interpretación dela romanza “¿Por qué a mí vuelve?”, de El orgullo de Jalisco, y gran lección belcantista, con un control sobresaliente de la respiración y un interiorizado lirismo, en la muy delicada y operística romanza “Nostalgia angustiosa”, de la desconocida Chin Yonk del compositor argentino Zenón Rolón, cuya obra seguramente valdría la pena conocer. La famosísima “¡Yo soy Cecilia Valdés!”, que tantas veces ha interpretado, le dio una nueva ocasión de desplegar su talento teatral y su capacidad de conectar con el público, con unos agudos limpios, a plena voz, rotundos y afilados, y una soltura y una elegancia sobresalientes.
Le acompañaron la soprano —antes mezzo— Zayra Ruiz, de fabulosa presencia escénica y voz rotunda, equilibrada, ancha, refulgente y capaz de coloraturas vertiginosas sin problemas aparentes: se lució en la romanza “Yo quiero a un hombre”, de El cabo primero y cantó con expresividad bien controlada una versión memorable, muy rica de matices, de la conocida “Mulata infeliz” de María la O de Lecuona. Excelente también el barítono uruguayo Darío Solari, de una prestancia y elegancia señoriales, con un instrumento rico en armónicos, denso, muy masculino, manejado con buena técnica y soltura; dejó apabullado al público con su “Junto al puente de la peña”, cantada con intención y teatralidad y lo conmovió con la preciosa y muy sentimental “Los cantos alegres de los zagales”, de La del Soto del Parral. Es de desear que se le escuche más, como a Zayra Ruiz, en los grandes teatros líricos del país. Estupendo Andrés Presno, también uruguayo, de gran voz tenoril, homogénea, expansiva y expresiva: muy bien en la siempre arriesgada “De este apacible rincón de Madrid” y la jota de El dúo de La Africana, cantada con ganas y sin regatear medios con Zayra Ruiz.
Los varios números de conjunto culminaron con una gran interpretación de “Todas las mañanitas”, al que se unieron, de forma inesperada pero muy bienvenida, tenor y barítono. Los cuatro entonaron también una versión muy divertida de “¡Popa!” de La camagüeyana de Eliseo Grenet y, de propina, una versión de gran empaque, expresiva, rápida y chispeante, muy madrileña, del cuarteto y las caleseras de El barberillo de Lavapiés: no podía faltar en un concierto liderado por el muy barbierista José Miguel Pérez-Sierra, que dirigió con su maestría y su intensidad habituales, siempre pendiente del menor detalle. El director madrileño aúna inteligencia, finura y estilo. ¡Qué gran maestro! En sus manos, con los cantantes seguros bajo su guia, la Orquesta Titular del Teatro de La Zarzuela sacó a relucir todos los matices de que es capaz, alcanzando un virtuosismo extraordinario en el Danzón Nº 2 de Artur Márquez, de gran exigencia tímbrica y rítmica.
Gran éxito de un concierto ya tradicional pero que llegó cargado de sorpresas y que inauguró el nuevo año con alegría y optimismo. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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