CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Una 'Lady Macbeth' de impacto inauguró la temporada de La Scala
Milán
Teatro allla Scala
Shostakóvich: LADY MACBETH DEL DISTRITO DE MTSENSK
Nueva producción. Inauguración de la temporada
Sara Jakubiak, Alexander Roslavets, Najmiddin Mavlyanov, Eugeny Akimov, Ekaterina Sannikova, Elena Maximova, Valery Gilmanov, Oleg Budaratskiy, Alexander Kravets. Dirección musical: Riccardo Chailly. Dirección de escena: Vasily Barkhatov. 19 de diciembre de 2025.
La Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakóvich regresó a la sala del Teatro alla Scala por cuarta vez y lo hizo triunfalmente, inaugurando la temporada 2025-26. Su turbulenta historia en la Rusia de Stalin es bien conocida gracias al artículo publicado en Pravda el 28 de enero de 1936, Caos en lugar de música, recordado en el programa de mano como un ejemplo de hasta qué punto la censura puede alcanzar también al ámbito artístico. Turbulenta es también la historia de este título en este teatro; tras el fracaso del intento mediado por Siciliani en 1959 —la dirección escénica debía confiarse a Visconti—, la ópera llegó a Italia en 1964 en la versión “purgada” por el compositor para su reposición en Rusia con el título de Katerina Ismailova e interpretada, como era costumbre en la época, en traducción italiana (de Flavio Testi); la puesta en escena provenía de la Ópera Nacional Checa, dirigida por Miloš Wasserbauer, con escenografía y vestuario de František Tröster, la misma producción que se presentó en el Liceu de Barcelona en tres funciones del 28 de diciembre de 1965 al 6 de enero de 1966. La versión original de Lady Macbeth de Mtsensk recaló en La Scala el 2 de junio de 1992, en presencia de la viuda de Shostakóvich, Irina Antonovna, con Myung Whun Chung en el podio y regia de André Engel.
La nueva y espectacular puesta en escena que ha inaugurado el curso milanés ha resultado digna de cualquier prima de La Scala; firmada por Vasily Barkhatov, contó con escenografía de Zinovy Margolin, vestuario de Olga Shaishmelashvili y luces de Alexander Sivaev, exmarido de Asmik Grigorian, inicialmente contratada para el papel protagonista. El resultado ha sido de gran impacto, con un auténtico golpe de teatro en el último cuadro, cuando un camión militar irrumpe en escena y las dos mujeres, en lugar de caer en las oscuras aguas del lago —tan bien descritas en la música—, se prenden fuego.
El recurso que permite pasar de una escena a otra es un flashback en forma de declaración a la policía, realizada entre cigarrillo y cigarrillo, con reconstrucción física de los hechos, incluido el fatídico coito que los protagonistas simulan completamente vestidos y con esposas en las muñecas, entre las risas de los policías ante la “eyaculación musical” de Serguéi, que resulta grotesca. Son muchas las elecciones arbitrarias del regista: la ambientación en un restaurante de lujo, donde un chef sustituye al pope en el tercer acto, y donde el autoritario padre Boris exhibe trofeos y un palo de hockey sobre hielo… Falta el “elemento híbrido entre Charlie Chaplin y Fiódor Dostoievski” identificado por Sollertinsky y, una vez más, el público se encuentra ante una producción carente de individualidad, que podría adaptarse a cualquier otro título. Al público, sin embargo, le gustó, y eso es suficiente.
Triunfo absoluto para la dirección de Riccardo Chailly, quien afortunadamente se recuperó de la enfermedad que lo afectó la noche del 10 de diciembre y que le obligó a suspender la función tras el segundo acto. Orquesta y coro —este último, gracias al siempre apreciado maestro Alberto Malazzi— se mantuvieron en la cima de su ya superlativo nivel habitual. Una lectura cautivadora, de gran precisión en los detalles de una partitura increíblemente rica, capaz de captar el elemento satírico y grotesco, así como de volar con delicadeza casi straussiana en las frases amorosas de Katerina, cambiando abruptamente de color y dinámica en los arrebatos machistas de Serguéi.
El reparto fue excelente, empezando por la sensacional protagonista, la soprano estadounidense Sara Jakubiak, con una voz imponente por proyección y belleza tímbrica, cualidades aún más notables en un papel vocalmente tan exigente. El bajo Alexander Roslavets, un Boris de manual, fue muy aplaudido; bien centrado el tenor Najmiddin Mavlyanov como arrogante Serguéi. No se quedó atrás, tanto en canto como en presencia escénica, el Zinovi del tenor Eugeny Akimov. Excelentes la Aksinia de la soprano Ekaterina Sannikova y la Sonetka de la mezzosoprano Elena Maximova; cómicos el pope cocinero, interpretado por el bajo Valery Gilmanov, el sargento de policía Oleg Budaratskiy y el borracho que descubre los oscuros planes de la diabólica Lady, el tenor Alexander Kravets. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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