CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Una 'Bohème' impresionista y conmovedora
Roma
Teatro dell'Opera
Puccini: LA BOHÈME
Carolina López Moreno, Saimir Pirgu, Desirée Rancatore, Nicola Alaimo, Alessio Arduini, William Thomas, Matteo Peirone. Dirección musical: Jader Bignamini. Dirección de escena: Davide Livermore. 17 de enero de 2026.
Esta producción de La Bohème del Teatro dell’Opera, realizada en colaboración con el Palau de Les Arts Reina Sofía de Valencia, ya se había visto en Roma en los enormes escenarios de las Termas de Caracalla y del Circo Máximo. Pero ahora, en su sede, la sala del teatro Costanzi, fue posible apreciar en detalle el espectáculo concebido por Davide Livermore, que sitúa la historia de Mimì y Rodolfo en los años del impresionismo, proyectando en el fondo del escenario diversas obras de Van Gogh, Renoir, Monet y otros pintores de la época. La dirección escénica narra las vicisitudes inestables y cambiantes de ese pequeño grupo de jóvenes artistas sin recursos mediante una actuación natural y sin forzamientos, que parece espontánea, pero que está claramente calculada y ensayada al detalle.
De manera similar, el director musical Jader Bignamini, con tempi y dinámicas en constante cambio, capta los frecuentes y rápidos pasajes entre distintas atmósferas. Los momentos más animados y juguetones están llenos de vida; los más líricos rebosan sentimiento y expresividad, y la escena final de la muerte de Mimì resulta profundamente conmovedora.
Debutaba en Roma la soprano alemana de origen boliviano-albanés Carolina López Moreno; su timbre puro y claro es perfecto para interpretar los delicados sentimientos de una joven frágil como Mimì. Conquistó de inmediato al público con el lirismo de “Mi chiamano Mimì”, pero su interpretación alcanzó las cotas más altas en los momentos melancólicos y dolorosos del tercer y cuarto acto; aunque voz no es especialmente potente, esto no supone un problema en La Bohème. La bella y luminosa voz de Saimir Pirgu se fundía perfectamente con la de Moreno; el tenor albanés resultó especialmente atractivo en los pianissimi, como los que Puccini exige a Rodolfo al final del primer cuadro, aunque en ocasiones cedió a la tentación de dar rienda suelta a la voz, rompiendo el encanto de las páginas líricas con algunos forte fuera de lugar.
Excelentes también los intérpretes de los demás bohemios. Nicola Alaimo otorgó a Marcello una gran variedad de matices expresivos y Desirée Rancatore dibujó a una Musetta bien cantada, coqueta y caprichosa, pero sin excesos caricaturescos; en el cuarto acto la soprano siciliana expresó con intensidad su emoción y su dolor durante los últimos minutos de vida de su amiga Mimì. Perfecto el Schaunard de Alessio Arduini y William Thomas captó bien el carácter de Colline, un filósofo dentro de ese grupo de jóvenes artistas vivaces y exuberantes. Como es habitual, Benoît y Alcindoro fueron interpretados por un único cantante, en esta ocasión Matteo Peirone, especialista insuperable en estos dos personajes.
En definitiva, lo que se presentaba como una Bohème aparentemente rutinaria, resultó ser una edición ejemplar de la obra maestra de Puccini, aplaudida con entusiasmo por un público que llenaba por completo el teatro. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL





