CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Un sorprendente Rossini con dos finales
Marina Franca
Festival della Valle d’Itria
Rossini: TANCREDI
Nueva producción
Yulia Vakula, Francesca Pia Vitale, Dave Monaco, Adolfo Corrado, Hinano Yorimitsu, Giulia Alletto. Dirección musical: Sesto Quatrini. Dirección de escena: Andrea Bernard. Palazzo Ducale, 29 de julio de 2025.
Décima de las 39 óperas que componen la trayectoria creativa de Rossini, Tancredi fue, el 6 de febrero de 1813 en el Teatro La Fenice de Venecia, su primer gran éxito como compositor de obras trágicas. A decir verdad, debido a las conveniencias teatrales de la época, que imponían un final feliz incluso a las óperas más dramáticas, el libreto de Gaetano Rossi, que había reducido los cinco actos de la obra francesa Tancrede de Voltaire a dos, traicionó, por así decirlo, la idea original. No obstante, para la reposición de la ópera en Ferrara, en marzo del mismo 1813, Rossini, consciente de las evidentes incongruencias de la primera versión, introdujo algunos cambios, el más significativo de los cuales fue un nuevo final con la muerte en escena del protagonista, siguiendo así en el texto —probablemente debido al conde Luigi Lechi— más rigurosamente el original de Voltaire de 1760.
Ahora, en Martina Franca, siguiendo la edición crítica de Philip Gosset de 1984, se ha optado por ejecutar los dos finales, uno tras otro: primero el trágico y luego, con la resurrección inmediata en escena de Tancredi, el trágico. El director de escena Andrea Bernard intenta lo imposible con este material, es decir, dar sentido a este recurso, y lo hace con resultados dispares, ambientando todo en un campo de juegos devastado por la guerra en el cual un niño, aunque involucrado en la sangrienta historia, mantiene su ingenuidad infantil con un cartel que dice Los sueños nunca mueren y se niega a aceptar que su héroe, como el muñeco de Superman con el que juega, pueda morir; por lo tanto, levanta a Tancredi del suelo y lo lleva hacia el final feliz. El juego, de este modo, sigue siendo tal y la trama, que gira en torno a una carta entregada a la persona equivocada, sigue siendo lo que es.
Todo fue mejor en la la parte musical, aunque empañada por el hecho de que al final definitivo, es decir, el trágico de Ferrara, extraordinariamente innovador para la época, con la genial invención musical cincelada en un aria puntuada por sencillos acordes de cuerdas, con dos clarinetes, mientras que el canto se superpone con pocas notas para que la música se una con el silencio, evocación sublime del desvanecimiento de todo lo terrenal, siga el final feliz: prácticamente un vodevil análogo al que concluye El barbero de Sevilla. Es una lástima, porque la dirección de Sesto Quatrini pareció muy inspirada precisamente en la página anterior, después de haber sostenido idealmente el sentido del canto, apoyando con cuidado las voces y empujándolas a dar lo mejor de su expresividad sin renunciar a una lectura personal y refinada de la partitura. La Orquesta de la Academia de La Scala demostró su flexibilidad al pasar de Britten a Rossini en pocas horas, y suficiente el coro masculino L.A. Chorus, Lucania & Apulia Chorus, dirigido por Luigi Leo.
El reparto fue adecuado. En sustitución de la anunciada Anna Goryachova, en el papel protagonista fue muy aplaudida la mezzosoprano rusa de coloratura Yulia Vakula, de 26 años, una voz sin excesiva expansión pero bien emitida, calibrada tanto en los agudos como naturalmente densa y con cuerpo en los graves. Hace honor al título la agilidad que despliega con gran facilidad, apreciable en la acentuación y el fraseo, penalizada por la dirección de escena que la transforma en una especie de Rambo y la reduce a fotoperiodista por el uso insistente de una cámara que también utiliza para hacerse selfies con el niño mencionado anteriormente, al que canta la cabaletta más famosa de la ópera, «Mi rivedrai, ti rivedrò» en la pantalla del móvil… Magnífica la Amenaide de Francesca Pia Vitale, de voz brillante en los agudos, fácil y nítida en las puntature y en los sobreagudos, emitida con un uso exquisito de medias voces, agilidad manejada con gran precisión; intérprete sensible y partícipe en una regia que a menudo la trata con violencia. Gran entusiasmo por el excelente tenor de Brescia Dave Monaco, que se confirma de naturaleza vocal refinada pero de elegancia impetuosa, un Argirio sobresaliente y seguro en los agudos extremos, sobre todo excelente fraseador y perfecto en la escansión de la palabra cantada.
De Adolfo Corrado, bajo romano de 31 años, solo puede lamentarse que el papel del pérfido Orbazzano sea relativamente breve y que acabe asesinado por Tancredi: atractivo color, riqueza de armónicos, emisión y línea de canto notables, como también muy convincente desde el punto de vista escénico. Completaban el reparto en los dos papeles secundarios la Isaura de la contralto japonesa Hinano Yorimitsu y el Ruggero de la soprano Giulia Alletto, ambas gratificadas por sus respectivas arias interpretadas con loable maestría. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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