CRÍTICAS
INTERNACIONAL
El NNTT recupera el mágico universo de 'L’elisir d’amore'
Tokio
New National Theatre de Tokio
Donizetti: L'ELISIR D'AMORE
Francesca Pia Vitale, Matteo Desole, Simone Alberghini, Marco Filippo Romano, Sachie Konno. Dirección musical: Marco Guidarini. Dirección de escena: Cesare Lievi. 16 de mayo 2026.
El New National Theatre de Tokio (NNTT) recuperó L’elisir d’amore en la producción firmada por Cesare Lievi, que regresaba a escena por quinta vez desde su estreno en 2010. Inspirándose en la historia de Tristán e Isolda que Adina lee a los habitantes del pueblo, la propuesta se caracteriza por una concepción escénica abstracta centrada en el universo de los libros y las cartas, acompañada por un vestuario de vivos colores. El tono ligeramente fantástico dota al conjunto de un encanto particular, plenamente acorde con la dimensión más sentimental de la ópera, y configura una producción coherente y lograda.
El reparto, integrado casi en su totalidad por cantantes italianos especialmente adecuados para el estilo y sus respectivos personajes, dio vida a una función inaugural de gran intensidad emocional. La primera mención corresponde a Francesca Pia Vitale, intérprete de Adina: la joven cantante, formada en la Academia del Teatro alla Scala, continúa ampliando su actividad artística tanto en Italia como en el extranjero. Dueña de una voz luminosa, sostenida por una sólida técnica belcantista, ofreció una interpretación musicalmente muy satisfactoria y también resultó convincente la construcción dramática del personaje: desde el inicio se percibía que su Adina otorgaba ya cierta importancia a la presencia de Nemorino, haciendo así plenamente natural su posterior rendición ante el verdadero amor. Desde el delicado “Prendi, per me sei libero”, iniciado en un refinado pianissimo, hasta la sincera confesión final de “t’amo”, su interpretación resultó emotiva y conmovedora.
Marco Filippo Romano, en el papel de Dulcamara, confirmó una vez más las cualidades que le han llevado a cosechar éxitos en los principales teatros europeos. Especialista en el repertorio bufo, Dulcamara es claramente uno de sus personajes más logrados. En esta producción de Lievi, el charlatán aparece en escena a bordo de un gigantesco avión de hélice y ya desde sus primeras intervenciones Romano iluminó el escenario con un timbre atractivo y una dicción italiana viva y brillantísima. Dominó además con absoluta seguridad los rápidos pasajes silábicos y construyó un personaje de gran autoridad teatral, combinando eficazmente el lado ambiguo del vendedor de falsos remedios con el perfil simpático y festivo de quien lleva diversión al pueblo.
En el rol de Nemorino, Matteo Desole —muy bien recibido hace cuatro años en el NNTT como Alfredo en La traviata— aportó una voz más cercana al tenor lírico que al tenor de gracia; al comienzo el fraseo acentuado transmitía una impresión de impulso apasionado más que de refinamiento técnico y, sin embargo, ese rasgo contribuía a perfilar un Nemorino joven, ardiente y espontáneo, en contraste con la Adina más astuta y madura. También desde el punto de vista escénico resultó plenamente convincente: en “Una furtiva lagrima” ofreció un canto estable, impregnado de dulzura y melancolía, que le valió largos aplausos y peticiones de bis por parte del público.
El Belcore de Simone Alberghini parecía presentar, en relación con el personaje, un color vocal quizá demasiado oscuro y cierta aura de veterano; no obstante, su presencia escénica y su habilidad actoral jugaron claramente a su favor. Adecuada la Giannetta de Sachie Konno y los entusiastas miembros del coro del NNTT cantaron y actuaron con gran vivacidad, insuflando vida a esta escena abstracta y llena de color; encomiable resultó el trabajo actoral del conjunto: al inicio del segundo acto, las dos asistentes de Dulcamara que descendían al patio de butacas para vender el elixir provocaban carcajadas entre el público, al igual que los soldados, con una marcha deliberadamente descompuesta y profundamente humana, destacaban tanto por el cuidado de su caracterización como por su interpretación.
La Tokyo Philharmonic Orchestra, dirigida por Marco Guidarini, ofreció una lectura enérgica, con tempi bien calibrados y fluidos. En algunos momentos, sin embargo, el sonido resultó excesivamente potente y orientado hacia una dimensión casi sinfónica, llegando a cubrir parcialmente las voces.
Al término de la representación —e incluso ya durante algunos momentos del espectáculo— el teatro se vio envuelto en largos y calurosos aplausos, así como en entusiastas ovaciones que acompañaron con gran fervor los saludos finales del reparto. * Mika INOUCHI, corresponsal en Tokio de ÓPERA ACTUAL
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