Triunfo apoteósico de 'El barberillo' en el debut suizo de Los Paladines

Basilea

29 / 09 / 2025 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

basilea barbieri La nueva producción de Christof Loy de 'El barberillo de Lavapiés' © Theater Basel / Cingo HOEHN

Theater Basel

Barbieri: EL BARBERILLO DE LAVAPIÉS

Nueva producción

David Oller, Carmen Artaza, Cristina Toledo, Santiago Sánchez, Alejandro Baliñas, Joselu López. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Christof Loy. 27 de septiembre de 2025.

La noche del 27 de septiembre quedará como un hito para la lírica hispana: por primera vez una zarzuela subía a escena en la Suiza de habla alemana. El Theater Basel presentaba El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri en coproducción con el Teatro de La Zarzuela, el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo y Los Paladines, compañía que recientemente ha creado el regista alemán Christof Loy contando con la dirección musical del madrileño José Miguel Pérez-Sierra y consiguiendo con ello un éxito histórico. La sala, llena de público local y de una nutrida representación española, respondió con más de diez minutos de aplausos y una ovación en pie, confirmando la conquista de un territorio hasta ahora virgen para el género. Suiza ya conocía la zarzuela gracias a la programación realizada en Lausana por Éric Vigié, pero la llegada a Basilea supone un salto de otra dimensión.

La música de El barberillo de Lavapiés (Madrid, 1874), ambientada en pleno motín de Esquilache, convierte los aires populares en auténtico teatro musical: seguidillas y tiranas de raíz madrileña conviven con jotas y fandangos de tradición más amplia. Barbieri los integra en una partitura de sorprendente modernidad, donde lo castizo se ennoblece gracias a una orquestación refinada y a una dramaturgia de gran eficacia. Bajo la batuta de un seguro y experimentado José Miguel Pérez-Sierra, recibido con ovaciones desde el inicio y de nuevo con vítores al comenzar el segundo acto, la obra sonó con tempi ágiles y acentos incisivos, desplegando tanto fuerza popular como una claridad sonora elegante. Las danzas tuvieron brío contagioso y los pasajes íntimos respiraron naturalidad; incluso el interludio entre segundo y tercer acto —un añadido para el cambio escénico—, con un brillante solo de trompeta sobre la seguidilla de Lamparilla, fue ovacionado. El maestro Pérez-Sierra dirigió con energía y estilo, atento al color orquestal y a la arquitectura dramática, modelando a la Sinfónica de Basilea con fraseo flexible y dinámica controlada.

"David Oller ofreció un Lamparilla delicado y elegante, de picardía natural, vibrante y de timbre cálido"

Si la batuta encendió la chispa musical, la mirada escénica de Christof Loy, con la fantástica coreografía del español Javier Pérez, aportó una lectura de gran inteligencia; su propuesta, clara y elegante, dibujó un Madrid atemporal en el cual referencias históricas y guiños actuales —ya sugeridos en el texto de Larra— se entrelazaron. La escenografía de líneas limpias, los cambios de espacio sugeridos por la luz y un vestuario que combinaba evocaciones dieciochescas con detalles contemporáneos subrayaron la vigencia política del motín. Loy cuidó el contraste entre intriga cortesana y vitalidad popular, de modo que la sátira social de Barbieri emergió con nitidez. Los guiños al Il Barbieri di Siviglia —del “laralarera” a un fugaz eco del aria de La Calumnia o incluso de Almaviva— aparecieron con humor fino y sin quebrar el discurso dramático.

El reparto destacó por excelencia vocal e implicación teatral. David Oller ofreció un Lamparilla delicado y elegante, de picardía natural, vibrante y de timbre cálido, mientras Carmen Artaza encarnaba a Paloma con un acento castizo de oscuros reflejos y gran presencia, jugando también, en ocasiones, con su dominio del alemán. Cristina Toledo (Marquesita) y Santiago Sánchez (Don Luis) derrocharon elegancia belcantista: el público obligó a bisar los dúos del cuarteto protagonista del segundo acto, “Una casa solariega” y “Una mujer que quiere”. Entre las cuerdas graves, Alejandro Baliñas ofreció un Don Juan de Peralta de nobleza imponente y Joselu López dio vida a un Don Pedro de Montforte rotundo y autoritario.

Un toque añadido llegó con la guitarra de Marcelino Echeverría, que punteó algunos diálogos hablados con fragmentos de música española —como un evocador Asturias de Albéniz—, tendiendo un puente entre tradición popular y refinamiento sinfónico.

La velada fue una celebración de la zarzuela como arte universal. El barberillo de Lavapiés, con su mezcla de ironía política, ritmos populares y sofisticación teatral, encontró en Basilea un escaparate perfecto. El debut de Los Paladines en tierras suizo-germánicas demuestra que la zarzuela tiene voz propia en el panorama internacional: un triunfo rotundo que, por la calidad artística y el fervor del público, confirma la plena vigencia del género más allá de las fronteras hispanas.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Basilea de ÓPERA ACTUAL

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