Tézier, entre Wagner y la música francesa

Madrid

04 / 10 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

baritono madrid Ludovic Tézier en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
baritono madrid Ludovic Tézier en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
baritono madrid Ludovic Tézier en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Concierto de LUDOVIC TÉZIER

Obras de Félicien David, Jacques Offenbach, Gioachino Rossini, Camille Saint-Saëns, Jules Massenet, Richard Wagner. Orquesta Titular del Tetro Real. Dirección: Marcus Merkel. 3 de octubre de 2024.

En su primer concierto en el Teatro Real (no así su primera aparición, ¡ni mucho menos!), Ludovic Tézier escogió un programa en dos partes bien contrastadas. La primera, dedicada al repertorio francés, en el que se mueve como pez en el agua. La segunda, en cambio, estaba dedicada a Wagner, en el que el gran barítono francés ha de transitar todavía con cierta prudencia. Curiosamente, las piezas francesas escogidas eran de una extrema concentración dramática y de una gran exigencia expresiva.

Con su legato de una flexibilidad extraordinaria, una extraordinaria capacidad de concentración, el riquísimo color del instrumento y una proyección fabulosa, que le permite cantar con la misma claridad en piano como a plena voz, Tézier ofreció una brillantísima versión de “Scintille, diamant”, llena de sutilezas expresivas y fabulosamente teatral. Vino luego la soberbia “Sois immobile”, de Guillaume Tell, cantada como una plegaria, sin la menor concesión a lo melodramático, de una seriedad que a Rossini quizás le habría convencido para seguir escribiendo ópera. En “Qui donc commande quand il aime?”, del Henry VIII de Saint-Saëns dibujó un retrato humano y un poco oscuro, casi verdiano, del rey enamorado, y acabó la con el célebre “Voici donc la terrible cité”, de la Thaïs de Massenet, que dejó ver toda la doblez y la frustración de Athanaël, el monje obsesionado con la lujuria. Son muy pocos los barítonos que hoy pueden desplegar tamaño control, tanta sutileza, tal variedad de colores en este repertorio, por desgracia no demasiado frecuentado en el Real.

"Son muy pocos los barítonos que hoy pueden desplegar tamaño control, tanta sutileza, tal variedad de colores en este repertorio, por desgracia no demasiado frecuentado en el Real"

Desde estos presupuestos, el paso a Wagner no es tan difícil como parece, aunque la transición se complica si viene de la mano de la aparatosa obertura de Los maestros cantores. Quizás por eso “O du mein holder Abendstern” (Tannhäuser), que tan bien le viene a la voz de Tézier (superados ya los obstáculos de la vocalidad germana), sonó un poco distante por mucho que la voz brillara, literalmente, en más de un momento. Tézier recuperó el aplomo y la autoridad para dos de los monólogos más famosos de Wotan en el Anillo: el muy épico y no muy creíble —pero ahí está el arte del intérprete— canto al Valhalla y la despedida a Brunnhilde, cantada, como en la primera parte, con una intensidad concentrada y unos muy hermosos cambios de color.

Bien la Orquesta Titular (y los solistas correspondientes, en particular el violín en la “Méditation”), que obsequió al público con una antología de páginas sumamente populares, y muy correcta y matizada la dirección de Marcus Merkel. De propina, un Verdi cantado con la potencia teatral y la sutileza con la que Tézier lo ha cantado siempre, y una versión difícil de olvidar de El hombre de La Mancha, en la que el barítono dio vida al mismo tiempo al héroe cervantino y a Jacques Brel.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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