Una piscina de «likes» abre la temporada de Les Arts

Valencia

18 / 09 / 2026 - Jerahy GARCÍA - Tiempo de lectura: 4 min

Carlos Varela y Maria Patak en 'Estètica i massacre' de Carles Prat © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
Carlos Varela y Maria Patak en 'Estètica i massacre' de Carles Prat © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
Carlos Varela y Maria Patak en 'Estètica i massacre' de Carles Prat © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO

Palau de Les Arts

Prat: ESTÉTICA Y MASSACRE

Festival Ensems

Maria Patak, Carlos Varela. Pablo Meléndez, piano; Álvaro Rodríguez, clarinete; Clàudia López, violín; Jorge Bosch, percusión. Dirección musical: Carles Prat. Dirección de escena: Oriol Pla. Teatre Martín i Soler, 17 de septiembre de 2026.

Cada «me gusta» (un «like» de red social) cae sobre la escena en forma de un corazón rojo, y en Estètica i massacre la suma de tanta aprobación digital desemboca en una piscina de plástico en la cual la vanidad termina por ahogarse. Con esa imagen —entre parque de corazones y fosa común— arrancó el prólogo de la temporada del Palau de Les Arts con esta ópera contemporánea dentro de la 48ª edición del Festival Ensems, el decano de la música actual en España, que organiza el Institut Valencià de Cultura (ver previa en este enlace). Les Arts, que la temporada pasada firmó su primer estreno absoluto con Enemigo del pueblo, de Francisco Coll, reunió en el Teatre Martín i Soler una entrada nutrida para una nueva propuesta de este perfil.

El título del compositor Carles Prat con libreto de Carlota Gurt nació como microópera de media hora en el proyecto Òh!pera del Liceu y creció hasta la hora justa de una ópera de cámara. Tras su paso por diversos escenarios, ya ha quedado inscrita en una tradición lírica en lenguas propias de largo aliento: la trilogía Els Pirineus de Felip Pedrell —estrenada completa en el Liceu en 1902, paradójicamente en italiano—, el Picarol de Enric Granados, las alegorías de Enric Morera (Empòrium) y Jaume Pahissa (Gala Placídia), El giravolt de maig de Eduard Toldrà, precedente ilustre de ópera de cámara, o La filla del rei Barbut y Vinatea de la castellonense Matilde Salvador, sin olvidar el Mendi mendiyan de Usandizaga en euskera o la ópera de cámara O arame de Juan Durán en gallego.

Al frente de un cuarteto de piano, clarinete, violín y percusión, el propio Prat dirigió su partitura de cámara en sentido estricto, que coquetea con lo tonal y hace migrar breves motivos de un instrumento a otro, voz incluida. La percusión cose el discurso, y la frontera entre música diegética y extradiegética —el zumbido de un móvil, el rascar de unas uñas— se difumina con ingenio. Pesan también los grandes silencios, administrados con olfato teatral. El grupo instrumental cumplió con corrección.

El título de la obra ya lo dice todo: estética deseada y masacre del cuerpo. El libreto de Gurt, asequible y sarcástico, enfrenta a una pareja en direcciones opuestas; él persigue el canon y la uniforme cara de Instagram; ella abraza como contrapartida el orgullo de lo feo, también a la caza de seguidores. A fuerza de alejarse, terminan por tocarse, y el juego se les va de las manos. Resuenan ecos de La sustancia, de Coralie Fargeat, o de aquel episodio de Black Mirror en que una puntuación social decide la suerte de su protagonista. La risa se agria a medida que avanza la función y deja la sospecha de que algo no funciona en la sociedad retratada.

"Carlos Varela y Maria Patak sostuvieron el peso escénico con voces expresivas y complementarias"

El actor y director teatral Oriol Pla, en su primera incursión operística, trasladó a escena su escuela de gesto —el clown, el mimo, la herencia de Lecoq— y dirigió a los cantantes como actores de cuerpo entero. Con la escenografía de Josep Iglesias, el vestuario de Alba Semper y la luz de Mariona Ubia, los elementos audiovisuales multiplicaron las pantallas del relato, y el público llegó a intervenir en algunas escenas, cómplice del mismo aplauso que la obra denuncia. Carlos Varela (becado por la Fundación ÓPERA ACTUAL en 2025) y Maria Patak sostuvieron el peso escénico con voces expresivas y complementarias. Faltan números de bravura aislados, sí; manda un diálogo constante, que ambos defendieron con una capacidad teatral muy lograda.

Entre las réplicas asoma un guiño que en Valencia cobra sentido pleno: «Les nostres contradiccions són les nostres esperances», adaptación al plural del célebre aforismo de Joan Fuster en Consells, proverbis i insolències (1968). Si el de Sueca reivindicaba la contradicción como motor del pensamiento, la ópera la convierte en salida colectiva frente a un canon que exige coherencia de escaparate.

Los comentarios a la salida hablaban de una ópera rompedora y de su tiempo, justo la que conviene hacer, y el Festival Ensems confirmó su apuesta por la creación como patrimonio musical del futuro. Entre tanto like, la función se ganó el único «me gusta» que no se evapora con el siguiente deslizamiento de pantalla.  * Jerahy GARCÍA, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Valencia

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