‘Salome’, un impactante e incómodo espejo de la decadencia moderna

Ginebra

29 / 01 / 2025 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

strauss ginebra La producción de Kornél Mundruczó de 'Salome' © GTG / Magali DOUGADOS
strauss ginebra La producción de Kornél Mundruczó de 'Salome' © GTG / Magali DOUGADOS
strauss ginebra La producción de Kornél Mundruczó de 'Salome' © GTG / Magali DOUGADOS

Grand Théâtre de Genève

Strauss: SALOME

Nueva producción

Olesya Golovneva, Gábor Bretz, John Daszak, Tanja Ariane Baumgartner, Matthew Newlin, Ena Pongrac, Mark Kurmanbayev, Nicolai Elsberg, Michael J. Scott, Alexander Kravets, Vincent Ordonneau, Emanuel Tomljenovic, Mark Kurmanbayev, Nicolai Elsberg, Rémi Garin, Peter Baekeun Cho. Dirección musical: Jukka-Pekka Saraste. Dirección de escena: Kornél Mundruczó. 25 de enero de 2025.

El Grand Théâtre de Genève vuelve a desafiar los límites de lo convencional con esta nueva producción de Salome que no dejó indiferente. En manos del cineasta húngaro Kornél Mundruczó, conocido por sus anteriores trabajos en ópera (Feuernacht de Eötvös y The Makropulos Affair), su reinterpretación moderna de la obra de Richard Strauss es un golpe directo a la conciencia, trasladando la acción a un mundo actual de excesos y degradación moral. Mundruczó sitúa la acción en un ático de lujo en Nueva York, inspirado en su experiencia personal en el emblemático Boom Boom Room del Hotel Standard: en ese entorno domina una atmósfera de opulencia y corrupción, con referencias explícitas al universo Trump y a la cultura de poder y abuso. Herodes, encarnado de manera magistral por John Daszak, no necesita una caracterización burda para evocar al expresidente estadounidense y sus secuaces, con gorras de Make America Great Again (MAGA), refuerzan una narrativa que critica tanto el abuso de poder como el hedonismo sin control.

El momento más perturbador de la producción llega durante la Danza de los Siete Velos, cuando Herodes somete a Salome a una violación brutal en el interior de un ascensor, un acto que Mundruczó presenta con crudeza para subrayar el impacto de la violencia y el poder. La escena final, donde emerge una gigantesca cabeza de Jochanaan (fantástica escenografía y vestuario de Monika Korpa) con varias Doppelgängers de Salome que reptan desde los orificios de la cabeza, es un espectáculo visual que combina surrealismo y terror, marcando un clímax inolvidable.

"La soprano Olesya Golovneva debutó como Salome en una de las producciones más exigentes y comprometidas que se puedan imaginar. Vocalmente, su registro central fue sólido y expresivo, con graves resonantes que añadieron profundidad a su interpretación"

La dirección musical de Jukka-Pekka Saraste, de amplia trayectoria sinfónica, fue una de las grandes virtudes de la noche; con un ritmo implacable exploró las texturas sonoras de Strauss, desde las sinuosas escalas de clarinete que introducen el drama hasta la explosión orquestal que cierra la ópera. La Orchestre de la Suisse Romande respondió con una entrega absoluta, especialmente en los metales y cuerdas, creando una atmósfera cargada de tensión y visceralidad.

La soprano Olesya Golovneva debutó como Salome en una de las producciones más exigentes y comprometidas que se puedan imaginar mostrando una capacidad actoral notable, encarnando a una joven atrapada en un mundo de opresión y abuso. Vocalmente, su registro central fue sólido y expresivo, con graves resonantes que añadieron profundidad a su interpretación, aunque, sin embargo, los agudos presentaron ciertas limitaciones, mostrando tirantez en los pasajes más demandantes. Su entrega durante la escena de la Danza de los Siete Velos fue impactante, aunque en el monólogo final se percibió más preocupada por superar las dificultades técnicas que por profundizar en la psicología del personaje.

Por su parte, Gábor Bretz encarnó a un Jochanaan imponente, con un registro de bajo-barítono oscuro y potente; sus maldiciones hacia Salome fueron lanzadas con una intensidad que estremeció al público y el dúo entre ambos fue uno de los momentos más destacados de la velada, cargado de tensión dramática y musical. John Daszak brilló como Herodes, aportando una mezcla de cinismo, poder y vulnerabilidad que lo convirtió en el centro de atención en cada escena: su timbre de tenor, potente y expresivo, destacó por su capacidad para moldear el texto y subrayar los matices de su personaje. Tanja Ariane Baumgartner ofreció una versión de Herodías que desbordó sensualidad y astucia, rivalizando con Salome en intensidad escénica. El Narraboth de Matthew Newlin fue otro punto alto, con un timbre elegante y una interpretación vocal refinada, mientras que la paje de Ena Pongrac completó el elenco con una actuación destacable.

La visión de Mundruczó para Salome no es fácil de digerir, pero eso es precisamente lo que la hace tan efectiva; al trasladar la obra de Strauss a un contexto contemporáneo, el director invita al público a reflexionar sobre los paralelismos entre el mundo de Herodes y la realidad actual. La brutalidad, la decadencia y el abuso de poder están presentes de manera inquietante, dejando claro que el mensaje de la ópera sigue siendo tan relevante como lo fue en su estreno en 1905.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Ginebra de ÓPERA ACTUAL

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