El director de cine Mundruczó pone en escena una 'Rusalka' donde la fealdad resulta bella

Berlín

08 / 02 / 2024 - Cocó RODEMANN - Tiempo de lectura: 4 min

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rusalka berlin La nueva producción de 'Rusalka' de Kornél Mundruczó © Staatsoper Unter den Linden / Gianmarco BRESADOLA
rusalka berlin Christiane Karg, protagonsita de 'Rusalka' en Berlín © Staatsoper Unter den Linden / Gianmarco BRESADOLA
rusalka berlin La nueva producción de 'Rusalka' de Kornél Mundruczó © Staatsoper Unter den Linden / Gianmarco BRESADOLA

Staatsoper Unter den Linden

Dvorák: RUSALKA

Christiane Karg, Pavel Černoch, Anna Samuil, Mika Kares, Anna Kissjudit. Dirección musical: Robin Ticciati. Dirección de escena: Kornél Mundruczó. 4 de febrero de 2024.

Luchino Visconti, Lars von Trier, Andrei Konchlovski, Wim Wenders o Kornél Mundruczó. Cada vez son más los directores de cine asumen producciones operísticas atraídos por el desafío que supone transitar por un arte con códigos, lenguaje y tiempos distintos a la sala de montaje de una película. Los resultados de esas incursiones están llenos de luces y sombras, pero siempre aportaron una visión fresca, sin arrogancia. Eso es lo que ha hecho con Rusalka el húngaro Mundruczó, director de Fragmentos de una mujer, película que fue nominada al Oscar en 2021. La producción, estrenada ahora en la Staatsoper unter den Linden, no es un cuento de hadas: las sirenas, los espíritus del agua y los tritones se mueven en un piso bajo destartalado y mugriento, en el que la única referencia al mar es una bañera. En el otro extremo de la escala social, en la humana, se encuentran el príncipe y su séquito. Viven en el ático del edificio, con vistas a la torre de telecomunicaciones de Berlín y a la luna. El tercer acto transcurre en el sótano, en la oscura profundidad de agua, donde la metamorfosis a humana que Rusalka rogó a la bruja Ježibaba por amor al príncipe termina con su propia identidad.

Nada es o quiere ser agradable a la vista en esta producción, al menos no en el sentido convencional. Pero hasta en la fealdad hay belleza y la evolución casi kafkiana de la bella ninfa Rusalka hasta convertirse en una criatura rechazada por los suyos y decepcionada por los humanos, en un ser mitad humano mitad anguila que se arrastra con la ayuda de sus brazos, es rabiosamente estética. Rusalka paga el precio de la transgresión con su belleza y su esencia, en una cloaca bañada por una pálida luz amarillenta.

"Christiane Karg tiene una excelente riqueza de color y la constitución vocal para sostener con autenticidad un papel tan principal durante toda la representación"

La actuación escénica y vocal de Christiane Karg como Rusalka fue excepcional: la soprano alemana, que también celebró su debut en la Staatsoper y en ese papel, triunfó. Tiene una excelente riqueza de color y la constitución vocal para sostener con autenticidad un papel tan principal durante toda la representación armonizando una partitura llena de intimidad, magia y dulzura con las imposiciones de la dirección. Su interpretación de la «Canción a la luna», el aria más famosa de esta ópera, nada tuvo que envidiar a las de Netrebko o a Opolais. Vocalmente, sin embargo, fue Mika Kares como jefe del acuario quien despuntó; su zona grave es abismalmente oscura, polifacética y flexible, lo que unido a una acentuación cristalina de las palabras le convirtió en solista perfecto para este papel.

Anna Kissjudit interpretó a la bruja Ježibaba de forma impresionante, aunque algo monótona. Clara Nadeshdin fue la scullion femenina de voz clara, mientras que las elfas Regina Koncz, Rebecka Wallroth y Ekaterina Chayka-Rubinstein, del estudio de ópera, tenían voces jóvenes y sanas. El tenor Pavel Černoch, que dio un Príncipe visualmente atractivo con su voz de un tenor típicamente eslavo y un registro medio robusto, probablemente ya ha superado el repertorio puramente lírico.

El espectador ofendido por la fealdad en escena pudo consolarse con la orquesta y dirección de Robin Ticciati, director titular de la Deutsches Symphonie-Orchester de Berlín. El maestro conjuró con cuidado y sensibilidad el mágico mundo del cuento de hadas. Saboreó el colorido de la partitura y mostró gran consideración por los cantantes. Entre el público, siguió muy atento a su batuta Simon Rattle, a quien Ticciati ha asistido en numerosas ocasiones.  * Cocó RODEMANN, corresponsal en Berlín de ÓPERA ACTUAL