CRÍTICAS
NACIONAL
Saioa Hernández, una gran Gioconda en el Liceu
Barcelona
Gran Teatre del Liceu
Ponchielli: LA GIOCONDA
Saioa Hernández, Michael Fabiano, Ksenia Dudnikova, Gabriele Viviani, John Relyea, Violeta Urmana, Roberto Covatta, Guillem Batllori, Dimitar Darlev, Maxime Nourissat (Mimo). Orquestra Simfònica y Coro del Gran Teatre del Liceu. Coro Infantil del Orfeó Català (Dir.: Glòria Coma i Pedrals). Dirección musical: Daniel Oren. Dirección de escena: Romain Gilbert. 17 de febrero de 2026.
A pesar de que La Gioconda de Ponchielli se ha representado en más de 150 funciones en el Gran Teatre del Liceu, incluso en varias ocasiones inaugurando la temporada, no es una ópera muy conocida por el público barcelonés. Muchos aficionados todavía recuerdan con interés la última producción con una muy plástica propuesta con dirección de escena de Pier Luigi Pizzi en 2019, en la que la danza de las horas entusiasmó al público con una gran pareja de solistas como Ángel Corella y Letizia Giuliani. Esta coproducción del Liceu con el Teatro de San Carlo de Nápoles con dirección de escena de Romain Gilbert funciona muy adecuadamente aprovechando un único espacio arquitectónico, escenografía de Etienne Pluss, que consigue transformarse con gran eficacia en las diferentes espacios venecianos, desde el patio del Palacio Ducal, al palacio de Alvise o el incendio del barco de Enzo con fuego real, contando con un vestuario muy acertado de Christian Lacroix y una meritoria iluminación de Valerio Tiberi. Una extensa ópera, obra maestra de Amilcare Ponchielli, precursor de la giovane scuola y el verismo, que posee numerosas arias y dúos de interés, pero suele ser muy difícil encontrar a los seis solistas adecuados para unos roles especialmente difíciles a nivel vocal.
En este caso la versión estuvo muy bien sustentada desde el foso por el experimentado director musical israelí Daniel Oren (ver entrevista en este enlace), quien mantuvo un perfecto equilibrio entre orquesta y solistas, con un sonido bien conjuntado y con momentos de gran lucimiento orquestal, especialmente en el concertante final del tercer acto o en la famosa danza de las horas, ballet de gran belleza que no se vio correspondido por una coreografía adecuada, ya que el coreógrafo Vincent Chaillet apostó por una pantomima de pequeño formato inspirada en la commedia dell’arte, sutil e interesante, aunque de relativa vistosidad y virtuosismo para los bailarines.
En el apartado vocal, cabe sin duda destacar la gran actuación de una Saioa Hernández que fue a más durante la representación, ofreciendo una voz amplia, bien proyectada, con una exquisita dicción capaz de mantener agudos en forte de gran calado y con un interesante registro grave, al que le faltó algo más de peso y amplitud. Su aria del “Sucidio” fue el momento culminante de la velada, recibida con numerosos aplausos en una de sus interpretaciones más maduras y exitosas que se le recuerdan. A su lado destacó la mezzosoprano Ksenia Dudnikova como una Laura Adorno de bello color, excelente y amplio timbre e importante presencia escénica, causando una notable impresión en sus intervenciones solistas y en sus bellos dúos con Enzo y Gioconda. El tenor estadounidense Michael Fabiano, que debutaba el tremendo papel de Enzo Grimaldo, hizo un gran esfuerzo por presentar una voz amplia, timbrada y con gran empaque sonoro; ello le llevó a ofrecer, en ocasiones, algunos ascensos al agudo algo tirantes, pero en general obtuvo una meritoria actuación. Lástima que en su aria, “Cielo e mar”, una inoportuna flema le impidió terminarla de forma homogénea, imprevisto rápidamente superado y que no empañó el resto de su meritoria actuación.
El Alvise de John Relyea dio el empaque y la credibilidad requerida al personaje con una voz algo engolada pero de notable factura. El malvado y omnipresente Barnaba estuvo bien defendido por el barítono Gabriele Viviani con un instrumento adecuado, un punto estentóreo y algo falto de matizaciones. La legendaria mezzosoprano Violeta Urmana fue una Cieca de gran presencia escénica y vocal, demostrando su madurez interpretativa y un timbre amplio y grave, especialmente en su aria, “Voce di dona”.
Correcto el resto del amplio reparto, así como los tres acróbatas, y meritorio el elegante Mimo de Maxime Nourissat. Buen trabajo del Coro del Liceu en una ópera que lo demanda en numerosas escenas, al igual que el Coro Infantil del Orfeó Català. Una producción vistosa y eficaz, muy aplaudida, especialmente la española Saioa Hernández, pero que no obtuvo un éxito unánime entre el público del estreno. * Fernando SANS RIVIÈRE, director de ÓPERA ACTUAL
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