CRÍTICAS
NACIONAL
Pasión con 'Carmen' en el cierre de la temporada asturiana
Oviedo
Ópera de Oviedo
Bizet: CARMEN
Marcela Rahal, Leonardo Capalbo, Francesca Sassu, Damián del Castillo, Jeroboám Tejera, Emmanuel Franco, Javier Povedano, Josep Fadó, Inés Ballesteros, Anna Gomà. Oviedo Filarmonía. Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo). Coro Infantil Escuela de Música Divertimento. Dirección musical: Rubén Díez. Dirección de escena: Emilio Sagi. Teatro Campoamor, 30 de enero de 2026.
La clausura de la septuagésimo octava temporada de la Ópera de Oviedo se verificó el pasado viernes mediante la ópera Carmen, la célebre opéra-comique de Bizet, con libreto de Meilhac y Halévy —basado en la novela de Mérimée— que se ha convertido, por derecho propio, en uno de los títulos más emblemáticos y frecuentados del repertorio lírico universal. La producción presentada (ver previa en este enlace), procedente de la Fundación ADDA de Alicante —con leves ajustes tras su paso por el Teatro de La Maestranza de Sevilla—, lleva la firma del asturiano Emilio Sagi, quien edifica su propuesta escénica sobre una concepción de notable austeridad formal, apoyada en la economía de recursos y en un simbolismo visual muy definido. La escenografía de Daniel Bianco articula el espacio mediante un rectángulo de un material que parece albero ocre, propio de las plazas de toros, que domina el escenario y que actúa como eje expresivo de la acción, evocando tanto el paisaje andaluz como la violencia pasional y el fatalismo que atraviesan la obra desde sus primeros compases.
Este espacio único, transformable mediante el uso funcional de sillas sevillanas, permite sugerir con eficacia los distintos ambientes —plaza, taberna, paraje montañoso o coso taurino— y elimina cualquier tentación de caer en el barroquismo habitual de las puestas en escena de este título que, la mayoría de las veces, desdibuja la narrativa y sustrae el empaque de la acción. La propuesta se centra así en el conflicto psicológico de los personajes y en la tensión dramática permanente, sin renunciar al dinamismo gracias a la intervención del cuerpo de baile, coreografiado por Nuria Castejón, que introduce elementos de raíz flamenca y exige una notable implicación física a los cantantes. La iluminación de Eduardo Bravo aporta una dimensión plástica especialmente lograda, con momentos de gran impacto visual al inicio de los actos segundo y cuarto, mientras que las videoproyecciones de Pedro Chamizo, discretas y coherentes, refuerzan la atmósfera sin invadir la acción, alcanzando su máxima expresividad en el desenlace final.
El vestuario, diseñado por el propio Sagi, refuerza la lectura simbólica del montaje mediante un uso inteligente del color, subrayando la evolución dramática de Carmen: del blanco del inicio al rojo central, hasta desembocar en los tonos oscuros que anticipan su trágico destino.
Marcela Rahal ofreció una caracterización de Carmen de notable solidez vocal; tras una espléndida Habanera —“L’amour est un oiseau rebelle”—, la mezzosoprano brasileña —galardonada con el primer premio en el concurso Tenor Viñas 2024 y debutante en la Ópera de Oviedo— desplegó una voz amplia, timbrada y homogénea, con un dominio técnico que le permitió equilibrar sensualidad, firmeza y autoridad escénica. Leonardo Capalbo, como Don José, construyó una interpretación de progresiva intensidad, especialmente convincente en los dos últimos actos, mostrando entrega dramática y una emisión franca, aunque más discreto en los pasajes de mayor lirismo.
El Escamillo de Damián del Castillo terminó ofreciendo una prestación vocal sólida y bien fraseada tras ciertas dificultades iniciales para imponerse ante la orquesta; Francesca Sassu compuso una Micaëla de perfil delicado y expresivo, mientras que Jeroboám Tejera aportó presencia y autoridad al rol de Zúñiga. El elenco secundario cumplió con solvencia, destacando el quinteto del segundo acto y el dúo de la Frasquita de Inés Ballesteros y la Mercédès de Anna Gomà, dos voces muy equilibradas y bien empastadas.
Rubén Díez, al frente de Oviedo Filarmonía, ofreció una lectura serena de la partitura, cuidando la coordinación entre foso y escena y apoyándose en unas maderas brillantes y una cuerda tersa y homogénea. Sobre el coro también recae buena parte del peso de la obra y, tanto el Coro Intermezzo como el coro infantil de la Escuela Divertimento ofrecieron unas prestaciones sobresalientes, desplegando un sonido cálido y sugerente, un dominio escénico extraordinario y una impecable afinación, rubricando un éxito notable para clausurar la temporada a la espera de la función del ciclo Viernes de Ópera a cargo del reparto alternativo. * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL
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