Michael Volle, de la nada redentora a la felicidad conyugal

Madrid

01 / 04 / 2025 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

madrid wagner El barítono Michael Volle © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Concierto de MICHAEL VOLLE Y GABRIELA SCHERER

Obras de Richard Wagner y Richard Strauss. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección: Gustavo Gimeno. 29 de marzo de 2025.

El barítono alemán Michael Volle sigue siendo uno de los cantantes de referencia en la interpretación de Wagner y de Strauss. Por eso su estreno en el Teatro Real tenía algo de acontecimiento, esperado por un público que conoce sus memorables encarnaciones de Hans Sachs y del pobre holandés condenado a la errancia por los mares del mundo. El programa, justamente, incidía en este aspecto estelar de la carrera de Volle, con escenas de Tannhäuser, El holandés errante y Arabella. Se añadía el interés de escuchar, también por primera vez en el Real, a Gabriela Scherer, que ha destacado en el mismo repertorio —también en Mozart y en Beethoven—, habiendo defendido con valentía un papel intratable como es el de Senta, la novia del holandés.

El programa, bien elegido, cubría desde la desesperación apocalíptica de esta obra hasta la escena final de Arabella, anuncio de largos años de dicha matrimonial, como si Senta y su holandés hubieran decidido sentar la cabeza y pasar el resto de la vida juntos, contentos y comiendo, ya que no perdices, algún otro contundente plato de la gastronomía austroalemana. En su Holandés, Volle sacó a relucir toda la nobleza de una voz fabulosamente aterciopelada, riquísima, perfecta para expresar la angustia del personaje sin caer en exageraciones melodramáticas ni sentimentales. Se nota el paso de los años en algunas dificultades en los graves, aunque el gran artista supo utilizar a favor suyo las episódicas carencias de respiración. Con el Wolfram de Tannhäuser, el barítono pudo, en cambio, aprovechar su experiencia como liederista, ofreciendo una introvertida “O du mein holder Abendstern” (“Querida estrella de la tarde”), con el inconveniente, esta vez, de algunas notas un poco raspadas en los agudos. Para la escena final de Arabella, la famosa del vaso de agua y la que concluye todos los malentendidos entre los dos protagonistas, Volle dio rienda suelta a toda la ternura masculina propia de Mandryka, con una maravillosa naturalidad y un control total del fraseo.

La acompañó Gabriela Scherer, una soprano dramática con agudos firmes y bien resueltos, que pasó sin dificultades de la reticencia primera a la expresividad lírica del dúo amoroso. Antes había cantado una Elisabeth muy humana, un poco distanciada —algo que se agradece—, y había arrancado con una Senta da gran calibre, juvenil y madura a la vez, con una vez luminosa y de gran riqueza tímbrica, contaste perfecto al abismo nihilista de su holandés. Dirigió desde el podio el maestro valenciano Gustavo Gimeno, nuevo director musical del Teatro Real, que demostró una querencia por el gesto y la expresividad teatral de excelente augurio. Magnífica la Orquesta Titular.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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