CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Marina Rebeka devuelve 'Norma' a La Scala tras 50 años de ausencia
Milán
Teatro alla Scala
Bellini: NORMA
Nueva producción
Marina Rebeka, Freddie de Tommaso, Vasilisa Berzhanskaya, Michele Pertusi, Laura Lolita Peresivana, Paolo Antognetti. Dirección musical: Fabio Luisi. Dirección de escena: Olivier Py. 30 de junio de 2025.
Han pasado 53 años desde que Montserrat Caballé, desafiando a los viudos de Callas, repusiera Norma en el mismo Teatro alla Scala que, en 1831, acogió el estreno de la obra maestra de Bellini. Más de 48 años han transcurrido desde esas exitosas funciones de enero de 1977… Demasiados, e injustificados. Sin caer en la nostalgia por la diva catalana, muchas intérpretes dignas de tanta gloria han pasado durante este largo intervalo. Ahora, por fin, el título volvió a reponerse con un éxito rotundo tras un abucheo incontenible y generalizado a la puesta en escena del pasado 27, noche del estreno.
Efectivamente, la producción de Olivier Py (dirección escénica), Pierre-André Weitz (escenografía y vestuario), Bertrand Killy (iluminación) e Ivo Bauchiero (coreografía), ha sido el talón de Aquiles de esta recuperación. En el escenario, el Teatro alla Scala aparece sobre una plataforma giratoria, ruidosa e inoportunamente utilizada. La acción se traslada a la época del resurgimiento nacional italiano: los druidas aparecen convertidos en patriotas milaneses que, por su atuendo, parecían los mineros de La Fanciulla del West, y los romanos, en militares austríacos. Un déjà vu —como el reciente Nabucco de Verona, sin ir más lejos— que ya cansa. En cuanto a los protagonistas, en este montaje Norma es casi Rita Hayworth que aparece acompañada por diez bailarines estilo boy band, y Adalgisa cual Anne Baxter en el filme Eva contra Eva, en un juego metateatral en el que se ensaya Medea. En fin, un refrito indigesto que pretende pasar por Regietheater sin ofrecer las ventajas de una lectura verdaderamente innovadora. ¿Volver a la ambientación original? Hoy casi sería revolucionario.
Musicalmente, tampoco resultó una función memorable, si bien el público que abarrotaba la sala decretó un éxito sin fisuras para toda la compañía. Bien la orquesta —aunque algún metal falló: pecado venial— y correcto el coro, aunque con desequilibrios en algunos sectores, tal vez debido a la disposición escénica. Fabio Luisi es un director fiable, pero su lectura resultó más bien rutinaria, pobre en colores, estruendosa por momentos, con dinámicas excesivas y tempi apresurados, al tiempo que carente de tensión en los abandonos al puro bel canto. A su favor, una lectura prácticamente íntegra de la edición crítica de Roger Parker, lo que exigiría un enfoque más filológico por parte de las voces, que aquí han sido valientes, pero desde una óptica tardo-verista hoy en día anacrónica. Es decir, mirando hacia los años cincuenta del siglo pasado, pero sin disponer de Del Monaco ni de Corelli, ni de Callas o Cerquetti.
El valiente Pollione del tenor Freddie de Tommaso —de voz incuestionable por belleza, amplitud y squillo— evitó prudentemente el do agudo de la cabaletta, ofreciendo un retrato viril del fiero romano en versión Habsburgo, casi en exceso en el primer acto, mejorando notablemente en el final, muy bien cantado. La Adalgisa de la excelente Vasilisa Berzhanskaya cumplió perfectamente un rol que domina sin dificultad, tanto en los agudos bien proyectados como en el canto de agilidad. Michele Pertusi, heredero ideal del bajo Rossi-Lemeni en este tercer milenio por la imperiosidad de su fraseo y su acento tajante, ofreció una lección de alta escuela italiana que compensa el lógico oscurecimiento del timbre con los años: un Oroveso de altísimo nivel interpretativo. Impecables en sus respectivos papeles menores, la Clotilde de la mezzosoprano Laura Lolita Peresivana, de la Accademia de La Scala, y el tenor Paolo Antognetti, muy bien proyectado como Flavio.
La soprano letona Marina Rebeka, sobradamente conocida como Norma —en el Liceu de Barcelona y en múltiples teatros internacionales—, se impuso en el papel protagonista gracias su voz siempre bien proyectada y a un agudo seguro, aunque con alguna estridencia; Rebeka domina la escena, pero no el fraseo que se escuchó algo falto de colores, resolviendo con relativa facilidad las agilidades de su difícil cabaletta que ejecutó con variaciones en el da capo, defendiéndose correctamente en los dúos con Adalgisa en el segundo acto y en el final con Pollione. * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL
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