Lejos de rebajar calidad, el reparto alternativo de Doña Francisquita (ver crítica del primer reparto en este enlace) incluso superó en algunos aspectos al ya de por sí gran nivel general del primero. Para empezar, por la soberbia presencia de Marina Monzó, tan versátil a la hora de seleccionar los papeles como desenfadada cuando le toca encararlos. La soprano valenciana, Premio ÓPERA ACTUAL a la mejor artista joven 2022, se adapta con facilidad a la mezcla de picaresca, inocencia y clase de su personaje, con un carisma no muy habitual y naturalidad en el movimiento escénico. Técnicamente, sigue destacando la facilidad en la emisión, que parece hasta sencilla en momentos tan endiablados como en la Romanza del ruiseñor. Fue, en realidad, lo mejor de todo el montaje. Alejandro del Cerro buscó con inteligencia los matices, las esquinas de un Fernando que no se acaba en «Por el humo se sabe dónde está el fuego»; con todo no obvió la importancia del momento: a nivel escénico, su romanza es el primer subrayado del montaje, y Del Cerro lo encaró con entrega y un sugerente color en la zona media.